La felicidad se ejercita, se enseña y se aprende: este es el mensaje que promueve la denominada ciencia de la felicidad. Según esta, bastaría con aplicar sus técnicas para ser más productivos, saludables y crecer como personas. De hecho, sus promotores afirman, además, que la buena vida está al alcance de cualquiera. Algo similar ofrece la multimillonaria industria de la felicidad, que asegura tener las claves para que los individuos moldeen sus vidas a voluntad, transformen sus sentimientos negativos y saquen el mejor partido de sí mismos.
Pero ¿no estaremos, quizá, ante otra forma de convencernos de que el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad, la dicha y el sufrimiento son elecciones personales? ¿Y si la felicidad no fuese más que una mercancía y su búsqueda se hubiera convertido en un estilo de vida obsesivo y consumista? Más aún, ¿es posible que la felicidad, en su versión más tiránica y dictatorial, actúe hoy en día como una poderosa herramienta para controlar el modo de pensar, sentir y actuar de los ciudadanos en nombre de su propio bienestar?
Vivir sin jefes, trabajar desde la playa, ser tu propia marca… ¿La utopía de la generación online o la distopía de los algoritmos?
Internet nos prometió un sueño: trabajar desde cualquier lugar, tener horarios flexibles y convertir nuestras pasiones en una profesión. Pero bajo esa promesa se esconde una realidad más áspera: sueldos bajos, autoexplotación y la incertidumbre constante de no saber dónde termina el trabajo y empieza la vida. Esa fue la experiencia de Mar Manrique, recién graduada en Periodismo en plena pandemia, cuando las ofertas precarias y la falta de perspectivas la llevaron a crear Fleet Street, una newsletter sobre medios que empezó como un experimento personal y se convirtió en su trampolín profesional.
En un mundo que parece obsesionado con el apocalipsis, este libro es un antídoto contra el pesimismo.
Héctor Socas es un astrofísico reconocido especialmente por su empeño en humanizar y divulgar la ciencia. Desde la solvencia científica de quien se ha pasado la vida estudiando el universo y nuestro lugar en él, Horizontes de la civilización es una invitación a levantar la mirada, ampliar nuestra perspectiva y contemplar el futuro no como un oscuro abismo, sino como un paisaje infinito lleno de posibilidades.
Acoso, humillaciones, insultos… Conocemos bien estas lacras de la vida en sociedad, y nos esforzamos por combatirlas. Pero hay un caso que descuidamos: aquel en el que el agresor es uno mismo.
A menudo, en nuestra cabeza resuena una voz maliciosa que nos ataca, nos sermonea, nos menosprecia; una voz que nos dice que, hagamos lo que hagamos, estamos equivocados, que no merecemos nada bueno, que tenemos un defecto fundamental. Y habla especialmente fuerte cuando además formamos parte de una categoría dominada: mujeres, niños, minorías sexuales o raciales...
¿Vivimos en una simulación? Rizwan Virk, experto en computación del MIT, utiliza hallazgos y conceptos de las ciencias de la computación, de la IA, de los videojuegos, de la física cuántica y de la mística antigua para explicar por qué es posible que vivamos en una realidad simulada tipo Matrix. La teoría de la simulación explica algunos de los mayores misterios de la vida -la indeterminación cuántica, los universos paralelos o el entrelazamiento cuántico, por no hablar de preguntas eternas como la naturaleza de la religión y del más allá- en términos de información y computación.
¿Es la tecnología una amenaza para la humanidad o el corazón mismo de lo humano? ¿Por qué seguimos viendo lo «natural» como bueno y lo «artificial» como sospechoso?
En este ensayo audaz y original, Marcos Alonso nos invita a recorrer la larga historia de la desconfianza hacia las máquinas y lo artificial, desde la condena platónica de las técnicas en la antigua Grecia hasta los debates actuales sobre inteligencia artificial, biotecnología y transhumanismo.