CONOCÉIS MI NOMBRE.
PERO NO ME CONOCÉIS A MÍ.
Vuestros historiadores me llaman seductora, pero siempre fui esclava del amor.
Vuestro dramaturgos hablan de brujería, pero mis talentos procedían de los mismísimos dioses.
Vuestros poetas cantan sobre mi sed de sangre, pero siempre estaba protegiendo a mis hijos.
Con qué empeño se niegan a reconocer que una mujer podía ser poderosa, estratégica, gobernar por bendición divina.
La muerte no continuará silenciándome.
Esta no es la historia de cómo morí. Sino de cómo viví.
La voz de la reina que la historia quiso silenciar.
El viaje de Ulises se ha convertido en un mito universal y la Odisea en una lectura para todos los tiempos. Tras una década de guerra, una ofensa al dios Poseidón ha alejado de su reino al astuto héroe otros diez años, condenado a navegar sin rumbo y a sufrir las más diversas vicisitudes. La Odisea, que sucede a la caída de Troya, sigue los pasos de Ulises -el nombre latino de Odiseo, que esta traducción adopta- y nos acerca al relato de su largo peregrinaje para volver al hogar, Ítaca. Los mitos que configuran esta gran epopeya, la capacidad de Homero para retratar la vida en el Mediterráneo a finales del 2000 a.C. y la irrupción de un héroe deseoso de regresar a la patria han dejado huella en los grandes autores de la literatura -de Virgilio a Joyce- y han convertido la Odisea en una pieza clave de la cultura universal.
El despótico patriarca Esteban Trueba ha construido con mano de hierro un imperio privado que empieza a tambalearse con el paso del tiempo y un entorno social explosivo. Finalmente, la decadencia personal del patriarca arrastrará a los Trueba a una dolorosa desintegración. Atrapados en unas dramáticas relaciones familiares, los personajes de esta poderosa novela encarnan las tensiones sociales y espirituales de una época que abarca gran parte del siglo XX.
Con impecable pulso narrativo y gran lucidez histórica, Isabel Allende ha creado un fresco en el que conviven lo cotidiano con lo maravilloso, el amor con la revolución y los ideales personales con la dura realidad política.