De todos los grandes forajidos del Viejo Oeste ninguno ha dejado una huella más duradera que William H. Bonney, también conocido como Billy the Kid. Algunos creen que su leyenda comenzó cuando murió a manos de Pat Garrett en la noche del 14 de julio de 1881, otros piensan que fue con su increíble huida de la prisión de Lincoln unos meses antes, mientras que, para otros, su origen está en la publicación del libro de Noble Burns en 1926. Esta temprana biografía, en parte novelada, fue escrita cuando el Kid aún vivía en la memoria colectiva de muchos participantes directos en los acontecimientos, con los que Burns se entrevistó.
No hay lugar para un cerebro lúcido en un cuerpo agotado ni para una vida en calma en una sociedad enferma.
Durante décadas hemos separado la mente del cuerpo como si fueran piezas separadas. Médicos y psicólogos suelen tratar síntomas aislados sin atender al cuadro general ni indagar en las verdaderas causas de nuestro malestar.
José Luis Marín, uno de los médicos psicoterapeutas más respetados de nuestro país, desafía la visión dominante: no hay salud mental; solo hay una salud, donde la biología, las emociones y el contexto social están profundamente entrelazados.
Partiendo de su dilatada experiencia, el doctor Marín recorre la historia de la psiquiatría desde el auge cientificista de los años setenta y la fiebre de la serotonina que él mismo secundó en sus inicios, pasando por la «invención» de trastornos mentales, hasta la progresiva psiquiatrización de la vida cotidiana.
Con lucidez, valentía y esperanza, propone un cambio de paradigma radical: dejar de tratar los síntomas y empezar a cuidar a las personas. Un libro imprescindible para comprender por qué nos sentimos mal y qué necesitamos para vivir mejor.
La estética de lo bello es un fenómeno genuinamente moderno. Lo pulido, lo liso, lo impecable, son la seña de identidad de nuestra época. Son lo que tienen en común las esculturas de Jeff Koons, los smartphones y la depilación. Estas cualidades ponen en evidencia el actual “exceso de positividad” del que habla Han en otros ensayos, pero que aquí enfoca y desarrolla en el campo del arte y de la estética.
¿Por qué hoy en día gusta tanto «lo pulido»? Porque no daña, no ofrece resistencia. Lo bello digital constituye el espacio de lo igual, que no tolera ninguna extrañeza, ninguna alteridad, ninguna negatividad. Lo bello natural se ha atrofiado en lo bello digital, convertido en objeto del «me gusta», algo arbitrario y placentero que se mide por su inmediatez y su valor de consumo. Pero sin la negatividad de lo otro, el acceso a lo bello natural queda obturado y se anula la distancia contemplativa. La belleza no es un brillo momentáneo ni se la encuentra en un contacto inmediato; alumbra en silencio, a través de rodeos; acontece como reencuentro y reconocimiento.