En 1970, Jim Harrison tiene la edad con la que murió Cristo y lleva encima la cruz del alcoholismo y la depresión. Primero perdió un ojo y luego a su hermana del alma y a su padre, arrollados por un conductor borracho. Está cansado de ganarse el pan dando clases de Literatura a chavales pijos de la Costa Este, de modo que lee a Lorca y a Rimbaud como si la vida se le fuera en cada verso y sale a pescar a lugares remotos como si así pudiera alejarse de sí mismo. Hasta que un día tiene un accidente en la montaña: cae por un acantilado y se destroza la columna vertebral. Deberá guardar cama durante meses y no está claro que vuelva a caminar. Podría ser el final.
O el principio. Harrison pasó los dos meses siguientes postrado y escribiendo día y noche en la vieja Remington de su padre. El resultado fue «Lobo», una novela arrolladora, furiosa y bellísima, por momentos brutal, y lúcida en cada línea. En palabras del propio Harrison, «Lobo» (subtitulada «Unas memorias falsas») «es la historia de un hombre joven que ha hecho demasiadas imbecilidades en su vida y se retira a los bosques para encontrarse a sí mismo y, sobre todo, para encontrar un lobo». En ella descubrimos los grandes temas del mejor Harrison: la celebración de la naturaleza y la crítica a la degradación del mundo salvaje bajo el imperio del capital, los personajes heridos de muerte por la soledad, eternos vagabundos y marginales, desencantados con el progreso de una civilización ciega y enfebrecida, que buscan en el whisky, la marihuana y el sexo al menos un instante de sosiego. Pero lejos de idealizar esa naturaleza en la que parece refugiarse, Harrison hace brotar de sus profundidades toda la violencia y el miedo que alberga su alma. Un lobo siempre será un lobo.
Sólo para Jannis es una novela que trata un tema de actualidad: el uso inadecuado de las redes sociales por parte de los adolescentes y los graves problemas que su mal uso puede conllevar. La novela comienza precisamente con un intento de suicidio, después de que Lilly, de catorce años de edad, comparte con su novio varias fotografías donde aparece desnuda, las cuales acaban a la vista de todos. A partir de ese momento, todo va de mal en peor.
Elisheva Cohen acaba de volver a Nueva York tras pasar casi una década fuera de la ciudad. Si bien las heridas del pasado no han cicatrizado del todo, que lleve cuatro años sobria y le hayan concedido una beca para estudiar fotografía con Wyatt Cole, una leyenda del mundo del arte, es una señal de que lo mejor está por llegar. Aunque para eso, Ely debe dejar de autosabotearse... El primer día que pasa en la ciudad congenia con un chico muy atractivo; sin embargo, a la mañana siguiente a su apasionante noche juntos, descubre que se trata de Wyatt Cole, su profesor.
El mundo del arte está obsesionado con Wyatt. Su talento es innegable, y su fama de hombre solitario lo hace más interesante aún. Pero su pasado es un sinfín de dolorosos recuerdos: después de declararse transgénero y ser expulsado del ejército, su familia lo echó de casa. A pesar del calvario que vivió, Wyatt se ha esforzado por mantener la sobriedad y sacar adelante su carrera artística. No puede arriesgarlo todo por Ely, por mucho que le guste o por muy mal que se sienta por pedirle que deje su clase a cambio de una mentoría estrictamente profesional. Wyatt puede echarle una mano con su proyecto final; lo que no puede es enamorarse de ella por el camino.
A través de su cámara, Ely deberá enfrentarse al motivo por el que se marchó de Nueva York: la comunidad judía ortodoxa en la que se crio y que le dio la espalda por su problema con las drogas. Mientras tanto, los muros de Wyatt empiezan a desmoronarse, y ambos artistas lucharán por conseguir lo que tienen justo delante: alguien que los vea tal y como son en realidad, y un amor que puede significar mucho más de lo que se imaginan.
En una casa con un gran jardín en un pueblo mexicano sin nombre a finales de los años cuarenta, Peter, de seis años y medio, lee, sueña y juega con sus amigos. Es un explorador, artista, filósofo, místico y científico. Su mundo aún es nuevo, todavía no está contaminado por el conocimiento recibido.
Y el mundo real que lo rodea es único en aquella época: una comunidad de exiliados que han encontrado refugio en México de los regímenes fascistas de Europa, codeándose con sindicalistas mexicanos o artistas como Frida Kahlo. Pero los emigrados añoran su hogar, incluido el padrastro de Peter, que quiere regresar a su Alemania natal. Sin embargo, volver puede no ser seguro, lo que da lugar a angustiosas discusiones entre los padres de Peter y su pequeño grupo de amigos.
Y poco a poco, Peter comienza a comprender que su mundo puede acabar patas arriba, que podría verse obligado a despedirse de todos los que conoce y ama.
«America, land of opportunity», ¿cuándo se forjó la leyenda? ¿Qué empujó a hombres, mujeres y niños a emigrar por miles a la costa del Pacífico? ¿Le suenan los nombres de Jesse James, Toro Sentado y Buffalo Bill? ¿Cómo prosperaron Luzena Wilson o Belinda Mulrooney? ¿Qué se escondía tras el oro de las minas de Colorado? ¿Cuál era realmente la ley de la frontera? ¿De qué modo defendieron los lakota las Colinas Negras frente a los crow y los invasores blancos? ¿Sabía que aquí nació la barbacoa moderna y que un español fue el primer foráneo en hablar de ella? ¿John Wayne o Clint Eastwood: qué hay de cierto en la imagen que nos ha llegado de los vaqueros? Además de la afición al póquer y los rodeos, ¿qué legó el Oeste a los Estados Unidos?
La historia del lejano Oeste permanece envuelta en las brumas del mito y la ficción, y la naturaleza turbulenta y salvaje de este tiempo de asaltos a trenes, violentos tiroteos, peligrosos arreos de ganado y mortales emboscadas indias no parece alejarse mucho de esa idea literaria. Pero ¿qué fue de verdad aquel mundo aparte más allá del Misisipi? Nada más y nada menos que la tierra donde hundió sus raíces el sueño americano.
Garance, una chica que crece a la sombra de su controladora madre, es una joven de una belleza sobrenatural, pero también es una chica como cualquier otra, con los mismos deseos y ambiciones. Por eso, cuando el grupo popular de la escuela se fija en ella y la invita a una de sus fiestas, no se cuestionará lo fácilmente que encaja entre ellos, ni la popularidad que empieza a ganar en redes sociales. Tampoco le importará demasiado las concesiones que se ve obligada a hacer para formar parte de ese grupo, porque, gracias a esos pequeños sacrificios, ella, finalmente, pertenece a la manada.
Pero, poco a poco, Garance verá que esta nueva vida llena de filtros, stories y solicitudes de amistad se escapa de su control y se ve inmersa en una espiral de mensajes privados, videos y ciberacoso que no puede controlar, hasta descubrir que, quizá, aquella primera invitación no fue tan inocente como le pareció al principio...