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LA CRUELDAD

«Hay personas crueles que jamás dejarán de serlo. Y hay otras que son capaces de trabajar para moderarse, para que sus impulsos no deterioren sus palabras y sus actos. Pero solo quienes sostengan valores éticos y estéticos lograrán que esos valores se traduzcan en cada una de sus decisiones». Todos somos crueles. En mayor o en menor medida, la crueldad habita en cada uno de nosotros. Disfrazada de las más diversas maneras, oculta detrás de distintos nombres, acecha desde el comienzo de los tiempos. Si los dioses fueron crueles, ¿qué nos queda a nosotros, simples mortales a merced de las tormentas de nuestra condición humana? ¿Hay salida de este laberinto? Cynthia Wila decide hacer suyo el viaje al corazón de la noche, a ese lado brumoso de lo humano. El resultado de la travesía es un libro valiente, indispensable para entender no solo el porqué de las grandes tragedias de la historia, sino, también, las formas cotidianas que toma la crueldad en el presente de la mano de la tiranía de la belleza, la indiferencia, las nuevas tecnologías y el maltrato amoroso. Con una fuerte impronta psicoanalítica y filosófica, sin dejar de lado el arte, el cine, la literatura y la música, La crueldad se nutre de lo mejor de la tradición ensayística para devolverle al mundo —a nosotros— una melodía que lo haga algo más amable. Por eso, apela Wila, retomar ese vínculo casi olvidado entre ética y estética se hace hoy más necesario que nunca. Porque es restituirle valor a ese espacio entre el grito desesperado y el susurro lacerante en el que habita la palabra que calma. Es volver a mirarse a los ojos para reconocer en el otro —en nosotros— ese universo infinito de luces, de sombras, que es, ni más ni menos, raíz y fruto de nuestro propio origen.
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LA CUESTION ANTROPOLOGICA

¿Qué es el hombre? Durante siglos, se le ha pensado como una criatura divina o un ser natural, y su verdad estaba más allá de él: en el Dios que lo había creado o en la naturaleza de la que había surgido. Pero hacia fines del siglo XVIII, el hombre comenzó a buscar en sí mismo su propia verdad: en su cuerpo, en sus sentidos, en su mente, en las condiciones materiales de su existencia, en sus creaciones culturales. Así surgió y tomó forma la antropología en sentido moderno: la pregunta por el hombre de la que el propio hombre es la respuesta. La cuestión antropológica, curso que Michel Foucault dictó en la Universidad de Lile y en la École Normale Supérieure parisina, e inédito hasta ahora, es la historia de este acontecimiento. Foucault despliega su exploración en una secuencia impecable y sorprendente, ya que pone el foco en autores o textos no siempre obvios. El primer momento nos muestra por qué la filosofía clásica europea (Descartes, Malebranche, Leibniz) permanece sorda a esta cuestión: en los siglos XVII y XVIII el hombre no existe como un ser autónomo o a raíz de saber acerca de su propia voluntad. En el segundo momento, a partir de Kant, el hombre se vuelve el punto de gravitación y fundamento de la filosofía -de Feuernbach a Dilthey, pasando por Hegel y Marx-, y así surge el conjunto de las ciencias humanas. En el tercer momento, el pensamiento dionisíaco de Nietzsche anuncia la muerte de Dios y, con ella, el derrumbe del hombre mismo.
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LA DESAPARICION DE LOS RITUALES

Este nuevo ensayo de Byung-Chul Han es un llamamiento a la salvaguarda de las fuentes de adhesión social y de familiaridad y, al mismo tiempo, se reflexiona sobre estilos de vida alternativos que serían capaces de liberar la sociedad de su narcisismo colectivo. Los rituales, como acciones simbólicas, crean una comunidad sin comunicación, pues se asientan como significantes que, sin transmitir nada, permiten que una colectividad reconozca en ellos sus señas de identidad. Sin embargo, lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad, pues se ha producido una pérdida de los rituales sociales. En el mundo contemporáneo, donde la fluidez de la comunicación es un imperativo, los ritos se perciben como una obsolescencia y un estorbo prescindible. Para Byung-Chul Han, su progresiva desaparición acarrea el desgaste de la comunidad y la desorientación del individuo. En este libro, los rituales constituyen un fondo de contraste que sirve para perfilar los contornos de nuestras sociedades. Se esboza, así, una genealogía de su desaparición mientras se da cuenta de las patologías del presente y, sobre todo, de la erosión que ello comporta.
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LA DISPERSION

La dispersión, publicado por Eugenio Trías a principios de los setenta, ofrece un conjunto de aforismos -lúcidos y lúdicos- sobre los principales temas y problemas de la filosofía, del arte, de la escritura misma y también del quehacer humano. Cada uno de esos breves textos constituye una invitación a reflexionar sobre aquellas cuestiones que por su carácter trascendental han sido objeto permanente en nuestras inquietudes. Un Eugenio Trías vitalista, a ratos carnavalesco y hedonista pero siempre profundamente platónico, lanza un guante al lector en cada texto de este sugerente y provocador libro que incita a la reflexión e, incluso, a la polémica también. Y es que, como señalaba el propio Trías, «Escribir es inscribir algo en la carne. Es tatuar al que lee.»
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LA DISPERSION DE LAS SEMILLAS

La dispersión de las semillas recoge cuatro proyectos de libro —inéditos en castellano— en los que trabajaba Thoreau antes de morir. «La dispersión de las semillas» es el principal: un texto que, en un momento en el que la generación espontánea o la permanencia de las especies eran lugares comunes, cuando no dogmas de fe, trata de demostrar de qué manera el viento, el agua y los animales participan en la creación y regeneración de los bosques. Completan el volumen, preparado por Bradley P. Dean, tres escritos de la misma época y que complementaban ese gran estudio de las semillas: «Frutos silvestres», «Hierbas y pastos» y «Árboles forestales». Este libro cuenta, además, con un prólogo de Gary Paul Nabhan, una introducción de Robert D. Richardson, jr., unas magníficas ilustraciones de Abigail Rorer y un epílogo de Marc Badal.
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LA ENFERMEDAD PARA LA MUERTE

El punto de partida del pensamiento existencial es la experiencia reflexiva del sujeto, que se entiende como un «sí mismo» con sus peculiares limitaciones y posibilidades. No obstante, esta experiencia puede volverse ambigua cuando un individuo se resiste con obstinación a reconocer su mismidad. Este olvido termina manifestándose como una «enfermedad del espíritu», cuyo síntoma específico es la desesperación. Considerada como experiencia negativa, la desesperación puede hacer que el ser humano padezca alguna de las siguientes posibilidades: volverse opaco para sí mismo, extraviarse en la infinitud o enclaustrarse en la finitud, con la consiguiente limitación de su libertad personal o incluso su abandono. Con todo, también es posible que le suceda lo contrario. En efecto, el «sí mismo» pasa a comprenderse como núcleo problemático de la existencia individual, lo cual ayuda a asentar las bases de una filosofía de la condición humana en la que la persona toma conciencia de sí y de su responsabilidad ética.
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