Jane Austen empezó a escribir Orgullo y prejuicio cuando tenía apenas veinte años, pero no la publicaría hasta diecisiete años más tarde, en 1813. Considerada una de las primeras comedias románticas de la historia de la literatura, los enredos y malentendidos se entrelazan con un perspicaz análisis de la sociedad inglesa cargado de ironía e ingenio. La señora Bennet busca asegurarles un futuro próspero a sus cinco hijas por medio de un buen casamiento. La segunda hija, Lizzy, tiene muy claro que entre sus pretendientes no va a estar Fitzwilliam Darcy, el hombre más arrogante y engreído que ha conocido jamás.
A lo largo de una trama que discurre con gran ritmo y precisión, Jane Austen reúne una galería de personajes característicos de toda una época: la dama empeñada en casar a sus hijas con el mejor partido de la región, las hermanas que se debaten con sus vaivenes sentimentales, el clérigo adulador que peca de oportunista... El estudio de caracteres y el análisis de las relaciones humanas basadas en la costumbre, elementos esenciales de la narrativa de la autora, alcanzan en Orgullo y prejuicio cotas de maestría insuperable.
La presente edición incluye una detallada cronología de la autora. Asimismo, recupera la introducción original en Penguin Clásicos de Tony Tanner, que desarrolló su carrera como catedrático de literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Cambridge, y cuyas agudas reflexiones sobre Jane Austen son la mejor guía para adentrarse en el universo literario de esta autora.
El gran deseo y afán de la señora Bennet es casar a sus cinco hijas ventajosamente para asegurar su futuro incierto. Por ello, cuando llega a la zona el señor Bingley, un joven acaudalado y soltero que alquila la imponente finca de Netherfield, está convencida de que conseguirá sellar una unión favorable con una de ellas. La novela inicia a lo largo de esa temporada de bailes y se centra en los romances y los compromisos de las jóvenes Bennet, pero también desgrana las consecuencias de esas elecciones y la gran responsabilidad e importancia de elegir marido para las mujeres entonces. En esta novela, Jane Austen presenta un análisis preciso e irónico del amor a principios de s. XIX.
A lo largo de una trama que discurre con gran ritmo y precisión, Jane Austen reúne una galería de personajes característicos de toda una época: la dama empeñada en casar a sus hijas con el mejor partido de la región, las hermanas que se debaten con sus vaivenes sentimentales, el clérigo adulador que peca de oportunista... El estudio de caracteres y el análisis de las relaciones humanas basadas en la costumbre, elementos esenciales de la narrativa de la autora, alcanzan en Orgullo y prejuicio cotas de maestría insuperable.
UN CLÁSICO INCONTESTABLE DE LA LITERATURA INGLESA.
A pesar de marcar un antes y un después en la literatura inglesa, Jane Austen jamás pudo ver su nombre impreso en la cubierta de sus obras. El impacto de esta paradoja se acentúa al leer las páginas de Orgullo y prejuicio, quizá su cumbre narrativa, gracias a su insólita modernidad, el refinado retrato de una época opresiva para las mujeres y, sobre todo, unos personajes de una riqueza que aún hoy sigue siendo admirable.
Publicada originalmente en 1813, la novela es un cuadro de costumbres en el que las obsesiones sentimentales y sociales de la Inglaterra decimonónica se muestran con ironía y una perfeccción insuperable.
La librería de segunda mano de Erin Coleridge en Kirkbymoorside es el lugar donde se reúne cada mes la Jane Austen Society. La última reunión termina de forma trágica cuando Sylvia Pemberthy aparece muerta tras la pausa para el té. Esto, sumado a una violenta discusión en otra de las quedadas, hace que todos los miembros de la sociedad se conviertan en sospechosos. Tras un segundo intento de asesinato, su amiga Farnsworth convence a Erin de poner sus dotes de criminóloga aficionada al servicio de la justicia y colaborar con el atractivo inspector Peter Hemming en la investigación. ¿Lograrán atrapar al asesino? ¿O tendrán que lamentar más víctimas? Erin deberá demostrar que el orgullo no nubla el juicio, el prejuicio no impide la justicia, y la persuasión, con algo de sensibilidad, nos pueden llevar a la verdad.