Imagina que, antes de tu muerte, hubieras hecho todo lo que se te había dicho. Has trabajado siempre duro, has ahorrado dinero y has esperado con ilusión la independencia económica en el momento de la jubilación. Lo único que has malgastado a lo largo del camino ha sido tu vida. Morir con cero nos presenta una nueva filosofía sorprendente y provocadora, además de una guía práctica sobre cómo sacar el máximo provecho a tu dinero y a tu vida. Está pensado para quienes colocan las experiencias memorables para toda la vida muy por encima de la mera ganancia y acumulación de dinero para los llamados «años dorados». En resumen, Bill Perkins quiere rescatarte de la práctica del ahorro excesivo y de vivir de una forma mediocre. Independientemente de cuál sea tu edad, Morir con cero te enseñará el plan de Perkins para optimizar tu vida, etapa por etapa, de forma que te impliques del todo y que disfrutes de aquello por lo que has trabajado y ahorrado. Con la lectura de este libro, descubrirás cómo maximizar los momentos memorables de toda tu vida con el «agrupamiento de experiencias», cómo convertir tus ingresos en memorias de valor incalculable, siguiendo tu «curva del patrimonio neto», y sabrás si debes invertir en o retrasar una aventura importante basándote en tu «curva de gasto» y tu «curva de tasa de interés personal». Empleando sus propias experiencias de la vida, además de las historias inspiradoras y los relatos admonitorios de otras personas, y recurriendo a conocimientos reveladores sobre el tiempo, el dinero y la felicidad procedentes del mundo de la psicología y el de las finanzas, Perkins te aporta argumentos oportunos, convincentes y a contracorriente a favor de vivir a lo grande.
«Querida Matilda», escribí.
Dejé que mis palabras, todo aquello que quería decirle, fluyesen sobre el papel.
Y, cuando la tinta se secó, le entregué mi corazón al fuego.
Matilda, una diosa nacida entre las llamas del inframundo, ha sido bendecida con la noble magia de los mensajeros, por lo que es capaz de llevar cartas y secretos a través de los reinos; incluido su propio secreto: un chico mortal que aparece tan solo en sus sueños.
Hace diez años, Vincent de Beckett le escribió una carta a Matilda la noche más aciaga de su vida, suplicándole a la diosa con la que había entablado amistad en sueños que le brindase su ayuda. Pero sus plegarias no obtuvieron respuesta alguna, lo que endureció para siempre su corazón y acabó con su devoción por los dioses. Hasta que esa misma diosa apareció un día con una carta que contenía la promesa de un futuro más allá de los sueños, uno que podría reescribir los oscuros y sangrientos designios de los dioses. o acabar con ellos.
Poco se repara en el hecho de que la vida humana está regida por la escasez. Para un avezado observador esta es la ley fundamental que rige, no solo a la humanidad, sino también al reino animal, porque determina la diferencia entre la buena y la mala vida. Cuando la escasez más aprieta somos víctimas mortales de la pobreza material y nuestra existencia se debate entre la desesperada lucha por la supervivencia y la esperanza prolongada por una redención.
La carta que John William Polidori recibió en un sobre negro en la Villa Diodati fue el principio de su gloria y su condena. Todos conocían a Babette y Colette Lepetit, célebres por su hermosura y su lascivia, pero nadie hablaba de una tercera hermana: Annette, recluida en la sombra de su monstruosidad y el silencio. Ella lo eligió como confidente y, a cambio de un gesto de salvación, le confió un secreto prohibido: la trama oculta que lo consagraría como autor y marcaría los orígenes del género gótico. Polidori había llegado aquel verano de 1816 con la ilusión de brillar, aunque pronto quedó relegado al papel degradado de secretario de Lord Byron. Médico joven, sensible hasta la fragilidad, celoso hasta lo infantil, observaba a Byron, Percy y Mary Shelley, y a Claire Clairmont con fascinación y resentimiento. La tormenta dictó un desafío: escribir la historia más aterradora. De esas noches surgieron Frankenstein y, de su pluma inesperada, The Vampyre. Pero bajo esa máscara aniñada latía su propia maldición. En esta edición revisada y actualizada, Las piadosas confirma a Federico Andahazi como un narrador capaz de iluminar con maestría los pliegues más turbios de uno de los episodios más decisivos de la literatura universal. Una novela gótica que enlaza historia, deseo y horror en una trama inolvidable
En estos libros se da especial importancia a la ilustración para que los lectores más
pequeños aprendan a identificar los animales por sus nombres y a diferenciarlos según el entorno en el que viven. Así, en cada uno de ellos pueden contemplarse animales propios de un hábitat distinto, como la granja, el mar o el bosque.
Las alegres ilustraciones de Anna Lang, están pensadas para atraer la mirada de los niños pero, al mismo tiempo, muestran la forma y las características reales de criaturas tan distintas como la ballena, la jirafa, la ardilla, o el gallo.
En la Italia renacentista, Mateo Realdo Colón, un prestigioso anatomista, se enamora de Mona Sofía, la cortesana más codiciada de Venecia. Esa pasión imposible lo conduce a un territorio prohibido: la exploración del cuerpo y el alma de la mujer, con la obsesión de revelar el secreto del deseo y el amor. En su búsqueda, Colón se atreve a cruzar todos los límites. Experimenta con prostitutas, disecciona cadáveres y llega a un descubrimiento tan perturbador como fascinante: el Amor Veneris, "su dulce tierra hallada". Como su homónimo Cristóbal, también él encontró su América: un continente nuevo y diminuto, la llave capaz de abrir el corazón de las mujeres. Convencido de la trascendencia de su hallazgo, Colón intenta hacerlo público, pero pronto se enfrenta al poder implacable de la Inquisición. La pasión se transforma en riesgo y el saber, en una herejía capaz de costarle la vida. Atrapado entre la ciencia, el amor y el Santo Oficio, Mateo Colón deberá elegir qué precio está dispuesto a pagar por la verdad. Con El anatomista, Federico Andahazi recrea con maestría y audacia el clima de una época en la que el conocimiento podía condenar a la hoguera, y el placer convertirse en el mayor de los crímenes.