Divertida, sexy,fashiony un poco aterradora.
Segunda entrega de Pandora English, una fascinante serie de fantasía ambientada en el glamuroso mundo de la alta costura.
Ya han pasado dos meses desde que Pandora dejó su pequeño pueblo natal y se instaló en la mansión encantada de Spektor. Gracias a su tía abuela y Luke -el espíritu de un alférez muerto hace doscientos años, pero al que Pandora encuentra enormemente atractivo-, está empezando a entender la importancia del legado de la familia Lucasta, que su madre siempre le ocultó.
Aunque el don excepcional que ha heredado conlleva una gran responsabilidad, en el mundo de los mortales Pandora no encuentra la manera de sobresalir ni de que su jefa se dé cuenta de sus cualidades.
Tanto si odias como si adoras a los profes, tanto si quieres ser profe como si te importan un comino pero te encanta reírte leyendo... ¡Este libro es para ti!
¿Qué hacen los profes cuando recuperan la libertad, si es que la recuperan alguna vez? ¿Duermen colgados del techo como los murciélagos o se ocultan entre montones de zapatos? Desde el profe viejo que se pierde por el pasillo equivocado hasta el profe oloroso que huele a perro mojado. Prepárate para revolcarte por el suelo riéndote con este brillante libro que estimula la aparición de mucosidades nasales.
Richard VanRyan lo tiene todo.
Una mujer estupenda, una familia preciosa, grandes amigos y una carrera meteórica. Está cabalgando alto en la cima de la vida.
¿Qué pasará cuando el viaje se detenga, cuando lo impensable se haga realidad y la vida nunca vuelva a ser la misma?
El contrato ha cambiado.
¿Podrán Richard y Katherine superar la enmienda?
La vida en mi pequeño pueblo era tan estatica como
la de cualquier otro pueblo pequeño de mi país y de
América Latina, la movilidad era escasa, llegándose a
asumir que todos eran provenientes de una misma
tamilia
aunque los orígenes de cada habitante eran
tan distintos que con poco esfuerzo se pódía llegar a
la conclusion de que aquel no era un pueblo
sino un
resumen del mundo mi calle no era la excepción, todos los vecinos parecían haber unido sus destinos
al de la calle misma, cada uno era propietatio de su
en ella vivía; solo-los muchachos de vez en
cuando éramos capaces de violar sin miramientos la
privacidad de una distinta a la de nuestros padres-
en mucho tiempo no hubo ningún cambio