Entre 1835 y 1842, el escándalo se ensañó con dos clérigos de la ciudad portuaria de Königsberg, a orillas del Báltico. Aquello destruyó la reputación de ambos, les desposeyó de sus empleos, dio con ellos en la cárcel y los desterró de la vida pública. Su absolución judicial de las acusaciones más graves formuladas contra ellos llegó demasiado tarde para revertir el daño. Llevo pensando en aquel pequeño vórtice de turbulencias desde que me topé por casualidad con los expedientes pertinentes a principios de la década de 1990. La campaña de denuncias y de rumores que tumbó a los predicadores luteranos Johann Ebel y Heinrich Diestel pertenece a una era anterior a la aparición de los paparazzi, de la radio, de la televisión y de los medios sociales digitales, pero eso es precisamente lo que confiere a su historia la fuerza de una fábula. Las similitudes con personas y situaciones de la actualidad, aunque no intencionadas, tampoco pueden descartarse.'
Pocas obras pueden presumir con tanta autoridad de haber determinado el curso de la historia como el Manifiesto comunista de Karl Marx y Friedrich Engels. Desde que sacudió por primera vez el orden imperante en 1848, este incendiario panfleto nunca ha dejado de calentar los corazones de quienes sueñan con un mundo mejor. Tampoco ha dejado de alimentar las pesadillas de quienes coronan un sistema social enormemente injusto.
En esta introducción sorprendentemente imaginativa, China Miéville construye una guía para entender el Manifiesto y los muchos espectros que ha conjurado. A través de su lectura única y poco ortodoxa, Miéville ofrece una encendida defensa de la perdurable relevancia de las ideas de Marx y Engels. Presentada junto con el texto completo del Manifiesto comunista, la guía de Miéville tiene algo que ofrecer a los lectores noveles, a los partidarios de la revolución e incluso a los escépticos más duros de mollera.
Antes de que Picasso se convirtiera en Picasso, el icónico artista que es hoy una de las figuras más destacadas del mundo, la policía lo tenía bajo constante escrutinio. En medio de las tensiones políticas de la primavera de 1901, los servicios de seguridad le señalaron como anarquista. Esta se convertiría en la primera de las muchas entradas que llegarían a formar un extenso expediente policial.
Aunque no tardó en convertirse en el líder de la vanguardia cubista ni en lograr grandes retribuciones por sus obras a medida que su reputación crecía en todo el mundo, el arte de Picasso quedó excluido en gran medida de las colecciones públicas en Francia durante unas cuatro décadas. Al genio que concibió el Guernica como una declaración visceral contra el fascismo en 1937 se le negó la ciudadanía francesa incluso tres años después, en vísperas de la ocupación nazi. En un país en el que la policía y la conservadora Academia de Bellas Artes representaban dos de los principales pilares de la oligarquía de la época, Picasso se enfrentó a un triple estigma: el de extranjero, ideólogo radical y artista de vanguardia. Un extranjero llamado Picasso aborda la carrera y la obra del artista desde un ángulo completamente nuevo, basado en unas extensas fuentes de archivo que, a pesar de ser fascinantes, se han desoído durante demasiado tiempo.
En esta innovadora narración, Picasso emerge como un artista adelantado a su tiempo tanto estética como políticamente, un artista que ignoró las costumbres nacionales en favor de las formas cosmopolitas contemporáneas. Eligió el sur antes que al norte, las provincias a la capital y los artesanos a los académicos, al tiempo que alcanzaba una gran fama.