A lo largo de más de dos siglos, la caída de Roma ha sido una fuente constante de debate. Edward J. Watts construye un apasionante relato que se inicia en la República romana, inmediatamente después del año 200 a.C., y recorre el imperio de Augusto y sus sucesores, describe la pérdida de gran parte del territorio romano occidental durante el siglo V y el discurrir del Imperio romano de Oriente (Bizancio) hasta su caída en 1453, y, por último, la decadencia y la renovación de Roma desde el siglo XV hasta la actualidad.
La caída del Imperio romano ha sido uno de los misterios más fascinantes de la historia. Su retórica de decadencia ha llegado hasta nuestros días y su alegato nos sirve de ejemplo para poder abordar los desafíos del futuro. Las profecías de la decadencia y las prescripciones para la restauración romanas quizá parezcan un discurso inútil, pero pueden provocar también cambios sustanciales en una sociedad y en su vida política.
El 8 de mayo de 1945, los últimos representantes del Tercer Reich firmaban en Berlín la capitulación del régimen nazi frente a las fuerzas Aliadas. Ese gesto ponía punto y final a la lúgubre historia de la Alemania de Hitler, pero no necesariamente a la pervivencia del nazismo en Alemania. Para ello, hacía falta mucho más que un simple documento.
En los meses y años siguientes, los Aliados emprendieron un ambicioso proceso de desnazificación, que tenía por objetivo limpiar y reeducar a toda población alemana, a la que consideraban culpable de defender la dictadura de Adolf Hitler hasta el último aliento. A su vez, millones de alemanes se enfrentaban a la necesidad de dar sentido a sus vidas tras haber participado y colaborado en aquel régimen criminal, en un largo y tortuoso proceso edificado sobre reconstrucciones del pasado, omisiones y ocultamientos.
En este libro, el reconocido historiador francés Emmanuel Droit se sumerge en ese proceso de desnazificación para ofrecernos una perspectiva inédita de uno de los aspectos menos estudiados de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias.
Tras el brutal golpe de Estado de 1936, la represión fue uno de los pilares fundamentales para que la dictadura franquista se mantuviera durante cuarenta años en el poder, y la Dirección General de Seguridad (DGS), situada en la Real Casa de Correos, en plena Puerta del Sol, el símbolo del terror impuesto.
Por los calabozos de la DGS pasaron miles de hombres y mujeres que fueron encarcelados, torturados y asesinados: Marcos Ana, Marcelino Camacho, Enrique Ruano, Nicolás Sartorius o el histórico dirigente comunista Julián Grimau, entre otros. A pesar de que la DGS se mantuvo activa hasta entrada la democracia, actualmente no queda vestigio alguno que rememore lo que allí sucedió. Hay placas en honor a los que lucharon el 2 de mayo de 1808, a las víctimas del atentado del 11M o a los muertos por la Covid-19, pero nada que recuerde a todos aquellos que padecieron la dictadura de Franco.
Una misteriosa estatua de la antigua Roma subastada en Sotheby's de Londres por 24,5 millones de dólares es el comienzo de esta historia. ¿Por qué desapareció de la vista del público durante setenta años? ¿Quién fue su dueño, el hombre cuya muerte se convirtió en el secreto mejor guardado de la aristocracia argentina? Con la pasión, la curiosidad y la precisión del periodismo, Federico Fahsbender logró entrar en el corazón de una elite para desentrañar el enigma de la estatua y de su amo, Federico Zichy Thyssen, un conde drogadicto con una mansión en Barrio Parque, heredero del magnate alemán del acero que fue uno de los principales financistas de Adolf Hitler. En sus últimos años, Zichy Thyssen se enfrentó a sus hijos, en una disputa por una herencia multimillonaria que continuó más allá de su tumba. Internaciones forzadas, un funeral escandaloso y una guerra de sucesión con un nivel de lujo y riqueza impensado en el siglo XXI, en una investigación que se lee como una novela y que retrata el fin de una era de la aristocracia y el derrumbe de un linaje.
Fue un antes y un después en un año crucial. La publicación de La Edad de Plata (1902-1939). Ensayo de interpretación en 1975 supuso un momento fundacional de los estudios literarios y culturales sobre la primera mitad del siglo xx en nuestro país. La mirada lúcida e incisiva de José-Carlos Mainer abrió infinidad de caminos ubérrimos por los que han transitado muchos de los trabajos posteriores en el ámbito de estudio, por no decir casi todos. Aun así, esta obra original mantiene toda su vigencia y su atractivo, apoyada en tres virtudes luminosas: una estimulante calidad literaria, la lectura renovadora de algunas obras fundamentales y una apreciación de aquellos factores de unidad fundamentales, como la reconexión española con la Europa moderna, la relación con el público y la búsqueda del mismo, la afortunada creación de instituciones culturales, la incardinación de pedagogía y estética, la configuración de un arte nacional y la modernización radical que preside el proceso entero de una época irrepetible.