Aclamado como un genio mesiánico y tildado al mismo tiempo de bufón imprudente, Elon Musk ha capturado el imaginario popular de nuestra era. Pero, más allá del personaje, Quinn Slobodian y Ben Tarnoff proponen una tesis inquietante: Musk no es una anomalía del sistema, sino su encarnación más lograda. Bajo esta premisa, su forma de operar definiría la economía del siglo xxi de la misma forma que el fordismo definió el capitalismo del siglo xx.
Heredero de la tecnocracia, el muskismo plantea gobiernos dirigidos como startups, equipados con software capaz de automatizar políticas a gran escala; promete soberanía individual a través de la tecnología ―la fusión creciente entre humanos y máquinas y la evaporación de buena parte del trabajo―; y ofrece seguridad en tiempos de crisis. A cambio, sin embargo, concentra el poder en las pocas manos de quienes poseen la infraestructura. Presentado como modernizador, este proyecto esconde en su interior un mecanismo que reactiva antiguas jerarquías.
¿De dónde vienen todas estas ideas? ¿Qué camino han seguido hasta llegar al corazón de la primera potencia mundial? La propuesta de este libro es que, para entender el mundo que Elon Musk aspira a construir, debemos entender primero los mundos que construyeron a Elon Musk. Desde Sudáfrica hasta Silicon Valley, de SpaceX a DOGE, de la ciencia ficción a los videojuegos y las redes sociales, sus páginas recorren las experiencias que han moldeado la visión de Musk para revelar la lógica política y económica que están adoptando los gobiernos y las corporaciones más poderosas del planeta. Muskismo no trata solo de un hombre, trata del mundo que está ayudando a transformar.
La pugna entre los líderes de extrema derecha y la población es una cuestión de sometimiento. Más allá de imponer salvaguardas morales que protejan la democracia, es necesario comprender qué vuelve a las personas vulnerables al fascismo, que dirige la frustración colectiva hacia la agresión contra colectivos específicos.
Con datos sólidos y una mirada ética, Julio Segarra denuncia un modelo que medicaliza el sufrimiento humano y desdibuja el cuidado, e invita a repensar la salud más allá del mercado y a recuperar su dimensión profundamente humana.
Sostiene en sus manos un artefacto altamente inflamable, cuyo contenido puede provocarle imaginar otro mundo posible, suponerle dificultades para el abatimiento o la apatía, así como incluir altas dosis de ánimo emancipador, audacia y de molesta conciencia. Abstenerse alérgicos al pensamiento crítico y a las ideas más bellas;
una vez en su mente, pueden suponer un viaje sin retorno. Porque el odio no se cura leyendo, pero sí es condición sine qua non para empezar a concebir caminos alternativos, disruptivos, radicales en sus propuestas, y así evitar un inminente Regreso al pasado.
Un retrato imprescindible de la violencia, el poder y la belleza de América Latina en este siglo.
Durante más de cuarenta años, Alma Guillermoprieto ha recorrido incansablemente Latinoamérica, entrevistando a asesinos y a las familias de sus víctimas, hablando con barrenderos y artistas, con ruidosos carnavaleros y religiosos circunspectos, con políticos reflexivos e histriónicos mandatarios. Guillermoprieto extrae lazos comunes entre personas y contextos diversos, como los efectos de la guerra contra las drogas en regiones rurales y empobrecidas o las experiencias de aquellos involucrados en la violencia de Estado o patrocinada por los cárteles. Al mismo tiempo, muestra cómo el arte de estas regiones traduce la nostalgia y el dolor en algo hermoso o cómo el periodismo puede levantar la voz contra la injusticia. En Esta improbable tierra prometida, su tercer volumen de crónicas, completa su complejo y siempre convincente retrato de la Latinoamérica de nuestro tiempo, en toda su tragedia y gloria y en una era de populismo y demagogia, e intenta, una vez más, responder a la gran pregunta sin resolver: ¿cómo cambiamos nuestro futuro para que no se parezca tanto a nuestro pasado?
Recuperamos el clásico de Viktor E. Frankl en el que reflexiona sobre el sentido que le damos a la vida.
Poniendo de manifiesto nuestro deseo inconsciente de descubrirle un sentido definitivo a la vida, tanto si este deriva de una fuente espiritual como si proviene de otro tipo de inspiración o influencia, el doctor Frankl aborda un tema de especial relevancia en un momento en el que la sensación de que nuestra vida carece de un significado auténtico ha penetrado considerablemente en los cimientos de la sociedad contemporánea.
Aunque la cultura actual parezca definitivamente sumida en la vulnerabilidad y la desesperación, el doctor Frankl demuestra de una forma brillante que el ser humano aún puede encontrar un sentido cierto a su vida cotidiana. Al tratar del «deseo de significado» como fuerza central motivadora y presentar evidencias específicas de que la vida puede hablarnos de su propio sentido en cualquier momento o situación, Frankl afirma que incluso aquellas personas que deben soportar sobre sus hombros la carga de la culpabilidad o que deben hacer frente a un sufrimiento inevitable disponen, en principio, de oportunidades para convertir sus súplicas en logros o, dicho de otro modo, su tragedia personal en un triunfo de la humanidad.