mediados de 2022, Tamara Tenenbaum recibió el encargo de traducir Un cuarto propio, de Virginia Woolf. Tomando como punto de partida las cuestiones que le suscitó dicho encargo, Tenenbaum nos propone una relectura del libro de Woolf para reflexionar sobre la situación actual de las mujeres (aunque no solo de ellas) abordando los temas que le interesan: la precariedad laboral, el amor desaparecido en la era de Tinder, la comida, el dinero, el resentimiento como respuesta política o la nostalgia y el poder de la tradición.
Con una prosa lúcida y fluida, a lo largo de este texto, rico en referencias literarias y filosóficas, pero también de la cultura pop, Tenenbaum dialoga con el clásico de Virginia Woolf y nos propone un ensayo que busca ir más allá de un manifiesto y que quiere ser «una propuesta de contramundo plebeya y feminista basada en la importancia de la belleza y el trabajo como […] productores de igualdad y libertad».
A Tenenbaum, a quien le interesa escribir sobre su tiempo, Un cuarto propio le funciona como inspiración y oráculo, y le ofrece la oportunidad de pensar en otras formas posibles de vivir en el siglo XXI que se opongan al discurso neoconservador circundante y que sean modernas y posmodernas a la vez, pero, sobre todo, que nos ayuden a transitar la incertidumbre sin caer en un optimismo ingenuo ni en un pesimismo reaccionario.
Tras la publicación de la respuesta de Averroes en su Tahâfut al-Tahâfut (La refutación de la refutación), esta edición presenta la obra que originó aquel célebre debate: el Tahâfut al-Falâsifa (La refutación de los filósofos), compuesto por Abû Hâmid al-Ghazâlî, conocido como Algacel. Se ofrece aquí, por primera vez en español, una traducción íntegra y anotada de este texto decisivo para comprender el pensamiento islámico medieval y el trasfondo intelectual de la réplica averroísta.
Escrito a finales del siglo XI, el Tahâfut al-Falâsifa constituye un examen crítico de las doctrinas metafísicas defendidas por los filósofos de herencia griega, especialmente Avicena y al-Fârâbî. Algacel analiza cuestiones centrales, como la creación o eternidad del mundo; los atributos divinos; el conocimiento de Dios; la causalidad; la naturaleza del alma, y la resurrección de los cuerpos. Su objetivo es mostrar que la especulación filosófica, cuando sobrepasa ciertos límites y pretende resolver por sí sola los problemas últimos de la fe, incurre en contradicciones que afectan a los fundamentos de la religión revelada. El texto funciona también como una advertencia contra quienes, deslumbrados por la lógica y el prestigio de los sabios antiguos, adoptan sin examen crítico doctrinas ajenas al marco teológico del islam.
Pocos comentarios al padrenuestro revelan como el de Simone Weil la esencia de esta oración cristiana y universal.
En el verano de 1941, Simone Weil traduce el padrenuestro y lo aprende de memoria. «La dulzura infinita de aquel texto griego», escribirá más tarde, «me impresionó de tal modo que durante algunos días no pude dejar de repetirlo incesantemente». Era la primera vez en su vida que rezaba. La recitación del padrenuestro llegará a ser para ella un ejercicio privilegiado de atención sobrenatural. Su comentario constituye una preparación de la práctica de la oración. Fiel a su literalidad original, va desgranando su sentido palabra a palabra, petición a petición.
«Padre nuestro que estás en los cielos. Corte brusco, ruptura que nos enseña la diferencia que hay entre la naturaleza de lo necesario y la de lo bueno». (Simone Weil)
Publicado póstumamente por Albert Camus en 1949, Echar raíces es el escrito más importante de Simone Weil en su última etapa de Londres. Esta especie de memoria, destinada a la comisión de estudio de los problemas de posguerra creada en el seno de la Francia Combatiente, pretendía servir de inspiración para la reconstrucción moral y política del país. Basada en las nociones de obligación y arraigo, la reflexión de Simone Weil busca refundar la colectividad humana desde el lugar central que en ella deben ocupar las necesidades del alma.
De Echar raíces escribió T. S. Eliot: «Este libro pertenece a la categoría de los prolegómenos a la política que los políticos casi nunca leen y que, de hacerlo, la mayoría de ellos probablemente no entenderían o no sabrían cómo aplicar».
«Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos de futuro.
El ser humano tiene necesidad de echar múltiples raíces, de recibir la totalidad de su vida moral, intelectual y espiritual de los medios de que forma parte naturalmente.» (Simone Weil)
as cartas de Agustín de Hipona (354-430) poseen un inestimable valor biográfico que prolonga el relato de su vida contenido en las Confesiones. Entre el amplio corpus de su correspondencia, que alcanza a todo el Mediterráneo, destacan las cartas filosóficas, que permiten trazar la evolución intelectual de Agustín. Algunas pueden ser leídas como tratados independientes y tocan asuntos poco tratados en sus escritos o bien arrojan luz sobre obras determinadas, como La ciudad de Dios.
En sus cartas, Agustín argumenta y polemiza como filósofo, permitiendo un acceso distinto a su pensamiento.
«La Carta 118 a Dioscoro, un texto de Agustín que ha sido muy poco estudiado, es reconocido sin embargo como 'un monumento para la historia de las letras y la historia de la filosofía'».