Primero llega la muerte y después el duelo, la desolación infinita.
Casi siempre acompañada de dolor, desconcierto y la pena y la tristeza más absolutas. También de intentos de consuelo, sin excepción destinados al fracaso.
Nada nos prepara para la pérdida, por más que la razón nos diga que es una posibilidad. Y la realidad es que, si llega, no sabemos cómo afrontarla.
El diálogo entre ciencia y filosofía tuvo un momento privilegiado en 1922, cuando Einstein presentó su teoría de la relatividad en París y generó en Bergson la necesidad de responder a los retos metafísicos que planteaba.
Se considera a Friedrich Nietzsche el filósofo moderno más fascinante para los lectores. Sin duda, su capacidad para crear un sistema filosófico radical, acuñando conceptos tan iconoclastas como los de superhombre, voluntad de poder o muerte de Dios, explica en gran medida su fama. Pero acceder y profundizar en sus aguas exige cierta preparación, y para ello nada mejor que Ecce Homo. Cómo llega uno a ser lo que es.
Escrito en 1888, este es el ejercicio del filósofo que destripa las claves de su pensamiento y de su obra, en una suerte de relato autobibliográfico que brama contra los ideales obsoletos de su época.