El emperador Marco Aurelio Antonino fue consignando en privado este ejemplo único de escritura de sí y sobre sí, enmarcado en la filosofía estoica, durante los años en los que comenzó la decadencia de Roma. Al margen de la corte, la púrpura y las convulsiones de la época en la que fue redactado este diario de mejora personal, sus hondas reflexiones apuntan a la constitución desnuda de cualquier ser humano.
Durante el año académico 1960-1961, Jacques Derrida, entonces asistente de filosofía general y lógica en La Sorbona, lleva a cabo una lectura de la frase de Alain: «Pensar es decir no».
Este curso magistral de cuatro sesiones muestra ya los signos de la escritura deconstructiva que estaría por venir. En él, Derrida desmonta qué queremos decir cuando decimos «sí» o «no», además de formular y plantear por primera vez el binomio «sí no», elemento básico y originario del acto de pensar.
Frente a este texto, se tiene la impresión de estar ante cuestiones fundamentales del pensamiento de Derrida, que aún hoy conservan su relevancia en una época en la que a menudo resulta difícil distinguir entre pensamiento y creencia.
Redactado a mano por Derrida durante la guerra de independencia de Argelia, y hasta ahora inédito, Pensar es decir no es el texto más antiguo del corpus derridiano que ve la luz gracias a una importante labor editorial.
El célebre tenor Ian Bostridge pasó casi dos años sin poder pisar los escenarios a causa de la pandemia, hecho que lo llevó a reflexionar sobre el valor irrenunciable del contacto directo con el público, a la vez que le permitió ahondar en el amplio catálogo de clásicos que ha interpretado a lo largo de su carrera. Mediante una prosa lúcida y absorbente, Bostridge explora en estas páginas el modo en que Monteverdi, Schumann y Britten emplearon y subvirtieron los roles de género en sus composiciones, cuestiona la jerarquía y el poder coloniales en Chansons madécasses de Ravel, y analiza las meditaciones de Britten sobre la muerte en obras como War Requiem o Death in Venice. Las singulares reflexiones de Bostridge nos permiten comprender la asombrosa intensidad de sus interpretaciones, en las que la extraña fusión de melodía y pensamiento brinda auténticas epifanías tanto al cantante como a su público.
Seguramente no se equivocaban los antiguos griegos cuando decían que «están los vivos, están los muertos y están los que surcan los mares». Soltar amarras, ver desaparecer la costa o sentir la caricia del viento es una experiencia única que solo conocen quienes han atravesado alguna vez sus aguas. La navegación, más que una actividad de ocio, más que un placer, más incluso que un deporte, es una auténtica experiencia filosófica en la que el navegante solo puede confiar en sí mismo y ponerse a prueba para actuar en el momento oportuno.
¿Qué hacer si el barco queda inmovilizado por falta de viento? ¿Tal vez habría que seguir el consejo de Descartes y arrancar el motor sin pensar en la incertidumbre que inevitablemente rodea al futuro? Obadia arroja algunas respuestas, pero, sobre todo, invita al lector a cuestionarse tanto su vínculo con el mar como su relación con la vida. Al fin y al cabo, navegar significa embarcarse en una aventura del pensamiento; es hacer pequeña filosofía de la inmensidad del océano.
Más que un libro esto es una conversación a modo de propuesta de amistad, con siete disquisiciones que inciden en el mundo actual sobre asuntos como liarse la manta a la cabeza, la seducción de los personajes malos, usar la imaginación propia para entender la ajena, el rencor y la fortuna, los cataclismos medioambientales, las pequeñas heroicidades del día a día, los colores que pintan nuestra existencia o el sentido de la vida como historia que escribimos entre todas las personas, a veces sin querer.
Pequeñas heridas mortales se despliega como antorcha que ilumina la caverna moderna y nos sitúa ante siete reflexiones plagadas de alusiones a la ciencia y a la conducta humana, pero siempre con la filosofía y la literatura como brújulas para desvelar el sentido de las cosas y de la vida. Gopegui despliega el cometido del conocimiento, que como luz ilumina nuestros refugios, conduciéndonos por mil y un mapas a diversas escalas de la intelectualidad y con el innegable compromise ético y politico que baña sus novelas.
Perspectivas del Absoluto, situado en el ámbito de la fenomenología de las religiones y de la experiencia místico-religiosa, explora el territorio transconfesional con la intención de favorecer el diálogo sobre lo sagrado.
Los seres humanos percibimos las distintas manifestaciones de lo sagrado a través del entorno que nos configura, y las interpretamos a partir de la religión o cosmovisión que profesamos. En efecto, lo sagrado está presente en todas las tradiciones como horizonte último y primero, el cual se muestra a través de las formas físicas, mentales y espirituales que nos moldean en un proceso continuo de asunción y a la vez de trascendimiento.