¿Quién no ha oído hablar de Francisco de Asís, ese santo italiano del siglo XIII que amaba la pobreza, predicaba a los pájaros y sería el primer estigmatizado de la historia? Innumerables biografías y escritos le han sido dedicados desde la Edad Media y, en la actualidad, su reputación sobrepasa las fronteras del catolicismo, ya que creyentes de todas las confesiones y muchos no creyentes se han interesado tanto en su persona como en el franciscanismo.
A pesar de la simpatía general que rodea su figura, el Pobre de Asís continúa siendo mal conocido, pues su imagen ha sido enturbiada por interpretaciones edificantes o fantasiosas que han desnaturalizado su mensaje.
La gnosis, conocimiento de lo oculto que atañe a la salvación del ser humano, nace embrionariamente con el judaísmo apocalíptico del siglo IV a. C. Más tarde, la salvación del espíritu con respecto al mundo material surge en el ámbito marginal del judaísmo de inicios del siglo I. En las tres centurias siguientes alcanzará la gnosis su apogeo dentro de las fronteras del Imperio romano con el nombre de «gnosticismo», contra el que luchará la Gran Iglesia oficial.
El relato gnóstico es un verdadero sistema, mezcla de teología y de algunos elementos filosóficos procedentes del platonismo y el pitagorismo; un sistema que comprende teodicea, cosmología, antropología, soteriología y escatología. Este libro ofrece al lector la posibilidad de adentrarse en el pensamiento religioso y filosófico de la gnosis a través de sus textos, sacando a luz sus claves ocultas, muy importantes para el conocimiento del cristianismo primitivo.
Tanto en la tradición griega como en el Antiguo Testamento, «pecado» significaba desviarse de la dirección correcta. La gula, en este contexto, sería una desviación de la manera correcta de comer y, consecuentemente, para poder hablar con propiedad de la gula, antes se ha de conocer en qué consiste ese modo correcto de alimentarse. Este libro se apoya en la tradición literaria –desde los líricos griegos arcaicos hasta los poetas malditos, pasando por la Biblia y las novelas de caballería– para entender el modo en que se ha interpretado ese buen comer bueno en Occidente y cómo, en muchas ocasiones, no se ha formulado como una mera prohibición, sino como la búsqueda de un equilibrio.
Hágase la luz es prueba de que las mejores historias nunca mueren. En esta atrevida reescritura del Génesis, Dios es una mujer, no es perfecta y, como suele ocurrir, a veces duda de sí misma. También se siente sola. ¿Qué significa ser humano?, ¿cuál es nuestro propósito?, ¿cómo debemos tratarnos los unos a los otros? Las grandes preguntas de la Torá y del Antiguo Testamento aún son las nuestras
«En el principio existía el verbo». Esta frase, con la que comienza el Evangelio según San Juan, es clave en las enseñanzas de la Iglesia cristiana y ha sido determinante para el arte, la literatura y el lenguaje occidentales.
Sin embargo, en los años posteriores a la muerte de Cristo no hubo ni una sola palabra, ni consenso alguno sobre quién era Jesús o por qué había sido importante. Hubo muchos Jesuses diferentes, entre ellos uno agresivo que despreciaba a sus padres y paralizaba a quienes se le oponían, otro que vendió a su gemelo como esclavo y alguno más que hizo crucificar a alguien en su lugar.
¿Por qué sabemos tan poco acerca de estas primeras versiones de Jesús? Porque, a partir del siglo IV d.C., la forma ortodoxa de cristianismo que se había vuelto preeminente se dedicó a eliminar sistemáticamente cualquier otra variación, denunciando sus evangelios como apócrifos y a sus seguidores como herejes. Estos desafortunados cristianos perdieron sus derechos, sus propiedades, sus iglesias y, no pocas veces, incluso sus vidas. En Herejía, Catherine Nixey recupera esas extraordinarias historias de contingencia, azar y pluralidad.
Al contrario que los demás tomos, que siguen una línea cronológica, Deschner se centra en este en crímenes concretos, que divide en los siguientes grupos:
El sistema de falsificaciones cristiano.
El engaño de los milagros y las reliquias.
La economía de las peregrinaciones.
Oscurantismo y ruina de la educación de la Antigüedad.
Destrucción de libros por los cristianos y destrucción del paganismo.
El mantenimiento y consolidación de la esclavitud.
Falsa enseñanza social y real política social de la iglesia.