Una exploración asombrosa sobre nuestro deseo de permanecer ignorantes.
¿Realmente deseamos saber?
Aristóteles afirmó que «todos los seres humanos desean saber». Sin embargo, también deseamos lo contrario. Queremos conocer la verdad… y al mismo tiempo protegernos de ella. Siglos después de la Ilustración, seguimos fascinados por profetas absurdos, los rumores irracionales siguen causando actos fanáticos y el pensamiento mágico prevalece sobre el sentido común y la experiencia. ¿De dónde proviene esta voluntad de ignorancia?
¿Por qué nos atrae la ignorancia?
Aristóteles afirmó que «todos los seres humanos desean saber». Sin embargo, también deseamos lo contrario. Queremos conocer la verdad y al mismo tiempo protegernos de ella. Siglos después de la Ilustración, continuamos fascinados por profetas absurdos, los rumores irracionales siguen desencadenando actos de fanatismo y el pensamiento mágico prevalece sobre el sentido común y la experiencia. ¿De dónde proviene esta voluntad de ser ignorantes? En Ignorancia y felicidad, el aclamado ensayista e historiador Mark Lilla ofrece un diagnóstico de la tendencia humana al autoocultamiento de la verdad. Para ello, recorre un vasto arco intelectual que va desde el Libro del Génesis y los diálogos platónicos hasta las parábolas sufíes y el psicoanálisis, revelando en el camino las paradojas de nuestra resistencia al conocimiento. Lilla examina asimismo las fantasías que alimentan este impulso: la creencia de que el éxtasis de profetas, místicos y santos ofrece acceso a verdades esotéricas; la ilusión de que podemos conservar una inocencia casi infantil y la nostalgia por civilizaciones desaparecidas, imaginadas como más puras. El resultado es una original reflexión que invita a los lectores a reconocer sus propios impulsos y tabúes arraigados allí donde la mente oscila entre aceptar la verdad y resistirse a ella.
Sagaz, provocador y ambicioso como acostumbra, Žižek explora en este libro los intersticios entre campos del saber, el vacío entre la filosofía, el psicoanálisis y la crítica de la política económica. El título está tomado de una de las obras tardías de Samuel Beckett, y le sirve al autor para indagar en las conexiones entre la sexualidad y la economía con los instrumentos del marxismo y el psicoanálisis lacaniano.
La sexualización y la abolición de la sexualidad; el progreso tecnocientífico y el capitalismo globalizado; el falo y lo prohibido; lo poshumano y lo transgénero; el fetichismo y la perversión capitalista; el sujeto y el objeto; el sadismo, el masoquismo y la dominación económica… son algunos de los temas que asoman en estas páginas. En ellas, el filósofo maneja, como suele hacer, un amplio repertorio de referentes variopintos, que van desde Kant, Kierkegaard, Deleuze y Sade hasta Lenin, Stalin y Mao, pasando por Wagner, Tarkovski u Orson Welles.
La digitalización avanza inexorablemente. Aturdidos por el frenesí de la comunicación y la información, nos sentimos impotentes ante el tsunami de datos que despliega fuerzas destructivas y deformantes. Hoy la digitalización también afecta a la esfera política y provoca graves trastornos en el proceso democrático. Las campañas electorales son guerras de información que se libran con todos los medios técnicos y psicológicos imaginables.
Los bots las cuentas falsas automatizadas en las redes sociales difunden noticias falsas y discursos de odio e influyen en la formación de la opinión pública. Los ejércitos de trolls intervienen en las campañas apuntalando la desinformación. Las teorías de la conspiración y la propaganda dominan el debate político. Por medio de la psicometría y la psicopolítica digital, se intenta influir en el comportamiento electoral y evitar las decisiones conscientes. El nuevo ensayo de Byung-Chul Han describe la crisis de la democracia y la atribuye al cambio estructural de la esfera pública en el mundo digital. También le da un nombre a este fenómeno: infocracia.
Esta obra constituye una de las primeras introducciones a la nueva rama de la filosofía centrada en aplicar conceptos de información para afrontar problemas ontológicos, epistemológicos y éticos. Liderada por el filósofo italo-británico Luciano Floridi, la filosofía de la información ha surgido en las últimas décadas como un intento de incorporar los efectos de la revolución digital a los métodos y temáticas de las que se encarga el pensamiento filosófico. ¿Qué es el significado? ¿Cómo obtenemos conocimiento de la realidad? Desde principios de los años cincuenta del siglo pasado hasta la actualidad, Rudolf Carnap, Yehoshua Bar-Hillel o Fred Dretske, entre otros, han buscado emplear nociones informacionales para intentar responder a estas cuestiones.
La creación de la web es una historia de libertad, un espacio digital en el que todo puede estar vinculado a todo. Porque la omnivinculación es, ante todo, un ideal, un deseo de libertad. Treinta años después, se ha llegado a un límite grotesco: los muertos se niegan a descansar y se transfieren a soportes digitales; los vivos se niegan a morir y están obsesionados con perfeccionarse y permanecer. Morir es algo primitivo, lo civilizado es seguir vinculándose sin parar, a otros cuerpos, otras entidades, otros planos.