«Hablar de extrarradio y de periferia significa hablar de clase obrera, de bloques de ladrillo y hormigón, de toldos verdes comidos por el sol, de pisos sin ascensor y de cierto porcentaje considerable de población migrante en edad de trabajar. Aunque se conocen como barrios de clase trabajadora, también los habitan muchas personas sin empleo que se arriesgan a perder una muela por no poder empastarla».
Mientras que la literatura obrerista se ha encargado de romantizar el mono azul de trabajo y la academia feminista aboga por romper techos de cristal, las condiciones de quienes se encargan de lavar los primeros y barrer los segundos han quedado totalmente descuidadas y olvidadas. Cargadas de razones y muy cansadas de cuidar para que otras concilien, un centenar de Hijas del hormigón le han contado a la politóloga Aida dos Santos su día a día, porque la precariedad y las privaciones no siempre las recoge la estadística. Ahí donde leas «Esto a mí también me pasa» y asientas en silencio estará la prueba de que lo que te atraviesa a ti, nos limita a todas.
Hijas del miedo es un libro escrito por juezas en el que se recopilan relatos reales de mujeres víctimas de violencia de genero. Las protagonistas comparten cómo se sienten al enfrentarse a las agresiones y el temor de que la justicia no les crea ni actúe para protegerlas. A traves de los relatos, las expertas denuncian la violencia contra las mujeres a nivel mundial y exigen políticas efectivas para su erradicación, visibilizando el sufrimiento y luchando por un cambio profundo en el sistema judicial y social.
El relato de la generación que lo cambiará todo.
El mundo se asoma al abismo. Cuando el motor que había impulsado dos siglos de progreso y democracia se detuvo, hace veinticinco años, las grandes promesas del siglo XX comenzaron a desmoronarse. Por esas grietas se han ido abriendo paso el extremismo y un malestar difuso, pero atronador.
En medio de ese colapso se quedaron atrapados los Hijos del optimismo, los miembros de una generación que se hizo mayor con la misión de construir una "sociedad del conocimiento" y terminó convertida en chivo expiatorio cuando aquel proyecto se vio truncado. Hoy son los sospechosos habituales cada vez que se busca señalar a quienes nos han llevado al callejón sin salida en el que ahora estamos.
Y es cierto, los haters tienen razón: los Hijos del optimismo acabaron con la economía industrial. Pero no por vagos o irresponsables, sino precisamente porque cumplieron con su mandato: se alzaron como «la generación más preparada de la historia» y emprendieron una transformación inédita. En realidad, inauguraron un mundo nuevo en el que las coordenadas del anterior ya no funcionan.
Tienes en tus manos un libro que es una brújula de esta realidad emergente: para comprender de dónde venimos, adónde vamos y las grandes oportunidades que se abren ante nosotros.