Joven agraciado y bellísimo, dotado de «toda la pasión del espíritu romántico y toda la perfección de lo griego», Dorian Gray es, cuando lo retrata el distinguido pintor Basil Hallward, la encarnación de la armonía vital incorrupta. Sin embargo, inevitablemente, las pasiones, la maldad, el impetuoso torrente de la vida, irrumpen en su existencia. Para su asombro, Gray descubre que es su retrato quien va asumiendo su deterioro físico y moral, protegiendo, en apariencia, su inmaculada imagen. Publicada en 1890, "El retrato de Dorian Gray" supuso el salto a la fama y la popularidad de Oscar Wilde (1854-1900), quien bajo el disfraz de una historia de atracción irresistible, desarrolla a la vez una fábula en torno al ser y la apariencia, la realidad y la imagen, la vida y el arte.
Basil Hallward había terminado el retrato. El joven Dorian, al verlo, no pudo más que desear, desde su frívola inocencia, que fuera su imagen la que envejeciera y se corrompiera con el paso de los años mientras él permanecía intacto. Y así fue: a partir de entonces, Dorian Gray conservó no solo la lozanía y la hermosura propias de la juventud, sino el aspecto puro de los inocentes. Pero ¿a qué precio?
Era como si el cuadro la hubiera llamado, obligándola a detenerse. Y al leer la inscripción del dorso, «Rose Madder», supo que tenía que ser suyo, el adorno perfecto para su recién estrenado hogar de mujer libre.
Tras años de maltratos, por fin Rosie Daniels había abandonado a su marido y emprendido una nueva vida en otra ciudad.
Pero es muy difícil no dejar pistas, y Norman, el brutal policía con quien se había casado, inicia la caza sistemática e implacable de su mujer. Cada vez está más y más cerca, y Rosie advierte, no sin temor, que su única aliada es esa figura pintada en el cuadro, que la invita a pasar a su lado de la realidad.
Cuando Roman Carruthers, el hijo mayor de la familia y un genio de las finanzas, vuelve a casa tras el accidente de coche de su padre, se encuentra a su hermano pequeño, Dante, endeudado con criminales peligrosos, y a su hermana Neveah agotada de mantener unida a la familia y su negocio. Neveah, que dirige el Crematorio Carruthers en Jefferson Run, ve la muerte de cerca todos los días. Pero la mortalidad se acerca aún más a la familia cuando queda claro que el accidente que dejó a su padre en coma no fue tal, y que la imprudencia de Dante los ha puesto a todos en un verdadero peligro. Roman está dispuesto a cualquier cosa para ayudar a su hermano y a su familia a salir del apuro, y cuando sus monedas de cambio se esfuman, sólo le queda una cosa que ofrecer para salvarlos: él mismo.
UNA TRAGEDIA INTENSA, PROFUNDA Y TAN HUMANA COMO EL AMOR Y EL DESENGAÑO.
Cuando el anciano rey Lear decide repartir su reino entre sus tres hijas, plantea una prueba que parece inocente: que cada una le diga cuánto le quiere. Pero ese gesto, tan sencillo y familiar, desencadena un derrumbe emocional y político que lo cambiará todo. Traicionado por las hijas en las que confía y ciego ante quienes de verdad lo aman, Lear se ve obligado a abandonar sus certezas y a enfrentarse a una tormenta exterior e interior. En su camino, descubre lo frágiles que son los vínculos más íntimos y cómo la ambición, el orgullo y el miedo pueden desgarrar a una familia.
El rey Lear es una de las grandes historias sobre padres e hijos, sobre el amor que se da por hecho y sobre aquello que perdemos cuando dejamos de escucharnos. Una obra conmovedora, lúcida y ferozmente humana que sigue interrogándonos, conmoviendo y estremeciéndonos cuatro siglos después.
Al recién llegado David F. Wallace los agentes del Centro Regional de Examen de la Agencia Tributaria de Peoria, Illinois, le parecen de lo más normal. A medida que se adentra en la tediosa y repetitiva rutina de su trabajo, conocerá la magnífica variedad de personalidades que han sentido la llamada de hacienda. Su llegada coincide, además, con el recrudecimiento de fuerzas conspiratorias que pugnan por despojar el trabajo del rastro de humanidad y dignidad que todavía queda.