Uno de los motores esenciales del pensamiento nietzscheano fue recoger el guante del desafío nihilista y hacerle frente. Ésta es la tarea que impulsa hacia la transformación de los aspectos trágicos y abismales de la existencia en un camino hacia y afirmación de la vida. Nietzsche comparó su empresa con la del capaz de convertir en oro el barro de la vida: sufrimiento, muerte, absurdo, aburrimiento, soledad y desgana. Este libro está dividido en dos partes que se corresponden respectivamente con el abismo y la cumbre a los que se alude en el título y que Nietzsche consideraba unidos como hermanos siameses en su filosofía. Vivir creativamente es la respuesta nietzscheana a la gran amenaza. No hay que vivir con la cabeza abatida por el espanto sino alzada orgullosamente a pesar de todo. Saber vivir es saber cultivarse y hacer de la propia vida una creación. La urdimbre de la vida consiste en gran medida en la construcción de uno mismo. Dar estilo propio a la vida, forjar un gusto, es lo que nos individualiza y distingue. Siempre será un arte noble y escaso.
Una estimulante y sagaz reflexión sobre el sentido del pensar filosófico.
En 2001 una productora de televisión argentina le propuso a Dardo Scavino escribir el guión de los catorce capítulos de una serie que tratase de responder a la pregunta «¿Qué es la filosofía?». El autor propuso matizarla y cambiarla por «¿Qué hace la filosofía?». Llegó la crisis económica y el proyecto se abandonó. Quedaron un centenar de páginas de esbozos, guardadas en un cajón. Olvidadas, hasta que, pasados los años, Scavino decidió echarles un vistazo.
Este es el origen de este libro, que traslada aquella idea al papel. Partiendo de la imagen de Querefonte, el amigo de Sócrates, recorriendo el camino entre Delfos y Atenas, los catorce capítulos explican que filosofar no consiste en elaborar grandes teorías acerca de lo divino y lo humano. El quehacer fundamental de la filosofía consiste más bien en la escucha de los otros para extraer de sus discursos las reglas que los gobiernan.
Así, de la mayéutica socrática a la arqueología de Foucault, el autor recorre el pensamiento de Vico, Kant, Wollstonecraft, Hegel, Nietzsche, Heidegger o Wittgenstein para explorar la relación de la filosofía con el lenguaje. De diferentes maneras, todos estos pensadores entendieron que esas normas tácitas constituyen el auténtico poder de cualquier sociedad humana. Su «psicagogía», como la llama Platón.
De hija a madre, de madre a hija recoge dos de las piezas más logradas y emotivas de la obra de Carmen Martín Gaite: un sueño con su madre, María Gaite Veloso, y una evocación de su hija, Marta Sánchez Martín. Ambos textos, de difícil clasificación genérica, están datados en fechas muy próximas al fallecimiento de las dos mujeres más importantes en la vida de la escritora.
La aleación entre lo personal y el artefacto literario se sostiene con un particular pulso narrativo ante el temblor en estos dos textos dispersos, poco conocidos y que rescatamos en un volumen único, ya que en ellos convive en perfecta sintonía la dimensión de hija y madre, la experiencia del vínculo y la pérdida, el diario íntimo y la ficción, la realidad y el sonambulismo. «De su ventana a la mía» y «El otoño de Poughkeepsie» quizá sean los títulos más relevantes en su producción literaria de cómo la intimidad en bruto no se entiende si no se destila con el filtro del sueño o la fabulación: «No se dice lo secreto, se cuenta».
¿Por qué son tan fascinantes las montañas? Antaño temidas como horribles moles de piedra, son consideradas desde la época de Rousseau como un lugar de alivio y serenidad, en contraste con las degeneradas ciudades, y despiertan una atracción que no decae. Hijo de la nieve y los abetos, criado en Austria y Suiza, el autor tiene también una relación muy especial con el tema: cuanto más alto sube, más cercano es el reencuentro con su juventud. De modo que este libro es, en realidad, una especie de autobiografía sensorial en la que todo contribuye al recuerdo del pasado.
Escalar significa oxigenar el espíritu, volver a conectar alma y cuerpo en un único bucle, un ejercicio de amistad que une a los compañeros de cordada… Pero, ¿por qué subir a la cima si solo es para volver a bajar, por qué el dolor de ascender se convierte en placer, por qué lo absurdo de esta práctica hace que lo absurdo de la existencia parezca trivial, qué metafísica de lo absoluto está aquí en juego; qué desafío al tiempo, al envejecimiento, al pánico y al peligro? ¿Queda espacio para una ontología del heroísmo en nuestros tiempos postheroicos?
Con un estilo resplandeciente y sensual, este ensayo es un compendio de cosas vistas y leídas, de literatura y filosofía, de los rituales de una práctica apasionada y de preguntas sobre la destrucción de nuestro ecosistema; el crepúsculo de una forma de entender la aventura y, en último extremo, el sentido de la vida.
Subir
Entrar en el pensamiento de John Stuart Mill es sumergirnos en el utilitarismo en su esplendor, concebido como herramienta para resolver los asuntos de la vida cotidiana. Así, en este ensayo cumbre dentro del conjunto de su obra, Mill no nos habla de ética, sino de sociedad y civismo, de cómo la libertad individual debe constreñirse al interés colectivo y social. Y nos muestra la importancia de someter a escrutinio todas las cuestiones, incluso aquellas que creemos irrefutables. Porque no se trata de trabajar por un mundo perfecto, sino por uno mejor.
En gran parte de la obra ciceroniana se advierte la huella del estoicismo antiguo. Así ocurre, por ejemplo, en este tratado sobre la vejez, atravesado por la idea
de que «lo natural es bueno». En De senectute, el viejo Catón toma la palabra para rebatir los achaques que comúnmente se atribuyen a la edad, con una idea muy clara: cómo hayamos actuado de jóvenes marca lo que nos espera en la ancianidad. Si hemos sembrado bien en nuestra primavera, la última estación de la vida servirá para disfrutar recolectando.