Detrás de muchas de las obras que admiramos cuando visitamos el Louvre, el Museo Británico o el Met de Nueva York se oculta un pasado incómodo. Son piezas que desaparecieron de su lugar de origen, arrancadas de templos, tumbas o palacios, y que hoy se siguen reclamando.
Durante siglos, los grandes museos reunieron objetos procedentes de todos los rincones del planeta convencidos de estar preservando el patrimonio de la humanidad. Pero tras esa apariencia de universalidad se esconde una historia de conquistas, expolios y apropiaciones que todavía proyecta su sombra sobre nuestras instituciones culturales.
Este libro sigue el rastro de seis piezas emblemáticas —de los mármoles del Partenón al penacho de Moctezuma, los bronces de Benín y el busto de Nefertiti— para contar, con rigor y claridad, cómo llegaron a las salas de exposición en las que reposan y para abrir el debate sobre su restitución.
«¿Y si la identidad de los museos más importantes del planeta descansara sobre piezas que no deberían custodiar? El temblor que sacude a una de nuestras instituciones clave amenaza con alterar para siempre la visión que tenemos de nosotros mismos.
Nobuki, el hijo mediano de la familia Niré, lleva una vida feliz con su mujer y sus dos hijas pequeñas. La noticia de que van a tener un tercer hijo alegra aún más esta dulce existencia, en la que Nobuki alterna la vida familiar con su trabajo y su afición por la guitarra clásica. Lo único que ensombrece sus días es el alzhéimer de su madre, Fujiko: el avance de la enfermedad es tal que ya no reconoce ni a su propio hijo. De pronto, un día, en el cajón de su antiguo escritorio, que guarda con cariño desde su infancia, Nobuki descubre un diario íntimo. Es de su madre. Al empezar a leerlo, comprende que ella sintió la necesidad de registrar todo lo que temía olvidar cuando vio flaquear su memoria: su día a día, sus mejores recuerdos, pero también la ira o los miedos soterrados. Nobuki descubrirá así a una mujer, su propia madre, que, ahora que ya no puede contarle de viva voz su vida, lo hará a través de la palabra escrita.
El viejo escritorio es el cuarto título de la pentalogía de Aki Shimazaki en torno a la familia Niré, que en Suzuran se centró en la hermana menor, la ceramista, en Luna llena narró la historia de la entrañable pareja que forman los padres, y en Una joven en Tokio acercó a los lectores a la hija mayor de la familia, Kyoko.
En lo pequeño y lo insignificante: ahí es donde se esconde la vida, ahí es donde construye su nido. Nuestro narrador padece un extraño síndrome: sufre de empatía patológica, es capaz de adentrarse sin permiso en los recuerdos de los demás. Así, viaja de un recuerdo a otro, desde una feria rural búlgara en 1925 ―donde conoce a un minotauro― hasta el interior de la mente de una babosa que es devorada por su propio abuelo. A partir de esa materia insólita, Gueorgui Gospodínov construye en Física de la tristeza un prodigioso laberinto donde la memoria personal se funde con la historia colectiva. En parte relato de madurez, en parte crónica familiar y en parte reflexión sobre la vida en la Europa del siglo XX, la novela salta de época en época y de identidad en identidad, trazando un mapa de pérdidas, migraciones y nostalgias.
¿De qué sirve ser joven y tener sueños si has nacido en la época equivocada?
Sicilia, 1924.
Mientras el fascismo avanza, Nardina anhela estudiar Derecho, pero termina atrapada en un matrimonio impuesto para perpetuar la dinastía de los Cangialosi. Sabedda, marcada por la pobreza, queda embarazada de un barón sin poder cuidar al hijo que espera. Un plan de tintes mafiosos entrelazará para siempre los destinos de ambas jóvenes.
Sicilia, 1960.
Carlotta, inteligente y decidida, sueña con ejercer la abogacía, pero su época la relega al archivo notarial. Allí, un documento olvidado revela una acusación dolorosa: su abuela asegura que su madre no la alumbró, sino que la compró. Ese descubrimiento la impulsa a desenterrar los secretos que unen a Nardina y Sabedda y a enfrentarse a las sombras que el fascismo dejó en su familia y en su tierra.
«El sonido de cuerno que nos llega de Capo d’Orlando no es el olifante de un superviviente, sino una voz cuyo eco cada uno puede oír en sí mismo». Las palabras de Eugenio Montale precedieron la fortuna de los Cantos barrocos de Lucio Piccolo, que, presentados aquí junto a una amplia selección de sus poemas, cuentan ya con amplio reconocimiento en el ámbito de la poesía italiana de la segunda mitad del siglo XX. La continuidad del canto pleno y total, en que realidad y mito, naturaleza y sentimiento se funden más allá del tiempo y el espacio, los hermanan al resto de composiciones. Un regreso a la rústica Sicilia literaria, la misma de El Gatopardo de Tomasi di Lampedusa, con quien Piccolo está unido no sólo por lazos de sangre, sino también por íntimas correspondencias que tienen su origen en el ambiguo edén siciliano.
Mientras lidiamos con la inseguridad y la incertidumbre propias de la modernidad líquida, Bauman sostiene que nuestras identidades —sociopolíticas, culturales, profesionales, religiosas o sexuales— también están en un proceso de transformación constante y, hoy, son más frágiles que nunca: vivimos en una época de cambios rápidos y vínculos desechables —ya sea un coche, una prenda o incluso una pareja—, y como resultado, nuestras formas de ser se vuelven transitorias y difíciles de definir.
La identidad —una noción, por naturaleza, ambigua y escurridiza— se ha convertido en una clave para comprender la transformación de la vida social y la experiencia personal en nuestra época líquida. En este breve ensayo, Bauman profundiza con claridad en el análisis de este fenómeno.