El secreto para amar a la gente que es difícil de amar es amarla de todos modos...
Jesús aconseja que “se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Juan 13:34 NVI). Suena maravilloso, amar a todos como Jesús lo ama a usted. Pero, a menudo, la realidad de vivir de esta manera es más desafiante o puede parecer imposible, porque muchas personas son simplemente difíciles de amar.
Probablemente usted sepa esto por experiencia personal. Tal vez sea un compañero de trabajo poco amigable, un vecino entremetido o alguien de su familia o su ex pareja. Y más en estos días, donde las redes sociales y otros medios de internet son fuentes comunes de comunicación hostil. No obstante, Dios quiere ayudarle a amar a los demás como Él lo ama a usted, incluso a quienes son más difíciles de amar.
En este libro, Joyce Meyer comparte la sabiduría práctica de la Biblia y sus experiencias personales sobre cómo superar los obstáculos para amar a las personas difíciles. Descubrirá cómo ser un pacificador en circunstancias tensas o incluso volátiles, convertirse en una persona que no se ofende fácilmente, saber cuándo adaptarse a los demás y el secreto para amar como Jesús cuando parece imposible hacerlo.
Con la ayuda de Dios, puede convertir las interacciones frustrantes en agradables y traer la paz que apaga el fuego de la contienda cuando estallan las discusiones. No tiene que vivir bajo una nube de intimidación o temor al tratar con personas difíciles, ya sean conocidos o personas cercanas a usted. Cuando aprenda a amar como Jesús, ¡será libre de amar a la gente que es difícil de amar!
El libro parte de las necesidades básicas que tienen el hombre y la mujer de ser amados y respetados. La esposa tiene la necesidad de sentirse amada y cuando se satisface esa necesidad, ella es feliz. El esposo tiene la necesidad sentirse respetado y cuando se satisface esa necesidad, él es feliz. Cuando cualquiera de estas necesidades no se satisfacen, las cosas se salen de control y el matrimonio comienza a tener conflictos.
Este libro fue escrito en ayuno y oración, con el propósito de bendecir tu vida, tu ministerio, tu familia, en cada página que leas de este libro, encontrarás una anécdota que bendicen tu vida. Eres un ser bendecido por Dios, encontrarás en cada anécdota aquí plasmada una palabra de fortaleza, de esperanza para ti y tu familia. Recuerda que tu bendición no está en la boca del hombre, sino en la mano de Dios, ya que: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Mateo 4:4
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».
La escultura ha desempeñado un papel crucial en las prácticas religiosas de la humanidad a lo largo de la historia, sirviendo como un poderoso medio de expresión de creencias espirituales y conexión con lo divino. En el budismo japonés, las imágenes religiosas poseen un significado espiritual y sirven como puntos focales para la adoración, la meditación y la enseñanza.
Ahora podrás aprender a descifrar las estatuas budistas de manera sencilla a través de la observación visual. Con ilustraciones detalladas y explicaciones claras y sencillas, esta obra es la guía perfecta para adentrarte en la riqueza cultural y espiritual del arte budista. No dejes pasar la oportunidad de enriquecer tu conocimiento y tu alma con este libro imprescindible.
Hay uno entre los pecados capitales tradicionales que quizá no debería figurar en la lista, porque muchas personas no lo han experimentado. Es capital, sin duda; pero no tan general como la soberbia, la lujuria, la gula o la envidia. La avaricia, en efecto, no es simplemente el deseo de posesiones, bienes, dinero, honras; hasta ahí se trataría más bien de codicia, no en el sentido original que tenía la cupiditas latina, sino entendida como solemos hoy en español: como un ensayo más o menos serio de empezar a ser avaro. La avaricia es más bien, como dice santo Tomás, immoderatus amor habendi; y esa inmoderación solo puede albergarla el que la está realizando.