Vivimos en un momento muy interesante. En el aspecto material, este es el mejor momento que hemos vivido como sociedad, somos más libres que nunca, más sanos y más ricos que cualquier otra época en la historia de la humanidad. Sin embargo, de alguna manera, todo parece estar irreparablemente destruido: el calentamiento global, los gobiernos se equivocan constantemente, las economías colapsan y todo mundo se siente perpetuamente ofendido en Twitter. En este momento de la historia, en el que tenemos acceso a la tecnología, a la educación y a las comunicaciones, a la que nuestros antepasados ni siquiera podían soñar, muchos de nosotros nos sentimos desesperanzados.
Una invitación a plantearse una manera propia de vivir y a centrarse en encontrar la felicidad.
La autodependencia, el amor, el dolor y la felicidad son los cuatro caminos que, según Jorge Bucay, conducen a la plenitud del ser humano, cuatro trayectos que cada uno ha de recorrer desde su experiencia personal y a su propio ritmo.
En El camino de la felicidad, Bucay nos habla de la ilusión, el deseo, la acción y el desafío que hay que empeñar para descubrir quiénes somos en realidad. La felicidad es fruto de una búsqueda personal, de un compromiso incondicional con la propia vida. En palabras del autor: «Ser feliz no quiere decir necesariamente estar disfrutando, sino vivir la serenidad que me da saber que estoy en el camino correcto hacia algo placentero, disfrutable, hacia algo que tiene sentido para mí». Para Jorge Bucay, como él mismo anuncia desde el principio, ser feliz no es un derecho, es una obligación.
Son malos tiempos para los clarividentes. Scion se ha aliado con los refaítas, una raza de otro mundo extraordinariamente poderosa y que tiene la intención de convertir a los humanos en sus esclavos.
En una proeza de valentía sin precedentes, Paige Mahoney ha logrado liderar una fuga masiva del brutal campamento, Sheol I, donde ella y otros clarividentes fueron encarcelados sistemáticamente.
Paige está desesperada por alcanzar la seguridad del inframundo londinense, pero es poco probable que la despiadada líder de los refaítas, Nashira Sargas, la deje escapar tan fácilmente.
Estructurada sobre los ejes del amor, la filosofía y la muerte, esta nueva antología de las obras de Alfonsina Storni pone de relieve la gran variedad tonal e intelectual de una de las figuras más importantes de la poesía hispanoamericana de primera mitad del siglo XX. Sus poemas más famosos encuentran su contrapunto en textos en prosa poco conocidos, y del conjunto surge la potencia de una voz que incluye tanto la protesta como la celebración de la naturaleza o la reivindicación de la igualdad. Con una introducción escrita desde una perspectiva actual, esta antología rinde homenaje a la obra de Storni y aspira a acercar a nuevos públicos.
Borges y Bioy Casares compartieron cincuenta años de amistad literaria, buena parte de los cuales los pasaron encerrados, escribiendo juntos. Eran el mismo otro: un tercer escritor, inasimilable a uno tanto como al otro, profundamente excéntrico. De ahí que Bustos Domecq y Suárez Lynch -los alias con que formalizan la existencia del Tercer Escritor- sean algo más que seudónimos. Son escritores de derecho, tan autores como los autores que los inventaron. En ese otro llamado Bustos Domecq o Suárez Lynch descubrieron la posibilidad prematura, y por eso doblemente fascinante, de esa experiencia de balbuceo, inestabilidad y desequilibrio que Adorno llamó "estilo tardío", y que los artistas, según él, sólo alcanzaban una vez que eran dueños absolutos de sus medios artísticos. El estilo tardío es el malestar hecho estilo, una suerte de implosión que sacude la obra y la vuelve contra sí misma, al precio incluso de liquidarla. Esa obra maestra enferma, irreconocible para sí misma, Adorno decía que sólo podía aparecer al final de algo. Con la obra del Tercer Escritor, Borges y Bioy demostraron que también podía aparecer en el medio, en una zona de pasaje, que la pasión política podía ser su motor activo, el chiste al cuadrado su lógica de vértigo y la risa su signo, su huella digital y su música.
Del prólogo de Alan Pauls
Lo siento bajo la piel... Después de Katmere, no debería sorprenderme nada. Pero aquí estoy, atrapada con el peor de los seres sobrenaturales: Hudson Vega. Puede que sea el hermano de Jaxon y puede que sea increíblemente atractivo, pero es una auténtica pesadilla.
Me está robando el corazón... Es una verdad universalmente conocida, al menos según Grace, que todo es culpa mía. Pero sospecho que no es tan humana como cree y que es ella la que nos ha encerrado aquí. Ahora tenemos que trabajar juntos, no solo para sobrevivir, sino también para salvar a todos aquellos a los que consideramos nuestra familia. Porque hay algo que nos conecta, algo más fuerte que el miedo... y mucho más peligroso.