UNA REFLEXIÓN IMPRESCINDIBLE PARA COMPRENDER LA REALIDAD DE LAS RELACIONES DE EUROPA CON LA NUEVA RUSIA.
Guerra y Paz, el título de la grandiosa obra de Tolstói, inspira este libro de viajes desde Madrid a la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hoy aspirante a magna Rusia.
La Unión Europea, después haber superado el desafío de cambiar la historia en un continente destruido por las guerras mundiales, se enfrenta ahora a una guerra de supervivencia. El reto actual se plantea entre culminar el proceso de construcción de la Unión Europea como «Federación Europea», objetivo de la Declaración Schuman, o vegetar bajo la férula vigilante del neozar Putin. Con un reparto de áreas de influencia donde los Estados Unidos han cambiado prioridades y las potencias BRICS emergentes piden paso.
En este nuevo Congreso de Viena, la UE no está invitada al baile y debe luchar por su supervivencia. La piedra de toque es la guerra de Ucrania, la gran llanura europea donde se decidieron los destinos de Napoleón y Hitler.
Construir la paz es labor de tejedores: requiere voluntad, habilidad y perseverancia.
Yo no estoy polarizado. Polarizados están los políticos, las redes sociales y los medios de comunicación. Nadie se considera partícipe de un fenómeno sobre el que, sin embargo, existe un enorme acuerdo social: la polarización es un riesgo para la salud de la esfera pública democrática. Un cierto propósito de enmienda puede parecer aconsejable. Pero al mismo tiempo, ¿no resultan sospechosos esos discursos equidistantes que reparten la culpa en todos por igual? Apelar a que actuemos con más responsabilidad cuando participamos en el debate público, ¿no es como pedir al náufrago que se salve nadando, o al desahuciado que conserve su casa ahorrando más dinero?
El propósito de este libro es delimitar la responsabilidad y el margen de acción de la ciudadanía ante el problema de la polarización. Con este fin, trata de aclarar qué tipos de polarización existen, cuáles son los factores que la explican, qué consecuencias tiene para nuestro ideal de espacio público, y qué procesos psicológicos, éticos, epistemológicos e ideológicos condicionan su propagación.
Ramón Lobo permaneció fiel a su persona hasta el final: nos dejó escrita una despedida lúcida, plagada de optimismo y aceptación, una meditación sobre la experiencia vivida y el mundo legado
El culto a la vida ha eclipsado nuestra relación con la única verdad que existe: la de la muerte. La echamos del hogar y la encerramos en los hospitales, las clínicas y las funerarias. Ramón Lobo, sin embargo, no rehuyó de la realidad: tras ser diagnosticado con dos cánceres, el reconocido periodista y corresponsal de guerra decide hacer uso de su maravillosa pluma para diseccionar la muerte desde su propia experiencia. ¿Cuál es la naturaleza de nuestro temor hacia ella? ¿Cómo podemos afrontar
un futuro desolador? ¿Qué hacer con nuestros objetos más importantes? Estas preguntas universales, pero tan silenciadas y estigmatizadas en el «País de los Sanos», son las que irán resolviéndose en esta amalgama
agridulce de recuerdos, reflexiones, esperanza y resignación, en esta oda a
la vida que se dibuja serenamente en el marco de lo que le da valor: su propio fin. Pensión Lobo son unas memorias póstumas, un último ejercicio personal y al mismo tiempo colectivo, donde, a partir del testimonio, Ramón Lobo investiga la muerte desde un enfoque sociológico y la afronta desde su inminencia personal.
La filosofía contemporánea oscila entre dos abismos: el dogmatismo rígido y el relativismo sin rumbo. Mauricio Beuchot ofrece aquí una salida lúcida: la hermenéutica analógica, un modo de interpretar que equilibra razón y emoción, apertura y rigor, identidad y diferencia.Desde la verdad práctica hasta la interculturalidad, pasando por la concepción de la persona y los desafíos de la posmodernidad, este libro traza un camino para renovar el pensamiento y recuperar su función vital: comprender al otro y comprendernos a nosotros mismos.
En los últimos años la extrema derecha ha hecho todo lo posible por acelerar el calentamiento global, incluso un presidente estadounidense que lo considera un engaño ha eliminado los límites a la producción de combustibles fósiles. El presidente brasileño ha abierto el Amazonas y lo ha visto arder. En Europa, los partidos que niegan la crisis medioambiental e insisten en la máxima combustión han irrumpido en varios Gobiernos, de Suecia a España. Al borde del colapso, han surgido las fuerzas que más agresivamente promueven el business as usual, siempre en defensa del privilegio blanco, contra supuestas amenazas de otros no blancos. Pero ¿de dónde vienen estas fuerzas? El primer estudio sobre la extrema derecha ante la crisis climática, Piel blanca, combustible negro, presenta un elocuente rastreo de una nueva constelación política, y revela sus profundas raíces históricas. Las tecnologías que utilizan combustibles fósiles nacieron impregnadas de racismo. Nadie las amó con más pasión que los fascistas clásicos. Ahora han surgido fuerzas de derechas, algunas de las cuales afirman tener la solución: cerrar las fronteras para salvar a la nación mientras el clima se desmorona. Épico y fascinante, Piel blanca, combustible negro traza un futuro de frentes políticos que no podrá dejar de caldearse.
"De los libros y herejes incinerados en las piras de la Inquisición a las autoinmolaciones en las concentraciones de protesta, de la quema masiva del calentamiento global al crisol de razas, de la imagen de las chispas revolucionarias prestas a encender los espíritus de los oprimidos hasta los atentados con coches de Oriente Medio, el fuego resulta ser la condición sine qua non de la política. Piropolítica en un mundo en llamas pretende crear un campo semántico-discursivo que atraiga hacia sí, como un imán, los casos en que incendios, llamas, chispas, inmolaciones, incineraciones y quemas han hecho su aparición en las teorías y prácticas políticas. Basándose en la teoría política clásica, la teología, la filosofía, la literatura y el cine, así como en un análisis de la actualidad, Michael Marder sostiene que la geopolítica, o política de la Tierra, siempre ha tenido un reverso inestable, a la vez sombrío y cegador: la piropolítica, o política del fuego.