«El barco en el que viaja Aniceto rumbo a Roma (…) llega por fin a Ostia, puerto de la capital. Desde allí, se dirige apresuradamente a la Ciudad Eterna. El día anterior, una misiva firmada por el emperador le instaba a presentarse lo antes posible en su morada. El tono urgente de la carta dejaba entrever una cierta gravedad que no cesa de inquietarlo. Mientras bordea las márgenes del Tíber, la cima del Palatino emerge poco a poco al sol matutino que corona la capital.»
Estamos en la Roma del año 62 d.C. y, en lo alto del Palatino, se gesta un complot. Nerón, ansioso por unirse a Popea, tiene la intención de divorciarse de la emperatriz Octavia, pero necesita un pretexto y el esclavo liberado Aniceto será el instrumento de esta conspiración. Es a él a quien seguiremos por las calles de la capital, de los templos a los palacios, de los barrios bajos a las arenas del circo, acercándonos a lo que fue vida cotidiana en Roma. ¿Cómo vivía la gente en la época de Nerón? ¿Cuáles eran las creencias, los miedos, el hábitat, los placeres, las libertades y las servidumbres de los romanos?
Un grupo de jóvenes activistas y hackers de diferente procedencia se presenta al concurso a la mejor innovación nórdica con un proyecto para recopilar datos de cualquier sistema y crear conexiones con el big data. No logran resultar premiados, pero al final del evento reciben un misterioso encargo para recabar datos sobre un medicamento y su uso en pacientes de distintos lugares del mundo. El grupo acepta sin saber apenas nada de quién les ha hecho un encargo tan bien retribuido ni para qué servirán sus resultados. Poco a poco se irán desvelando algunos engranajes de la interacción entre el sector farmacéutico y el dinero.
Papas que ya no se mueren como dios manda, reyes que se creían ranas, príncipes de incógnito por Madrid, cocineros desesperados, monjas farsantes, diputados espiritistas… De todo hay en este nuevo compendio de aconteceres narrados con el punto de vista único y divertidísimo de Nieves Concostrina, desde un premio Nobel de rebote, a un marqués desenterrado o una invasión de vírgenes.
Si, como dijo Alfonso Reyes, el ensayo es el centauro de los géneros, la crónica es un mestizo más exótico o salvaje: el grifo de la literatura. Este libro es una jaula sin barrotes donde merodean algunas de esas criaturas: la marchita eternidad de Acapulco y la vocación de Mazatlán como food court del alma; una temporada de rockstar en el desierto y un recuerdo del Mundial de Alemania 2006 robado por el autor a un examante de su novia; un hotel en Shanghái donde toca la banda de jazz más antigua del mundo y la visita de la reina de Inglaterra al puerto de La Paz, Baja California Sur; el brutal asesinato de una adolescente chilena en la región del Maule y un retrato a mano alzada del Fiscal de Hierro, persecutor de guerrilleros suicidas, homeópatas marxistas y gavillas narcomatriarcales que protagonizó la lucha contra la delincuencia organizada en los años setenta en Nuevo Laredo.
Las ocho narraciones de este libro realizan una de las suertes mayores de la literatura: ir de lo íntimo a lo general, o viceversa. También nos recuerdan que no hay promesas sin resaca.
A Alan le encantaban el deporte y las piruetas aéreas. Pero un buen día de 2018, la vida decidió ponerle un enorme obstáculo: una mala caída le produjo una lesión medular y las piernas dejaron de responderle.
Ahora es tetrapléjico. Y también un modelo de superación, de no rendirse, de darle a su vida una nueva perspectiva para continuar adelante, experiencias que cuenta en sus redes sociales.
En este libro, Alan nos demuestra que la vida es un alud imparable y que, a pesar de los obstáculos, puede seguir siendo él mismo.