«En La Biblia en España, Borrow no desempeña el papel de un espectador lejano, se sitúa a la misma altura de lo que describe y valora. Se inmiscuye, se siente personalmente aludido con todo lo que acontece y sabe acercar su mirada a la curiosidad del lector. Además de su perspicacia de buen observador –que describe con entusiasmo cuanto ve y surge a su paso–, como escritor contó con la admirable facultad de convertir cada escena contemplada en un espectáculo narrativo. Gracias a su pluma, siempre hay, en cada página, un acontecimiento que cobra vida.» (De la Introducción de Alberto González Troyano)
The Bible in Spain se publicó en Londres en 1842. Entonces su triunfo fue inmenso. En el primer año se agotaron seis ediciones de a mil ejemplares en tres volúmenes, y una edición de diez mil ejemplares en dos tomos. Dos veces reimpresa en Norteamérica aquel mismo año y traducida enseguida al alemán, francés y ruso; en 1911 iban publicadas de La Biblia en España más de veinte ediciones inglesas. Sin embargo casi ochenta años tuvo que esperar este libro para que tuviera su primera traducción al español que fue obra de Manuel Azaña.
De Marx a Balzac, de Lenin a Shakespeare, de Zola y H. G. Wells a Conrad, Stalin reunió libros como otros acumulan batallas.
Iósif (José) Stalin, figura clave del siglo XX, es recordado como un líder férreo, arquitecto de un régimen que combinó la industrialización forzada con una represión brutal. Sin embargo, detrás del mito del tirano omnipotente se oculta un aspecto poco conocido y profundamente revelador: Stalin fue un lector apasionado, un autodidacta minucioso que reunió una biblioteca personal de más de 20.000 volúmenes.
En La biblioteca de Stalin, el historiador Geoffrey Roberts, especialista en historia soviética y autor de obras aclamadas sobre la URSS, ofrece un acceso sin precedentes a la mente del dictador a través de sus libros. A partir de subrayados, anotaciones manuscritas y selecciones temáticas, reconstruye su itinerario intelectual y muestra cómo la lectura fue una herramienta para moldear su ideología, reforzar su poder y afinar su visión del socialismo.
Una novela que revela la personalidad, compleja y siniestra, de Ilse Koch, que instauró junto a su marido un reino de terror en el campo de concentración de Buchenwald.
Durante sus años allí, Ilse Koch coincide con Helene Keller, esposa del subcomandante del campo. Entre ellas surgirá una «amistad especial» y Helene pronto descubrirá el magnetismo de frau Koch, que parece haber embaucado a hombres y mujeres con su reconocido encanto sexual, y su obsesión por los experimentos médicos con cuerpos humanos: cabezas reducidas de prisioneros o pantallas de lámparas fabricadas con piel humana, entre otras aberraciones.
La intensa relación entre Ilse Koch y Helene Keller convierte a esta última en testigo esencial de los horrores vividos en el campo. Finalizada la guerra, Helene consigue huir de Alemania y establecerse anónimamente en Estados Unidos. Sin embargo, un intrépido reportero descubre su verdadera identidad.
Basada en hechos y personajes reales, y documentada de manera minuciosa, La bruja de Buchenwald muestra la capacidad del ser humano para hacer el mal y la facilidad con que algunas personas pueden verse arrastradas como cómplices.
Aunque los faraones vivieran en un mundo de dioses y rituales, sus momias y sus tesoros acabaron más de una vez a la vista de los mortales por las cosas más simples. Este ensayo del historiador Gonzalo Gómez García explora con humor y rigor la cara B de los grandes descubrimientos arqueológicos en Egipto. Una puerta a las maravillas de la Antigüedad y, al mismo tiempo, una oda a cómo el azar se burla de todo el ingenio y la curiosidad humanos acumulados.
Una cabra que se cayó en un pozo próximo a una tumba real y mostró un secreto guardado durante miles de años.
Un burro que se paró tozudo sobre lo que a la postre sería el Valle de las Momias de Oro.
Una estatua helenística de mármol de valor incalculable rescatada de un contenedor de basura.
Los secretos de las arenas de Egipto revelados de las maneras más disparatadas.
Una de las grandes epopeyas de la primera guerra mundial.
La Gran Guerra no fue tan sólo un conflicto europeo. Eugene Rogan, autor de Los árabes, nos relata esa otra Gran Guerra que se desarrolló en el Oriente Próximo entre el Imperio Otomano, aliado a Alemania, y las potencias coloniales europeas. Una «guerra santa» proclamada por el sultán turco con la intención de sublevar contra sus colonizadores a todos los países islámicos, desde Marruecos a la India, que pudo haber cambiado el resultado final del conflicto. Rogan revive aquí los episodios de esta otra guerra demasiado ignorada: el desastre de Galípoli, en que hubo medio millón de bajas; el genocidio de los armenios, que llevó al exterminio de un millón y medio de seres humanos; la campaña de Mesopotamia, con el dramático sitio de Kut, una de las mayores derrotas británicas, o la revuelta árabe, que precipitó la derrota de los otomanos y el fin de un imperio que durante seis siglos había sido una gran potencia mundial. Unos antecedentes que es preciso conocer para entender la naturaleza de los problemas actuales del Oriente Próximo.
Cuando el guarnicionero Thierry Hermès instaló su taller en París, por las calles de esta ciudad circulaban unos ochenta mil caballos, y los jinetes más distinguidos encargaban sus sillas de montar a este artesano. Sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial, los caballos se vieron sustituidos de forma progresiva por automóviles, y al nieto del fundador, Émile, no le quedó más remedio que reinventarse.
Empezaría por hacer maletas, a las que añadiría un artilugio revolucionario: el cierre de cremallera. Luego llegarían los bolsos de mano, en bandolera o con correas, cabás, alforja o pochette, el mítico «carré» y tantos artículos, siempre con el afán de innovar, de cuidar la fabricación artesanal, y de no hacer nunca demasiado ruido. Estuvo a punto de irse a pique, pero hoy Hermès sigue siendo regentada por la misma familia y es la única gran empresa del lujo que ha logrado mantener su preciada independencia.