«El ser humano es ahora víctima de su propia tecnología», afirmó Aldous Huxley en una entrevista a la BBC en 1961, dos años antes de morir. Célebre por su novela distópica Un mundo feliz, Huxley fue también un lúcido crítico de la civilización industrial. Desde el comienzo de su carrera de escritor, se mostró preocupado por la relación entre el progreso científico y la sociedad humana.
Los ensayos reunidos en El precio del progreso, escritos entre 1946 y 1962, muestran cómo Huxley puso por delante de cualquier otro factor para el cambio, la necesidad de cuestionar el dogma del progreso científico y tecnológico. Supo desvelar el peligro inherente a la transformación social en Occidente si dicha transformación, independientemente de su naturaleza política, no tenía en cuenta en qué medida la industrialización y la tecnología suponían amenazas patentes para la emancipación total de las comunidades humanas.
¿Quiénes seremos? ¿Qué clase de personas seremos tras estos días, después de haber visto lo que hemos visto? ¿Desde qué punto se podrá empezar de nuevo tras la destrucción y la aniquilación de tantas y tantas cosas en las que creíamos y de las que estábamos seguros?
Durante años, David Grossman ha comentado en los medios «la situación» entre Israel y Palestina. Sin embargo, tras el horrible atentadoterrorista del 7 de octubre de 2023 y los acontecimientos posteriores, ¿se puede hacer algo que no sea expresar desesperación? El escritor israelí, histórico defensor de la coexistencia pacífica entre ambos territorios, publicó dos días después del ataque un texto en el que analizaba cómo se pudo llegar tan lejos. El ensayo, que abre este libro, ya es un texto de referencia, y plantea cuestiones tan necesarias como: ¿Por qué ha ocurrido esta masacre en suelo israelí? ¿Por qué el gobierno de Netanyahu, abducido por sus escándalos, ha perdido de vista a los palestinos de Gaza? ¿Quiénes serán los israelíes después de la tragedia?
La vasta experiencia política de Maquiavelo en la República de Florencia, sumada a su talento literario, dio pie a El príncipe, una obra visionaria tan válida hoy como en el momento en que la escribió. Su inspirado y muy sincero análisis de las cualidades que debe atesorar un gobernante y cómo debe ejercerse el poder se aleja del idealismo y la moral tradicional para mostrarse implacable en sus propuestas, tan radicales como pragmáticas.