Considerada la Ajmátova bielorrusa, Yauheniya Yaníshehyts (Rudka, 1948 - Minsk, 1988) pertenecería a esa promoción de escritores de los años setenta que como Ryhor Baradulin o Danuta Bichel, sienten un gran amor por su tierra natal y se ven influidos por las generaciones que vivieron directamente la Gran Guerra Patria, pero también muestran en su poesía la importancia de la tradición y el folklore eslavo, el paisaje y sus gentes y, sobre todo, la necesidad de reivindicar la lengua bielorrusa, es quizás aquí donde reside el mayor atractivo de Yaníshchyts: la renovación y frescor de su obra, marcada por una gran riqueza imaginística en el uso de los recursos estilísticos, la variedad de discursos textuales, la maestría de la rima y el verso, los juegos de palabras, un exquisito vocabulario sobre la naturaleza, etc., sin olvidar también una vertiente de preocupaciones sociales e históricas: desde la denuncia de la deshumanización contemporánea hasta constatar el sufrimiento de las viudas y madres de posguerra, a la vez que también se apunta una línea más meditativa sobre el tiempo y la propia existencia, todo este abanico estético hace que su poesía adquiera un enfoque verdaderamente actual y universal.
Solo aquellos que hayan vivido los ardientes fuegos de un amor irrefrenable podrán comprender las razones que llevaron a María José Solano a dejarlo todo y emprender en solitario Una aventura griega. Acompañada únicamente de una maleta de mano y los libros del objeto de su pasión, el héroe de guerra y cronista viajero Patrick Leigh Fermor (1915-2011), la escritora abraza los restos de su legado en el país de los olivos.
Camina por las mismas calles en las que él, célebre por aventuras épicas en el país heleno, había vivido mil correrías y affaires secretos; brinda con uzo y retsina en las tabernas en las que él se embriagó con su círculo bohemio y, acaso igual que él, sueña con la posibilidad de encapsular el pasado mágico de un país rebosante de tesoros arqueológicos.
En este singular trayecto, que se puede leer casi como un romance con la obra fermoriana, Solano hace escala en lugares legendarios como Corinto, Micenas, Epidauro, Esparta o la isla de Hydra, donde Leigh Fermor (Paddy, para los amigos) pasó una larga temporada en una mansión ahora -cómo no- declarada en ruinas. Desde cada uno de esos enclaves, capitales para entender la figura del aventurero, la escritora sevillana declara su amor eterno a un personaje tan singular como enigmático, con sus luces y sus sombras, siempre impetuoso y, hasta su último aliento, impulsado por un hambre insaciable de acción y conocimiento.
Durante el Terror jacobino, una joven, que espera su ejecución en el oscuro sótano de una cárcel, se reencuentra con su prometido, al que creía muerto en un levantamiento de las fuerzas partidarias a la monarquía. Sólo la compasión de sus compañeros de infortunio ayudará a los amantes a cumplir su mayor deseo, presentarse ante Dios como marido y mujer, y a su vez ofrecerá un momentáneo consuelo a todos los presentes. Publicado originalmente en 1927, «Una boda en Lyon» es un retrato sobrecogedor de la persecución política y religiosa, uno de los mayores fracasos de la humanidad según Stefan Zweig. La presente edición incluye otros tres relatos: «La caminata», «Un ser humano inolvidable» y «Dos solitarios».
Petra Delicado nunca ha sido una policía al uso. Feminista, mordaz e implacable, enfrenta cada caso con la intuición afilada y el humor como escudo. Junto a su inseparable Fermín Garzón, un subinspector tan leal como cascarrabias, se adentra en investigaciones donde lo grotesco y lo trágico se dan la mano.
Desde el cadáver de una anciana prostituta abandonado como una muñeca rota hasta secretos ocultos tras la fachada de familias irreprochables, estos seis relatos confirman la maestría de Alicia Giménez-Bartlett. Misterios turbios, giros inesperados y la inconfundible voz de Petra en una serie de casos que ponen a prueba su tenacidad y su humanidad.
Las raíces irradiaron los cimientos: árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas los restos de las alacenas, los bichos anidan en el hueco del calzado reseco y los perros se enroscan en las sábanas abandonadas que huelen a sus dueños. Por los alrededores merodean los soldados de distintas guerras y la amante malograda: al anochecer, se escucha la noria susurrada de sus cuitas. Pero es muda la familia que la casa añorar: Lucero, su mujer y sus cuatro hijos, ¿por qué no vuelven?
Precisa y delicada, esta novela conjuga la poesía del litoral con un repertorio procaz de anacronismos. Selva Almada logra la hazaña de volver audible el transcurrir del tiempo y sensible la obcecación de la naturaleza por recuperar lo que los hombres tomaron siglos atrás.