«El nacionalismo es sin duda la más poderosa y quizás la más destructiva fuerza de nuestro tiempo. Si existe el peligro de aniquilación total de la humanidad, lo más probable es que dicha aniquilación provenga de un estallido irracional de odio contra un enemigo u opresor de la nación real o imaginario […]. Quizás la humanidad viva lo suficiente para ver el día en que el nacionalismo parezca absurdo y remoto, pero para ello deberemos entenderlo y no subestimarlo; y es que aquello que no es comprendido no puede ser controlado: domina a los hombres en lugar de ser dominado por ellos.»
Plutarco fundó en su ciudad natal un espacio de debate y discusión, a imagen y semejanza de la célebre Academia de Platón, de donde surgieron las tres obras aquí reunidas: «Cómo sacar provecho de los enemigos», «Cómo distinguir a un adulador» y «Sobre la abundancia de amigos». En ellas el filósofo nos enseña a escuchar a los adversarios –hábiles detectores de nuestras debilidades– y a desconfiar de nuestro amor propio –el defecto más útil para los aduladores–, pues solo así sabremos distinguir la verdadera amistad: aquella en la que encontraremos virtud en la honestidad y deleite en el diálogo.
Un bien exquisito que exige espacio, tiempo y cuidado.
«El hombre inteligente saca provecho incluso de los que difieren de él, pues es imposible vivir sin enemigos».
La belleza: ¿un fenómeno natural o cultural? ¿Nacemos con una predisposición hacia lo bello o se nos enseña a apreciarlo? ¿De qué manera nuestras herramientas de representación van orientando e influenciando el gusto? ¿Qué impulsa realmente a la humanidad a modificar su apariencia?
Son algunas de las cuestiones que vertebran este ensayo de Naief Yehya sobre la belleza humana, más en particular la femenina, que parte de la certeza de que la apariencia ocupa un lugar crucial en nuestras vidas y opera como un «campo gravitacional» que distorsiona percepciones y moldea comportamientos. Trazando un arco fascinante desde la prehistoria hasta la era de Instagram, de los primeros pigmentos y ornamentos corporales a la cirugía genética, Yehya demuestra que la tecnología ha sido siempre el mediador clave en la construcción de ideales de belleza: cada época utiliza las herramientas disponibles para moldear el cuerpo y el rostro según sus valores culturales, hasta el punto que el ser humano contemporáneo se ha convertido en un cíborg que fusiona biología y tecnología en una búsqueda incesante de perfección estética. Por su parte, el capitalismo ha mercantilizado sistemáticamente esta búsqueda ancestral de lo bello, creando una industria que se alimenta de la inseguridad para vender la promesa de una felicidad alcanzable a través del consumo.