En el paisaje de la amistad y del amor, ¿cómo construimos cada día el puente que une las islas que somos? Entregados a la vida, los protagonistas de estos cuentos inventan las fronteras de sus vínculos, los celebran, los traicionan, los anticipan, los confrontan. Siempre en tránsito, viajan hacia lo nuevo con asombro, hacia ese instante cuando esperábamos risas al sol y nos heló la sombra. En estos relatos, ¿qué es agua dulce y qué agua salada? En Un nombre para tu isla, Katya Adaui, con humor y piedad, y un oído iluminado para los diálogos y la trama, recoge la intimidad de los afectos que nos sostienen, así como el malentendido rabioso que los devasta.
Todos podemos ser el demonio del otro. Todos podemos ser el sacrificio humano de ese otro. María Fernanda Ampuero, una de las voces imprescindibles de la literatura latinoamericana actual, nos empuja magistralmente a un universo húmedo, podrido y hostil donde la violencia marca la narrativa de nuestras vidas. En ese mundo se yergue una bestia de muchas cabezas que aterroriza y muerde a los débiles, a los marginales, a los sacrificables en aras del silencio, de la desigualdad, del odio, del abuso, de la muerte.
Así, cada historia es un grito que contempla a las víctimas de estos sacrificios humanos que permanecen cada día en los altares de aquellos que los celebran, los ocultan o miran hacia otro lado.
Salvados por sus hijos, náufragos de sus padres, los protagonistas de estos cuentos se zambullen en las profundidades de los vínculos esenciales. Las casas, el mar, el campo son encierro y escape; el espacio donde las generaciones se alimentan, sueñan, procrean.
Con trazo lírico, despojado e irónico, Katya Adaui ensaya su teoría de la paternidad: un mapa opaco en el que los seres humanos rastrean con fuerza e inteligencia cómo sobrevivir a la crianza. Pudorosos ante lo íntimo, apaciguados con los parecidos, enervados por lo familiar, esquivan los golpes, afrontan los abandonos y buscan cualquier prueba de ternura y felicidad para redimirlos. Porque en Geografía de la oscuridad son los hijos y las hijas quienes conocen la verdad de ese disfraz al que llamamos padre.
Papel Carbón reúne los primeros libros de relatos de Fernando Iwasaki Tres noches de corbata (Lima, 1987) y A Troya, Helena (Bilbao, 1993) dos títulos donde los lectores del narrador peruano podrán reconocer los temas, el humor, la prosa coruscante y las múltiples referencias culturales que caracterizan la obra de uno de los autores fundamentales del cuento contemporáneo en lengua española. Rescatamos así Tres noches de corbata, libro que dialoga con los precoces volúmenes de relatos de un pequeño grupo de escritores españoles y latinoamericanos nacidos en la década del 60, como Alguien te observa en secreto (1985) de Ignacio Martínez de Pisón, Ligeros libertinajes sabáticos (1986) de Mercedes Abad, Los laberintos invisibles (1986) de Guillermo Busutil, Debería caérsete la cara de vergüenza (1986) de Sergi Pàmies, El móvil (1987) de Javier Cercas, Veinte cuentos cortitos (1989) de Iban Zaldua, Infierno grande (1989) de Guillermo Martínez y Cuentario (1989) de Jorge Eduardo Benavides, todos tecleados a máquina y todos copiados con papel carbón.
Pelea de gallos narra desde diferentes voces el hogar, ese espacio que construye –o destruye– a las personas, aborda los vínculos familiares y sus códigos secretos, las relaciones de poder, el afecto, los silencios, la solidaridad, el abuso... Es decir, todos los horrores y maravillas que se encierran entre las cuatro paredes de una casa: el espanto y la gloria de nuestras vidas cotidianas.