En este libro encontrarás 113 retos y aventuras INDISPENSABLES que deberías vivir antes de llegar al instituto. ¿O es que ya has dormido bajo las estrellas, aprendido a cantar en japonésm sido DJ en una fiesta o montado en una limusina? ¿NO? ¿A QUÉ ESPERAS? ¡EL TIEMPO SE ACABA!
El segundo volumen de la serie Empíreo tras Alas de sangre.
El fenómeno juvenil de fantasía del que todo el mundo habla.
Todos esperaban que Violet Sorrengail muriera durante su primer año en el Colegio de Guerra Basgiath, incluso ella misma. Pero la Trilla fue tan solo la primera de una serie de pruebas imposibles destinadas a deshacerse de los indignos y los desafortunados.
Ahora comienza el verdadero entrenamiento, y Violet no sabe cómo logrará superarlo. No solo porque es brutal y agotador o porque está diseñado para llevar al límite el umbral del dolor de los jinetes, sino porque el nuevo vicecomandante está empeñado en demostrarle lo débil que es, a menos que traicione al hombre al que ama. La voluntad de sobrevivir no será suficiente este año, porque Violet conoce el secreto que se oculta entre los muros del colegio, y nada, ni siquiera el fuego de dragón, será suficiente para salvarlos.
Ellery es nueva en Echo Ridges, pero ya lo sabe todo sobre el pueblo. Aquí, a veces, las chicas desaparecen... y sus asesinatos siguen sin resolverse. Aunque las clases no han empezado aún, la futura reina del baile ha sido amenazada y una chica ha desaparecido# y todo apunta a que Ellery también está peligro. Y es que en Echo Ridges, todo el mundo tiene un secreto, y algunos secretos son peligrosos...
Almas perdidas. Vampiros y romance...
Un amor imposible. Un curel destino.
Desde que la convirtieron en vampiro, Morgan lucha por conservar su humanidad en un mundo plagado de criaturas oscuras. Está destinada a ser enemiga mortal de Shadow, un poderoso Purasangre. Pero cuando sus caminos se crucen, descubrirá que ese cruel vampiro puede ser la clave para encontrar las respuestas que tanto tiempo lleva buscando.
«Fuiste mi castigo, eres mi tortura y serás mi verdugo».
"No tengas miedo", le susurré. "Somos como una sola persona". De pronto me ebrumó la realidad de mis palabras. Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a dudas. Me rodeó con los brazos, me estrechó contra él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia. "Para siempre", concluyó.