¿Cómo sabemos que la Tierra es redonda? ¿Cómo se ha desmontado el terraplanismo a lo largo de los siglos?
Para convencernos de que la Tierra es redonda -aunque todavía hay quien lo duda-, los científicos de todas las épocas han tenido que poner a prueba su ingenio: desde Eratóstenes, que en el siglo III a. C. calculó con una exactitud sorprendente el diámetro y circunferencia de la Tierra midiendo sombras de obeliscos y, quizá, estimando lo que tardaría un camello en ir de Siena a Alejandría, a las primeras fotografías de la Tierra vista desde la Luna que tomó la tripulación del Apolo 8 y conmocionaron al mundo. Esta es la historia de una aventura científica de más de 2.000 años plagada de errores, grandes logros y algunos golpes de suerte.
Una guía útil y accionable, con información de punta, entrevistas reveladoras y estrategias para poner en práctica de manera inmediata, potenciar el despliegue +50, graduarse de seniors antifrágiles y encontrar la felicidad sin apelar a "la caminadora hedónica"
Los cambios radicales en ciencia y tecnología, en modelos mentales y en hábitos saludables de los últimos tiempos están revolucionando todas las ideas sobre lo que viene después de los 50 años. En el nuevo paradigma de la adultez, lograr que la segunda mitad de la vida sea mejor que la primera no sólo es deseable, sino posible.
Hasta el siglo XX, los científicos que investigaban los efectos de las drogas en la mente lo hacían experimentando consigo mismos. Las detalladas descripciones de sus experiencias dieron pie a avances en todas las ciencias de la mente, en la farmacología, la medicina y la filosofía. Los relatos publicados en revistas y en la ficción literaria inspiraron a un fascinado público a emprender sus propios experimentos en forma de demostraciones científicas, viajes exóticos, salones literarios y rituales ocultistas. Sin embargo, tras el año 1900, las drogas empezaron a percibirse como un problema social, y la dilatada tradición de la autoexperimentación fue desapareciendo.
En octubre de 1927, veintinueve de los científicos más brillantes del mundo se reunieron en el Quinto Congreso Solvay. Diecisiete de ellos acabarían recibiendo el premio Nobel. Aquel encuentro, inmortalizado en una célebre fotografía, marcó el comienzo de una revolución intelectual sin precedentes. Allí, figuras como Marie Curie, Niels Bohr, Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger o Albert Einstein debatieron los fundamentos de la recién nacida teoría cuántica, una forma radicalmente nueva de entender la naturaleza.
En Quantum, Manjit Kumar combina historia, filosofía y ciencia para narrar con rigor y pasión los entresijos de esa revolución. El libro se centra en la confrontación entre Einstein y Bohr, un duelo intelectual que puso en juego el significado mismo de la realidad y el alma de la ciencia. Desde el principio de incertidumbre hasta el gato de Schrödinger, Kumar ofrece una guía lúcida y accesible a los conceptos más desconcertantes de la física moderna.
Reconstruir el pasado es tarea compleja y resbaladiza, no importa qué vertiente de ese pasado nos interese. Los historiadores se basan fundamentalmente en fuentes escritas publicadas, pero existe otro tipo de fuente: las correspondencias. Querido Isaac, querido Albert – un guiño a Isaac Newton y a Albert Einstein – reproduce, explicando el contexto en el que fueron escritas, un extenso conjunto de cartas de algunos de los mejores científicos de la historia.
Es imposible dar idea de la variedad de temas que tratan las cartas que aparecen en este libro, tanto en su dimensión humana y personal, como en la científica e institucional, un libro que no tiene paralelo en ningún otro publicado hasta la fecha y que en más de un sentido constituye una historia (parcial) alternativa de la ciencia. Entre los muchos episodios que se tratan, se cuentan, por ejemplo, las cartas que cubren el proceso mediante el cual Edmund Halley convenció, y soportó, al siempre reacio Isaac Newton para que escribiera su inmortal libro de 1687, Philosophiae Naturalis Principia Mathematica; la dramática carta que Lavoisier escribió en vísperas de ser víctima de la guillotina; las informaciones que Benjamín Franklin dio al presidente de la Royal Society inglesa de las ascensiones aerostáticas que presenció en París; la reacción de Charles Darwin cuando recibió la noticia de que Alfred Russel Wallace había llegado a la misma teoría de la evolución de las especies que él; la que Galois escribió a Auguste Chevalier la noche antes del duelo que acabó con su vida, resumiendo sus innovadoras ideas matemáticas; las que escribió Albert Einstein a su entonces novia, Mileva Maric, y otras a varios corresponsales que muestran la influencia que la filosofía ejerció para llegar a la teoría de la relatividad especial; la carta en la que Max Planck explicaba a Robert Williams Wood el sacrificio intelectual que tuvo que realizar para introducir los cuantos de luz; o una en la que Francis Crick explicaba a su hijo el descubrimiento de la estructura del ADN.
Hoy, cuando el saber científico es una parte integral del día a día de los ciudadanos, debemos replantearnos el debate político sobre la ciencia. En este libro, Isabelle Stengers se apoya en la filosofía de Alfred Whitehead (1861-1947) para encontrar el eslabón que sellará un nuevo pacto de confianza entre ciencia y sociedad: el sentido común.
¿Qué relación guarda el negacionismo actual con la filosofía del proceso de Whitehead? Stengers desarrolla múltiples argumentos que unen ambos discursos en esta obra erudita, llamada a revolucionar nuestra visión de la ciencia. Pero la revolución es un camino largo que no puede recorrerse sin esfuerzo. Stengers nos ofrece un punto de partida: empecemos por recuperar «el menos común de todos los sentidos», que gran parte de la sociedad parece haber perdido.