Por primera vez desde el Neolítico tenemos la oportunidad de transformar no solo nuestro sistema alimentario, sino toda nuestra relación con la naturaleza. La agricultura y la ganadería son la principal causa de destrucción del medio ambiente en el mundo, pero apenas se habla de ello. Criticamos la expansión urbana, pero el sector primario ocupa una superficie treinta veces mayor. Hemos arado, vallado y destinado al pastoreo grandes extensiones del planeta, talando bosques, extinguiendo la fauna autóctona y envenenando ríos y océanos para alimentarnos. Regénesis nos presenta un nuevo futuro para la alimentación y la humanidad, con el objetivo de resolver el mayor de nuestros dilemas: alimentar al mundo sin devorar el planeta. A partir de los asombrosos avances de la ecología del suelo, Monbiot muestra cómo ahondar en el todavía escaso conocimiento de la tierra que pisamos podría permitirnos cultivar más alimentos con menos agricultura. Algunas estrategias están ya en marcha: desde el hortelano que ha revolucionado nuestra comprensión de la fertilidad; pasando por las nuevas variedades de cereales perennes, que liberan a la tierra de arados y sustancias químicas tóxicas; hasta los científicos pioneros en nuevas formas de producir proteínas y grasas; todos ellos nos muestran cómo las formas de vida más pequeñas pueden ayudarnos a hacer las paces con el planeta, a restaurar sus sistemas vivos y a que a la Edad de la Extinción le suceda la Edad de la Regénesis.
Es con mucha delicadeza y honestidad que el sociólogo Didier Eribon nos invita a acompañarlo en su genealogía de una ruptura. Pues de eso se trata y siempre se trató desde su adolescencia: arrancarse de un mundo social, familiar, popular y de provincia cuyos valores y sensibilidades nunca compartió. Un mundo caracterizado por la pobreza, la homofobia y la xenofobia, del que decidió escapar yéndose a vivir su homosexualidad y forjar su universo intelectual en la gran capital, París. Mundo social con el que se reencuentra, décadas más tarde, en ocasión de la muerte de su padre.
¿Es posible dejar definitivamente atrás su propio pasado? ¿Es posible no ser prisionero de su propia historia? ¿Cómo enfrentar los fantasmas de un pasado doloroso que no quiere pasar y que nunca deja de volver a la superficie, puesto que se encuentra inscripto en lo más íntimo de nuestro cuerpo, de nuestra sensibilidad, de nuestra identidad social e individual?
Sostiene en sus manos un artefacto altamente inflamable, cuyo contenido puede provocarle imaginar otro mundo posible, suponerle dificultades para el abatimiento o la apatía, así como incluir altas dosis de ánimo emancipador, audacia y de molesta conciencia. Abstenerse alérgicos al pensamiento crítico y a las ideas más bellas;
una vez en su mente, pueden suponer un viaje sin retorno. Porque el odio no se cura leyendo, pero sí es condición sine qua non para empezar a concebir caminos alternativos, disruptivos, radicales en sus propuestas, y así evitar un inminente Regreso al pasado.
¿Es posible proyectar un nuevo pacto humanista en los términos de una república feminista y plebeya?
El avance de las extremas derechas globales, la emergencia climática y la destrucción de los pactos democráticos del siglo XX conforman un escenario político que exige un profundo ejercicio de agudeza intelectual para quienes desean construir sociedades más justas, libres e igualitarias.
Gracias a un trabajo de rigor filosófico y compromiso político —en el que conviven autores tan diversos como Vico, Hegel, Foucault, Gramsci, Heidegger, Bertomeu, Segato, de Martino o Mariátegui—, Luciana Cadahia articula un abanico de problemas relacionados con la organización popular, los afectos, la república, el populismo, la naturaleza y los cuidados, orientados por una inquietud singular: ¿es posible proyectar un nuevo pacto humanista en los términos de una república feminista y plebeya?
República de los cuidados procura dar cuenta de este interrogante, a la vez que refuta falsas dicotomías, clichés y diversos atolladeros de la filosofía actual, que establecen una oposición insalvable entre las teorías republicanas, populistas y feministas. Vislumbra, mediante una intervención intelectual sin concesiones, una imaginación política del futuro.
Desde hace ya varios años, el continente europeo intenta definir un nuevo rumbo para lograr su transición geopolítica y responder a una demanda de modernización de las instituciones cada vez más apremiante y crítica. Entre fracturas internas y recomposiciones externas, el voraz ciclo electoral que inunda nuestras sociedades añade más complejidad si cabe a la cabal comprensión del mundo.
Hace tiempo que perdimos la fe en la idea de que las personas podríamos alcanzar la felicidad humana en un estado futuro ideal. Pero, aunque hayamos perdido la fe en las utopías, lo que no ha muerto es la aspiración humana que ha hecho que ese tipo de imagen resulten tan cautivadoras. De hecho, dicha idea está resurgiendo de nuevo como una imagen centrada ya no en el futuro, sino en el pasado: un pasado abandonado y redivivo que podríamos llamar retrotopía.
Fiel al espíritu utópico, la retrotopía es el anhelo de rectificación de los defectos de la actual situación humana, aunque, en este caso, resucitando los malogrados y olvidados potenciales del pasado. Son los aspectos imaginados de ese pasado —reales o presuntos— los que sirven hoy de puntos de referencia a la hora de trazar la ruta hacia un mundo mejor.