Siguiendo su método de lectura, interpretación, imaginación y crítica, Miguel Ángel Fornerín presenta en este libro el grueso de sus indagaciones sobre la ciudad en la literatura, que van desde la construcción de las ciudades invisibles de Calvino, la visión de fláner expulsados de la ciudad de Carlos Rodríguez y Alexis Gómez Rosa, hasta San Juan en los cuentos de René Marqués. Se destaca la constancia del autor en investigar el tema citadino en la narrativa dominicana que cruza de Federico García Godoy a la novelística de Guillermo Piña Contreras. Además, aparece aquí una hermenéutica de la ciudad que analiza y contextualiza la correspondencia entre lengua, historia, poder y espacio. Fornerín nos presenta en otros ensayos el discurso del poder en Joaquín Balaguer y su mirada a las mujeres; una interesante representación de la Biblia en la literatura puertorriqueña, así como un conjunto de textos críticos en los que lee las distintas imágenes de Julia de Burgos, como el cadáver exquisito, y la actualidad literaria. Por último, incursiona en la historia dominico-haitiana y nos deja una singular exposición sobre el tiempo presente, concebido como un mundo en peligro.
La autora recoge en cuatro capítulos aquellos sucesos
históricos del siglo 20, acaecidos durante la Guerra Fría.
La carrera armamentista, luchas ideológicas, expansiones
y ocupaciones territoriales en un sistema internacional
diferente al período anterior a la Segunda Guerra Mundial.
Analiza la política exterior de Estados Unidos, y en
específico, hacia la Región del Caribe a partir del 1959, año
de la Revolución Cubana. Este análisis está hecho en el
contexto de las doctrinas y paradigmas de las relaciones
internacionales que moldearon las decisiones y orientaciones
de política exterior de las diferentes administraciones
norteamericanas: el realismo, la interdependencia y la
sociedad global o mundial.
La cooperación, asistencia económica y militar hacia
la región, es abordada de acuerdo a las doctrinas
prevalecientes en la política de asistencia de Estados Unidos.
En el mes de febrero de 1805 el entonces autoproclamado
emperador de Haití, Jean-Jacques Dessalines irrumpió a la parte
este de la isla de Santo Domingo, en ese momento administrada
por los franceses bajo la gobernación del general Ferrand, con una
expedición cuyo fin era la unificación de la isla. Cuando llegó a
Santo Domingo cercó la ciudad por tres semanas, pero no pudo
apoderarse de la misma por la resistencia de los franceses y los criollos
españoles y la llegada el 26 de marzo, de la escuadra francesa del
almirante Missiessy. Dessalines ordenó la retirada hacia Haití,
pero a su retorno fue dejando un rastro sangriento con miles de
degollados y muchos pueblos convertidos en cenizas, cometiendo
en Moca y Santiago las mayores atrocidades.
Con La leyenda de los hombre rana, Ángel Lockward entra al baúl de los recuerdos de una anciana para encontrar significativas revelaciones acerca de la vida de un grupo de combatientes dominicanos y sus heroicas acciones en los días de la Revolución de Abril de 1965. Esta obra, en donde lo épico supera con creces la mera leyenda, es en su esencia un retazo de la historia dominicana, de una realidad mantenida por la historiografía, sin proponérselo en la penumbra.
—Jefe —le dijo—, ese comando de Hombres Rana es un peligro para su seguridad. Ya son 34. Ellos, según todos los entrenadores de las Fuerzas Armadas, tienen capacidad para tomar el Palacio Nacional.
—¡Eso no puede ser verdad! Si es así, ustedes no sirven. ¿Cómo es que un grupito puede asaltar el Palacio Nacional? ¿Entonces para qué están el Batallón de la Guardia Presidencial y todos ustedes?
—Jefe, usted dijo que deseaba el mejor comando de asalto de América, y creo que lo tiene…