'Este libro -escribe el autor en el prólogo- es como una caja de comprimidos de tantos tipos como capítulos. No son calmantes, sino estimulantes, o al menos esto creo yo. Algunos ensayos comentan episodios aleccionadores, otros proponen reflexiones, y los demás pretenden divertir'.
Elogio de la curiosidad recoge la labor de otro Bunge: no el filósofo, ni el físico, cómodo con abstrusas fórmulas matemáticas, sino el Bunge periodista, accesible, humorístico, divertido, interesado por todo y curioso de todo. En ese sentido, podríamos decir que el elogio de la curiosidad es de su propia curiosidad.
El presente texto es el registro de un descubrimiento de María Negroni: el cine de Joseph Cornell, artista del assemblage cercano al surrealismo que también cultivó el film-collage con un estilo lírico-documental, cuya capacidad de catalogar lo insólito fascinó a la poeta. A medio camino entre el poemario caligramático y el libro-arte, esta pequeña joya se lee como el diario íntimo de una observadora tras la estela de una imagen, «la de una nena que pasa desnuda, montada sobre un corcel blanco, con el pelo que la cubre, como si fuera una versión diminuta―y perturbadora― de Lady Godiva».
La dimensión humorística del arte es un territorio enigmático y sorprendente, repleto de interesantes paradojas: la risa es efímera pero convive con la eternidad de la obra; puede ser un signo de alegría, pero también de sufrimiento; y encuentra su espacio incluso en los museos más solemnes, donde el humor parece estar proscrito. Carlos Reyero rastrea la viva presencia de la risa en el arte occidental -especialmente en la pintura- desde el Renacimiento hasta principios del siglo XX, invitándonos a descubrir un fascinante juego de complicidades que une a artistas y espectadores a través del tiempo.
Alex y Jason, dos adolescentes enfrentados, son arrastrados por un misterioso daemon hasta la Atenas del siglo V a. C. Allí deberán salvar a Sócrates y frenar los planes de Ares, decidido a imponer un régimen autoritario mientras Atenea lucha por mantener viva la democracia. Entre dioses, filósofos y peligros muy reales, descubrirán que proteger la verdad exige una valentía inesperada.
En un viaje trepidante donde cada elección cuenta, no solo pelearán por evitar la muerte injusta del gran maestro, sino por defender un legado esencial: el valor de pensar y de elegir quién queremos ser.
Salvar a Sócrates invita a vivir la filosofía como en sus orígenes: en la calle, entre amigos y rivales, con humor, pasión y el vértigo de quien comprende que pensar nunca fue un juego... sino la aventura más arriesgada de todas.
En los ensayos reunidos en este libro Mauricio Wiesenthal trata de «ajustar cuentas» con su tiempo, pues, como él mismo explica, «ser libre consiste precisamente en saber escapar de la cárcel de nuestra circunstancia para organizar nuestras ideas y nuestra vida desde una perspectiva más distante». Escritas en mil lugares del mundo, estas páginas son una celebración— un auténtico festín—del don de contemplar y evaluar «intempestivamente», es decir, de un modo crítico y poco acomodaticio (insumiso a las conveniencias), el tiempo que nos ha tocado vivir: «Pues la historia—si se rebobina o se mira en cámara lenta—se parece a los partidos de fútbol, cuando se analizan los lances más aplaudidos por los fanáticos de cada equipo; detalles que, no pocas veces, son lo peor y más sucio de cada jugada».
El gran problema del ser humano moderno, afirma Silvia Bardelás, no es la infelicidad, sino la desafección a la que, debido a un exceso de abstracción, nos ha llevado la sociedad profundamente tecnológica e individualista del siglo xxi. En este magnífico ensayo, surgido de la intimidad y la experiencia, Bardelás adopta una nueva perspectiva filosófica en pos de un conocimiento no puramente metafísico o ético, sino también político que nos permita romper con la dicotomía entre individuo y sociedad. Esta conciencia nueva implica una transformación de la concepción de la identidad, un modo de percibirnos a nosotros mismos y el mundo que, gracias al arte y la literatura, nos permita trascender esa individualidad aislada y conectar con la intimidad de los demás.