La figura del detective privado ha cautivado al público desde el siglo XIX, envuelta en un halo de misterio y riesgo inmortalizado por la literatura y el cine. Sin embargo, detrás del mito y el glamour de Hollywood, se esconde un empleo que exige una formación rigurosa, un profundo conocimiento de la ley y una habilidad excepcional para navegar entre la realidad y la ficción.
La conflictiva relación que Bakunin y Marx mantuvieron al calor de lo que hoy llamamos Primera Internacional aconseja, un siglo y medio después, una valoración de sus consecuencias en los ámbitos más dispares. En esta obra se estudian los caracteres personales de esos dos revolucionarios, los desencuentros que protagonizaron en aquellos años y, en particular, el legado que han dejado en terrenos como los relativos a la centralización, la vida política convencional, el Estado o la transición revolucionaria. A esos desencuentros se sumaron el papel de sabios e intelectuales, la condición de los campesinos, el desarrollo histórico del capital, las sociedades precapitalistas o el conocimiento social. El libro incorpora también una valoración de algunas de las secuelas que el debate en cuestión ha legado con el paso de las décadas, al tiempo que aporta una prolija bibliografía sobre estas discusiones.
Existe la opinión generalizada de que España no tiene una filosofía propia, cuando lo cierto es que lo mejor de la filosofía española se encuentra diseminado en su literatura. Prueba fehaciente de ello es Baltasar Gracián, «padre de filósofos», como lo llamó Schopenhauer. En un mundo carente de orden y sentido como el Barroco, el jesuita aragonés proporciona todo un arte de saber vivir, una antropología existencial del hacerse persona que se funda en la autoafirmación personal. ¿Cómo se llega a ser lo que se es? He aquí el leitmotiv de toda la obra graciana: la filosofía como manual de comportamiento en tiempos de crisis. El hombre prudente de Gracián aspira a crear sentido en medio del «sin-sentido», y hacerlo con medios humanos (como si no hubiese divinos), con la sola fuerza de su agudeza y de su ingenio. Si bien es cierto que el héroe graciano no está solo: su soledad es una soledad compartida. Por eso todo proyecto de realización personal debe hacerse valer en el gran teatro del mundo. La actualidad de Gracián no se agota en el largo siglo xvii, y no es casual que su obra haya logrado saborear las mieles del éxito en Wall Street.