El duelo es una novela del escritor ruso Antón Chéjov. Publicada por primera vez en 1891 en el periódico Tiempo Nuevo, esta obra exhibe la prosa madura de Chéjov en un importante período de transición en la literatura y la cultura rusas.
La novela se sitúa entre el ocaso de la gran novela realista rusa y el auge de las tendencias vanguardistas que vendrían a definir la era modernista en vísperas de la Revolución Rusa. El duelo es una carta de amor a la literatura rusa del siglo XIX, que al mismo tiempo cita e imita los principales logros estilísticos literarios que la precedieron y marca el comienzo de un nuevo período, cuando las batallas ideológicas del pasado, representadas en la novela por un duelo real, ya han sido peleadas.
En la primera visita de cortesía que hace a sus nuevos vecinos, el joven Vladímir Petróvich, de dieciséis años, se enamora apasionadamente de la extravagante princesa Zinaída Aleksándrovna, la hija de esta familia aristocrática arruinada. Para él es la primera vez que experimenta todos los matices de este sentimiento: desde los nervios y la exultación hasta la vergüenza y la envidia. Porque no es el único que se siente atraído por la princesa: todo el vecindario ha se quedado prendado de ella y no han tardado en salirle pretendientes de todo tipo. Y entonces, en medio de agitadas tempestades internas, Vladimir experimentará una cruel revelación que cambiará para siempre la inocencia de su mirada.
El primer libro feminista de la historia.
La ciudad de las damas es la respuesta de Pizan al popular Roman de la Rose, de Guillaume de Lorris. Las afirmaciones que hay en este sobre las mujeres son combatidas por Pizan mediante una ciudad alegórica: Pizan defiende a las mujeres citando una amplia gama de figuras femeninas ilustres, que estarán «alojadas» en la Ciudad de las Damas. A medida que Pizan construye su ciudad, nombra a mujeres ilustres para defenderse de los argumentos misóginos vertidos por numerosos autores. Cada mujer nombrada es ejemplo de esa contraargumentación.
Cartas a Teresa recoge la correspondencia, hasta ahora inédita, sostenida entre Jorge Guillén y su hija Teresa entre 1948 y 1984. En 1947 fallece Germaine Cahen, la primera esposa del poeta, y desde ese momento, Teresa, la hija mayor del matrimonio, se erige como el soporte de la familia y de su padre; dada la distancia entre ellos, las cartas funcionan como principal canal en esta relación. El epistolario reúne centenares de misivas que se convierten en un valioso testimonio de la vida de Guillén tanto en el exilio (desde 1938 reside en Estados Unidos primero y en Italia, después) como en la etapa de regreso a España, entre 1977 y 1984, año de su fallecimiento. Las cartas nos acercan a su memoria familiar, a sus quehaceres cotidianos (preocupaciones, viajes, reuniones, gastos), a los trabajos ordinarios a los que obliga el oficio de escritor (composición de poemas, tratos con editores, correcciones de pruebas) o a las relaciones académicas y sociales que fue estableciendo a lo largo de su trayectoria profesional. Pero estas cartas son también un valioso testimonio de la figura de Teresa Guillén (Teresa Gilman, de casada), en su faceta no solo familiar sino también cultural e intelectual
A finales de enero de 1939, apenas dos meses antes del final de la guerra civil, un grupo de prisioneros franquistas es fusilado cerca la frontera francesa por soldados republicanos que huyen hacia el exilio. Entre esos prisioneros se halla Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de la Falange, poeta y futuro ministro de Franco, quien consigue milagrosamente escapar y ocultarse en el bosque mientras los republicanos lo persiguen; hasta que un soldado lo descubre, lo encañona y, mirándolo a los ojos, le perdona la vida.
Sesenta años más tarde, un novelista fracasado descubre por azar este enterrado episodio bélico y, fascinado por él, emprende una investigación para aclarar sus circunstancias y desentrañar su significado. ¿Quién era de verdad Rafael Sánchez Mazas? ¿Cuál fue su verdadera peripecia de guerra? ¿Quién fue el soldado que le dejó escapar? ¿Y por qué lo hizo? ¿Qué secreto escondía su mirada?
