La vida en mi pequeño pueblo era tan estatica como
la de cualquier otro pueblo pequeño de mi país y de
América Latina, la movilidad era escasa, llegándose a
asumir que todos eran provenientes de una misma
tamilia
aunque los orígenes de cada habitante eran
tan distintos que con poco esfuerzo se pódía llegar a
la conclusion de que aquel no era un pueblo
sino un
resumen del mundo mi calle no era la excepción, todos los vecinos parecían haber unido sus destinos
al de la calle misma, cada uno era propietatio de su
en ella vivía; solo-los muchachos de vez en
cuando éramos capaces de violar sin miramientos la
privacidad de una distinta a la de nuestros padres-
en mucho tiempo no hubo ningún cambio
En el poemario Ladran los huesos de Virgilio López Azuán hasta los huesos ladran, los sapos se asustan de los búhos, las escopetas disparan plumas y un verso puede tapar el sol. Se trata de una poesía que lo arrastra todo, los mundos humanos y los que se perciben más allá de la exposición de la imagen, de esa imagen creadora. Una realidad a veces popular y a veces estilizada.