Si un corazón desea creer en algo, la razón no se lo podrá impedir.
Londres, 1922. Alan y Violet Schofield son los mayores especialistas en fotografía mágica de Inglaterra; una pareja de pícaros que se aprovecha de la fiebre por retratar seres feéricos que se extendió por la crédula sociedad londinense tras la Gran Guerra después de que dos niñas de Cottingley lograran convencer al mismísimo Conan Doyle de que habían fotografiado unas hadas. Del cielo ya han dejado de caer bombas y la ciudad entera espera turno ante el famoso estudio de los Schofield para conseguir la preciada fotografía que demostrará a sus familiares y vecinos que su desván o su jardín ha sido bendecido con la presencia de alguna de esas misteriosas criaturas.
Por desgracia para ellos, su suerte cambiará cuando un nuevo cliente llame a su puerta: el temido y poderoso Percival Drake, señor de los bajos fondos de Londres. Un hombre de gran astucia, brutalmente despiadado y, sobre todo, que no cree en la magia. Mientras emprenden una peligrosa carrera contrarreloj para salvar sus vidas, Alan y Violet descubrirán que para timar a un gánster que no cree en las hadas hay que ser más listos que ellas.
Una gran parte de los artistas visuales que desarrollan su trabajo en la actualidad viven en condiciones precarias y con muy pocos incentivos para su trabajo. Esa es una realidad conocida en el sector, y que se corresponde sociológicamente con el rol de marginalidad proverbial que ha caracterizado a lo largo del tiempo la escena del arte. Pero los artistas son testigos de nuestro mundo y ejercen su papel como peculiares activistas culturales. Aportan radiografías plurales, emblemas de una sociedad en cambio, expresan pautas de vida, generan huellas proyectadas hacia el futuro, atisban “lo nuevo”: son los creadores del patrimonio contemporáneo. El arte es un espacio de interrogantes donde afloran respuestas provocadoras a preguntas inquietas. El artista realiza su trabajo interpretando el mensaje de una difusa voluntad colectiva. Aspira a esa empatía y comunicación real: transmitir sentimientos y emociones propias para compartirlas. Pone sus ojos, su mirada, su corazón y sensibilidad al servicio de la sociedad: a la búsqueda de un latido común. El auténtico artista aporta oxígeno para respirar mejor.
A cien kilómetros del Pazo Quiroga, frente a las costas de Cabo Lázaro, los ejércitos de España y Francia intentan acabar con el pirata conocido como Diablo, un despiadado asesino rodeado por un halo de misterio que nadie ha podido desentrañar.
Gonzalo de Berceo ha llegado a Santiago de Compostela para participar, como tantos otros peregrinos, en la celebración del jubileo. Además, siente curiosidad por probar una nueva variedad de vino elaborada por su amigo Lope con uva mencía. Mientras asiste a la misa mayor en la catedral, contempla cómo un arcediano, presa de un delirio místico, se interpone al paso devastador del botafumeiro, que lo destroza para horror de los fieles que atestan el templo. Este episodio se suma a una serie de sucesos inexplicables que está diezmando el cabildo de la catedral, lo que llevará al arzobispo, antiguo compañero de estudios de Berceo, a pedirle ayuda. En una atmósfera inquietante en la que no faltan extrañas visiones, acusaciones de brujería y apariciones de la Santa Compaña, Berceo se enfrenta al caso ayudado por el gustoso vino que Lope y la tabernera Lupa no dejan de ofrecerle. Una lectura trepidante en la que la intriga y el humor se mezclan con el terror y la erudición histórica, y con la memorable aparición de un joven poeta: el futuro rey Alfonso X el Sabio.