Novela revolucionaria y deslumbrante, Soldados de Salamina cosechó un extraordinario éxito de crítica y público y catapultó la carrera de uno de los novelistas más prestigiosos de la actual narrativa española. Desde entonces no ha dejado de leerse en todo el mundo con creciente admiración y catorce años más tarde sigue siendo, como afirmó Mario Vargas Llosa, «una de las grandes novelas de nuestro tiempo».
Todos estamos a dos pasos de desaparecer. Álex Gual ya los ha dado. Vive en un hotel llamado Excalibur, es abogado y se le da tan bien encontrar personas como perder cosas. Naufraga entre los restos de su relación con Lola K., una pintora en horas bajas, aunque lo que de verdad lo mantiene en pie es su vínculo con Señor Paco, el hombre que se maneja entre lo más turbio de la ciudad desde su local, el Donna Summer. Cuando la muerte de un jugador de rugby australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox, desatan la atención mediática, Señor Paco huele el negocio y usa a Álex para vender pruebas al mejor postor. Pero mientras intenta desvanecerse entre los objetos perdidos de la ciudad, Álex se ve arrastrado a la búsqueda de Cox, a una atracción inesperada por Inés, la camarera del Donna Summer, y a la dolorosa posibilidad de perder él cosas para volver a ser alguien.
En Objetos perdidos, Carlos Zanón se adentra en los rincones más oscuros de Barcelona con una historia que combina sensibilidad y crudeza, llena de suspense, por la que transitan personajes complejos y extraviados, víctimas de sus decisiones y de un entorno implacable. Con su prosa directa y precisa, Zanón convierte la ciudad en un personaje más, impregnando cada página de una melancolía urbana que permanece mucho después de cerrar el libro.
Viena, 1945. Las tropas aliadas han ocupado la capital austríaca y británicos, norteamericanos y soviéticos se la han repartido en sectores. El mercado negro florece. Un escritor mediocre, Rollo Martins, llega a la ciudad por invitación de su amigo de infancia Harry Lime, pero solo a tiempo para asistir a su funeral. Al parecer, Lime murió atropellado por un automóvil. ¿Acaso porque, según dice el mayor británico Calloway, se había convertido en el jefe sin escrúpulos de una banda que traficaba con medicamentos? Martins decide investigar por su cuenta, hasta que un misterioso personaje se cruza en su camino.
La ilustradora Annika Siems consigue recrear la atmósfera de la célebre adaptación cinematográfica, acompañando la novela de Greene de un sugerente juego de luces y sombras ejecutado con acuarelas. El telón de fondo ideal para el siniestro y apasionante juego de escondite entre Martins y el escurridizo «tercer hombre».
Un hombre y un ángel ante el espejo. Nada tan distinto. Al contemplarse en él, la realidad humana se evapora, mientras que la celeste proyecta su belleza angélica, pero renovada y grávida de sentido.
Sólo el amor tiene la capacidad de emparentar a los humanos con los ángeles. En esta tierra, los breves instantes que procura el amor conducen a los amantes ante las puertas de la plenitud del ser, donde los opuestos se reconcilian. En este territorio milagroso, la angustia ha perdido todo dominio, la vida y la muerte caminan de la mano y ninguna frontera es ya capaz de separar lo visible y lo invisible.
Heredero de la gran tradición lírica chilena ―reconocida anteriormente por el premio Reina Sofía en la figura de Gonzalo Rojas y Nicanor Parra―, su obra revela el aliento épico y la ambición de la totalidad presente en La Araucana de Ercilla y continuada con títulos como Altazor, de Vicente Huidobro o Canto general, de Pablo Neruda. Estas grandes creaciones, a las que habría que añadir otras universales como la Divina Comedia dantesca ―eje vertebrador de su escritura―, la Biblia, el Popol Vuh, Finnegans Wake, Pedro Páramo, los Cantos de Pound o las leyendas mapuches, dan idea de la magnitud de una poética enmarcada en la tradición de la ruptura pero, asimismo, deudora de los títulos mayores de la historia de la literatura, signada por la coherencia a lo largo de cincuenta años de carrera.