Esta sátira de la Revolución rusa y el triunfo del estalinismo, escrita en 1945, se ha convertido por derecho propio en un hito de la cultura contemporánea y en uno de los libros más mordaces de todos los tiempos. Ante el auge de los animales de la Granja Solariega, pronto detectamos las semillas de totalitarismo en una organización aparentemente ideal; y en nuestros líderes más carismáticos, la sombra de los opresores más crueles.
La presente edición, avalada por The Orwell Foundation, sigue fielmente el texto definitivo de las obras completas del autor, fijado por el profesor Peter Davison. Incluye un epílogo del periodista y ensayista Christopher Hitchens, que pone de relieve la importancia del autor en nuestro tiempo. Marcial Souto firma la estupenda traducción, que se publicó por primera vez en 2013 y es la más reciente de la obra.
Entre dos jóvenes de dieciséis años –Hans, nacido en una familia judía, y Konradin, rico aristócrata– surge una intensa amistad cuando coinciden en una selecta escuela de enseñanza media. Nos hallamos en la Alemania de 1932. Sin embargo, al cabo de apenas un año, todo habrá acabado: con el ascenso de Hitler al poder, Konradin entra a formar parte de las fuerzas nazis mientras Hans huye al exilio. Tan sólo mucho tiempo después, Hans, instalado en Estados Unidos, «reencontrará», en cierto modo, a su viejo amigo.
Reinventa tu cuerpo, resucita tu alma demuestra que, a pesar de su apariencia física, el cuerpo es producto de la conciencia y como tal debemos entenderlo y decidir qué hacemos con él. El poder de esa conciencia se extiende más allá de lo físico. Somos conciencia en movimiento. El alma es nuestro cuerpo espiritual y debemos volver a conectarnos con ella. Mientras reinventamos nuestro cuerpo, el alma también debe ser resucitada en asociación con él.
Adriano es el más serio y misterioso de los tres herederos Rinaldi. Reservado y arisco, no ha hecho muchos amigos en los últimos años de universidad, a pesar de ser el quarterback del equipo de fútbol americano.
Como Claudio y Nerón, él también ha renunciado a la herencia de sus padres. Pese a ello, los conflictos familiares siguen agitando su vida.
Para acabar de complicarlo todo, llega a la universidad Grace, la hermana pequeña de su exnovia Violet, su gran amor, y la que le traicionó la noche del fatídico accidente en que los Rinaldi estamparon su yate en el puerto, y que provocó la ruptura con su familia.
En esta novela que retoma los personajes de Santuario, el matrimonio de Temple Drake y Gowan Stevens sufre una pérdida intolerable: su hija pequeña es asesinada por su niñera, a la que luego se condena a muerte. Sin embargo, poco antes de que se cumpla la sentencia Temple buscará interceder por la muchacha. Y es que no solo está en juego la administración de la justicia, sino también la culpa histórica de toda una sociedad fundada en tierra hostil y manchada por la violencia. Contada por turnos en una prosa desbordante y como obra de teatro, Réquiem por una mujer es una inquietante exploración del impacto del pasado en el presente.
Fue en Eichmann en Jerusalén donde Hannah Arendt empleó por vez primera la expresión «la banalidad del mal». Su consternación ante el hecho de que un hombre que no era un monstruo pudiera actuar como agente del mal más extremo fue objeto de burla, indignación e incomprensión. La tormenta provocada por esa controversia indujo a Arendt a abordar nuevamente las cuestiones e inquietudes fundamentales suscitadas en torno a la naturaleza del mal y la elección moral. Responsabilidad y juicio reúne una serie de escritos correspondientes a la última década de la vida de Arendt, cuando se esforzaba por explicar el sentido de Eichmann en Jerusalén.
El núcleo de este libro es una profunda investigación ética: «Algunas cuestiones de filosofía moral»; en él Arendt aborda la insuficiencia de las verdades morales tradicionales como normas para juzgar lo que somos capaces de hacer y examina desde una nueva óptica nuestra capacidad para distinguir el bien del mal. Y lo justo de injusto. Vemos allí cómo Arendt viene a darse cuenta de que, junto al mal radical del que se había ocupado en anteriores análisis del totalitarismo, existe una forma más perniciosa de mal cuya ejecución no tiene límites cuando el que lo comete no siente remordimientos y es capaz de olvidar sus actos rápidamente.