'Este libro -escribe el autor en el prólogo- es como una caja de comprimidos de tantos tipos como capítulos. No son calmantes, sino estimulantes, o al menos esto creo yo. Algunos ensayos comentan episodios aleccionadores, otros proponen reflexiones, y los demás pretenden divertir'.
Elogio de la curiosidad recoge la labor de otro Bunge: no el filósofo, ni el físico, cómodo con abstrusas fórmulas matemáticas, sino el Bunge periodista, accesible, humorístico, divertido, interesado por todo y curioso de todo. En ese sentido, podríamos decir que el elogio de la curiosidad es de su propia curiosidad.