En Pleno verano & Garcetas blancas, Derek Walcott trata los temas distintivos de su carrera: el complejo legado colonial del Caribe, su amor por la tradición literaria occidental, la sabiduría que llega con el paso del tiempo, las siempre extrañas alegrías del nuevo amor y, a veces, la aterradora belleza del mundo natural, con una intensidad y un impulso que recuerdan su obra más grande. A través de la fascinante repetición de temas e imágenes, Walcott amplía las posibilidades de la rima y la métrica, la forma poética y el lenguaje. Las lenguas el inglés y el creole se imbrican para formar un caudaloso tejido de sentidos y sensaciones que reflejan el amor de Walcott por su tierra, por un lenguaje comprometido y vivo del que todos formamos parte.
En 2018, la escritora y poeta estadounidense Maggie Smith, casada y madre de dos hijos, descubre que su marido tiene una relación con otra mujer. En cuestión de días, la realidad que había construido durante más de veinte años se derrumba y da paso a un dolor que convertirá, a través de la escritura, en un renovado compromiso consigo misma.
A base de pequeñas viñetas, pieza a pieza, Smith traza una reflexión llena de empatía y humor sobre la desintegración de un matrimonio que es también un ajuste de cuentas con la feminidad contemporánea, los roles tradicionales de género y las dinámicas de poder que persisten incluso en las parejas más modernas. Página a página, estos fragmentos terminan erigiéndose en un interrogatorio a la familia, el trabajo y el amor.
«¿Existe emoción más presente en la poesía que el amor? Pasan los siglos y, con ellos, sus poetas fundamentales, y no hay una época que no sea abrazada por multitud de poemas amorosos. Por eso este género nos gusta tanto a los que confiamos en las bondades de su efecto. El amor, en todas sus variantes y caminos paralelos, es a veces un motor que permite el movimiento y, otras, un arma para combatir el desconsuelo. En los poemas políticos y sociales aparece el afecto a la patria o a sus gentes y en las obras existencialistas se encuentra el mismo apego por entender la vida y amar sus fisuras. Uno puede leer un poema a la naturaleza y hallar en sus versos el sentimiento profundo que despiertan los pájaros, y al mismo tiempo entender la emoción luminosa de la tristeza. Todo eso también es amor: la mezcla de experiencias, gestos y formas de mirar y existir. La poesía nos recuerda quiénes somos y Mario Benedetti es uno de sus mejores intérpretes.
Desde el principio de los tiempos el mar ha fascinado al ser humano ya fuese como promesa de aventura, puerto de llegada o de huída, frontera por donde aparecen los barcos de guerra, como entretenimiento o fuente de comida, como anhelo o paisaje cotidiano, y también como un espejo donde contemplar la belleza. No se conoce de un solo pueblo ni de un siglo que no le haya escrito versos al mar. Esta antología propone tres miradas europeas al mar, tres modulaciones líricas ligeramente distintas decididas a seducir o tomar por asalto nuestra imaginación. La primera de estas tradiciones es la inglesa, en sus poemas se aprecia que el mar rodea por completo la isla, y que todas sus fronteras son líquidas: el mar es tan frecuente que toda clase de asuntos se relacionan con él. Para la tradición francesa, la segunda que aborda el libro, el mar tiene algo de presencia casi espiritual, confrontada a los negocios del día a día. En la tercera tradición, la española, el mar sabe a rebeldía.
Quien escribe un poema lo escribe, antes que nada, porque el poema es un colosal acelerador de la conciencia, del pensamiento, de la percepción del mundo». Del discurso de Joseph Brodsky al recibir el Premio Nobel de LiteraturaA caballo entre dos lenguas durante décadas, el bilingüismo de Brodsky no solo revitaliza con singular desenvoltura un lenguaje heredado, sino que también proyecta una radical y profunda exploración de sus metros e imágenes, elevada a una forma particular de metafísica. Sin embargo, Brodsky es también un poeta eminentemente físico, cuyo tema fundamental es la encrucijada entre el espacio, el tiempo y los sentidos. Ningún otro escritor contemporáneo habla tanto de la intemperie. Sus musas no son Calíope ni Tersícore, ni sus artísticas hermanas asociadas con emociones y sentidos, sino Urania, musa de la astronomía, «más vieja que Clío», matrona del conocimiento estelar, del espacio puro, de esas extensiones heladas en medio de las cuales el hombre parece el derrubio lodoso que arrastra un glaciar.
El poema narrativo es el que se convertirá en la piedra angular de toda su obra. Con él consigue fundir las corrientes tradicio-nalista y europeísta en una sola, expresiva, elegante y sobria, de su propia creación; y forja la lengua y la literatura rusas tal y como hoy la conocemos. En sus poemas narrativos, Pushkin entrelaza las noveda-des llegadas a Rusia desde occidente, domi-nado por Lord Byron, con el folclore y las leyendas rusas. Pushkin evoluciona desde unos parámetros byronianos, más subjeti-vos y sentimentales, a otros más personales en los que se aprecia la clara influencia de Shakespeare.