Cada ciudad tiene en sus visitantes posibles traductores que, a través de sus impresiones, puntos de vista y observaciones, pueden llegar a teñir la visión de otros y acaso estimularlos o confundirlos. Por eso vale la pena considerar que este libro, fundado en cuarenta y cinco años de visitas sostenidas a París, es apenas una traducción más de las muchas que podrían hacerse de la capital de Francia, debida a los intereses y experiencias de Jorge Fondebrider, poeta y ensayista argentino, traductor consecuente de Gustave Flaubert, Guy de Maupassant, Georges Perec y un número significativo de poetas franceses contemporáneos. Con todo, por su rigor descriptivo y los muchos datos históricos, funciona asimismo como un vademécum para el eventual flâneur.
¿Todavía tiene sentido hablar de universalismo? El reputado profesor y teórico Omri Boehm tiende un puente entre la filosofía y la política contemporánea en esta crítica del pensamiento identitario.
¿Qué valores básicos defendemos en las democracias liberales? ¿Puede salvarse aún hoy el universalismo? Sí, pero debemos volver a sus orígenes: solo cuando comprendamos realmente el atractivo humanista de figuras como las de los profetas bíblicos o la de Immanuel Kant podremos luchar sin concesiones contra la injusticia y en favor de la igualdad absoluta de las personas.
En Universalismo radical, Omri Boehm ofrece algo más que una nueva interpretación del concepto: revoluciona nuestra comprensión fundamental de lo que es de verdad el universalismo y explica por qué debemos tener esperanza si no queremos vernos abocados a una distopía. Para ello, recurre a Kant y a su a menudo incomprendida recuperación del monoteísmo ético de los profetas judíos. Es una propuesta audaz que, por su osadía, abre una salida al estancado debate sobre la identidad.
Carl Schmitt es el último gran clásico del pensamiento político. En los últimos treinta años, sus ideas han animado los más variados debates ideológicos desde la nueva derecha al populismo de izquierdas.
Su importancia se debe a su capacidad premonitoria: nos ofreció varias fórmulas, la teología política y la oposición entre amigos y enemigos, que nos sirven a comienzos del siglo XXI para comprender la política.
Sin embargo, a Schmitt se le ha difundido más de lo que se le ha comprendido. Es prestigioso apelar a su nombre, pero se reclaman sus obras más por la espectacularidad de sus títulos que por las incertidumbres de sus contenidos.
Este libro quiere aclarar las tres cuestiones por las que Schmitt ha traspasado los límites de la especialización: la teología política, el concepto de lo político y la teoría de la Modernidad. Las dos primeras solo alcanzan verdadera concreción, son algo más que unidades vacías, si se tiene en cuenta el ambiente en que viven y respiran: la peculiar, idiosincrásica y unilateral teoría de la Modernidad imaginada por Schmitt.
Si la verdad y la libertad fueran ficción, representación o juego, dejarían de ser, con grave peligro, lo que se espera de ellas cuando se razona en serio. Pero ni la una ni la otra tienen su sitio en lo que confiadamente se llama la vida real, sino más bien en los momentos de tránsito entre esta y la ficción, cuando se tiene la máscara entre las manos porque uno va a ponérsela o porque acaba de quitársela. La verdad de las cosas es, según se sostiene aquí, cierta clase de desacoplamiento y la libertad de las personas cierto tipo de suspensión de la personalidad y de la identidad. En este libro se propone un desmontaje de los supuestos principales que el sentido común de nuestro tiempo y la mayor parte de sus filosofías dan por seguros en relación con la libertad y la verdad, y se intenta recomponer los materiales resultantes de ese despiece de modo que produzcan una figura no muy aceptable para los prejuicios hegemónicos, pero inquietantemente reconocible como eso que de la verdad y la libertad (y también de la representación, de la ficción y del juego) se esperaba siempre sin haber podido explicitarlo nunca de manera clara.
Las plantas nos pueden enseñar mucho acerca del «arduo arte de vivir bien».
La admiración por la naturaleza parece acentuarse a medida que aumenta la población mundial y crecen las ciudades. Cuanto más nos alejamos de la tierra, más fuerte es el anhelo de retornar a ella. Verdolatría se articula en torno a cuatro preguntas esenciales de la filosofía: qué puedo saber, cómo debo actuar, qué me cabe esperar y qué significa ser humano. Se nutre del pensamiento ecológico, las lecciones del arte del jardín y la ciencia botánica para cambiar nuestra forma de entender la vida en el planeta y nuestro lugar en ella.