La erosión aprendida no habla del golpe, sino del roce.
No del quiebre visible, sino de aquello que se va afinando hasta
parecer normal.
En estos textos, Elsa Báez escribe desde un territorio donde el
daño no irrumpe: se enseña. Los vínculos, el amor, la costum
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bre, incluso el cuidado, aparecen como espacios donde el cuerpo
y la conciencia aprenden a ceder, a callar, a sostener lo insos
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tenible con una obediencia casi amorosa. No hay estridencia ni
denuncia directa; hay una voz que observa cómo la desapa
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rición puede convertirse en método.
Este libro no ofrece consuelo ni respuestas cerradas. Propone, en
cambio, una lectura incómoda: la de reconocernos en los gestos
mínimos de la renuncia cotidiana, en esa pedagogía silenciosa
que nos forma para resistir incluso cuando resistir significa
perderse.
Con una escritura contenida, precisa y profundamente corporal,
La erosión aprendida es un mapa del desgaste íntimo y una
invitación a nombrar aquello que, por haber sido aprendido,
parecía inevitable.
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