Entrar al mundo del “Labrador de palabras” es un viaje que
sorprende a cada paso cuando devela lugares, asociaciones,
tendencias y memorias que permiten entender la razón por la
que el lector se reconoce en muchos de sus poemas. Labrador
de palabras es poesía y testimonio.
En el poemario Ladran los huesos de Virgilio López Azuán hasta los huesos ladran, los sapos se asustan de los búhos, las escopetas disparan plumas y un verso puede tapar el sol. Se trata de una poesía que lo arrastra todo, los mundos humanos y los que se perciben más allá de la exposición de la imagen, de esa imagen creadora. Una realidad a veces popular y a veces estilizada.
En Lágrimas de guerra, Stanislaw reafirma su estilo literario verdaderamente vanguardista, peculiarísmo, conciso, deslumbrante, y sobre todo: acrobático. Realmente Stanislaw es un acróbata de la palabra dentro de contexto literario. Juega con las palabras artificiosamente, sin temor a dejarla caer. Nos encontramos ante una especie de Fidias de la literatura. La narrativa de Stanislaw está enmarcada a lo que es una nuava técnica de escribir cuentos. Con la temática de esta obra, muy poco cultivada en la cuentística dominicana, Stanislaw presenta 9 historias verdaderamente conmovedoras, narradas en exquisitas maestría, y cuyos conflictos abiertos, pueden dejar en trance catártico a cualquier amante del género. Del Golfo Pérsico a troya, en cronológica retrospectiva, lágrimas de guerra es un testimonio épico que describe con psicológica sutileza las experiencias del soldado que regresa del campo de batalla trastornado por los efectos traumáticos de la guerra.
Una ventana para mirar al mundo es este libro. Un camino hacia el amanecer y su adorable luz. Hay aves, hay gorjeos, un oscilante pino majestuoso y erguidos cocoteros contra la línea del horizonte azul, y siempre eterno. Las estaciones vienen también a la ventana y anidan en el pecho. Aquí atrapó al otoño. Hoja a hoja van cayendo los versos de este libro hacia el alma. Cada poema una lágrima, cada imagen un beso y una flor. Capa tras capa, la insolente nostalgia nos recuerda lo perenne y lo efímero. El sedimento se convierte en poesía. Amor y desamor transitan juntos, risa y llanto, exaltación y paz…
Los ocres de la estación más leve atrapan la belleza del mundo, que es capaz de impregnarse en la brizna, en el polen, en la oscura pupila de una grulla silvestre o en el arco de un ala, y también, en la gracia que mora hacia nuestro interior… El otoño es amigo. El otoño es poesía; por eso este poemario abriga la sensación de pérdida inminente que se percibe en su silencio; y, al mismo tiempo, la infinita esperanza de renacer que lo habita.
En la ruidosa y estricta casa de Don Enrico Russo, cinco hermanas se enfrentan a una vida marcada por el deber y el deseo. La rígida disciplina impuesta por su padre contrasta con los sueños y anhelos de cada una, pero todo cambia cuando un trágico e inesperado evento sacude los cimientos de la familia durante lo que parecía una escapada inocente.
Este suceso desencadena una cadena de decisiones y secretos que desafiarán la fortaleza de las hermanas Russo, obligándolas a confrontar los límites del amor, la lealtad y la tradición. Desde la Italia rural hasta los nuevos horizontes que prometen libertad, su historia revela las tensiones entre el pasado que las define y el futuro que las llama.
A través de una narrativa envolvente, Ericarol Carlo desempolva memorias familiares y las transforma en un relato lleno de intriga, emociones y sacrificios. Cada página lleva al lector por la intimidad de una familia que, a pesar de sus conflictos, busca encontrar la esperanza en medio del cambio.
Las Hijas de Enrico Russo es una invitación a explorar los secretos y dilemas que nos definen como humanos. Descubre esta historia que te atrapará desde el principio y que quedará
grabada en tu corazón mucho después de terminarla.
Lleva Di Pietro consagrados más de treinta años a la tarea de leer la novelística dominicana. En esta ardua tarea —pues arduo ha sido haber fatigado tantas novelas mediocres para hallar unas pocas páginas memorables—, siempre ha puesto altas dosis de pasión y honestidad: sus artículos suelen estar aderezados con unas gotas de irreverencia.
A Di Pietro se le podrá acusar de algunas cosas, pero jamás de no haber proclamado su verdad en sus escritos. En algunos círculos intelectuales se le ha llegado a tildar de bestia negra de la literatura dominicana, y existen personajes a quienes la sola mención de su nombre provoca urticaria.
Desde las primeras líneas de esta novela ambientada en Santo Domingo en el lapso de la revolución de abril de 1965, Juan Carlos Mieses nos arrastra hacia el mundo de ayer que sobrevive en la memoria y en el corazón del narrador: un hombre, que al final de un largo exilio, regresa a su ciudad natal "como un triste viajero del tiempo, sin sospechar que sólo en el recuerdo las cosas no cambiaban, que únicamente en la añoranza era inmutable la continuidad del pasado." En esta estremecedora y sorprendente narración —en la cual la ternura convive con la impiedad— ese hombre que había "venido a recuperar su memoria y había tropezado con una ilusión, con un juego de luces y de sombras", recrea con la inevitable y entusiasta complicidad del lector los momentos más dramáticos de su vida; aquellos que definieron para siempre su destino.