La obra que sigue desafiando más de dos milenios después nuestras ideas de democracia y poder.
¿Puede existir una comunidad política verdaderamente justa? ¿Es posible imaginar un Estado ideal que consiga la plena realización de todos sus ciudadanos? A estas preguntas respondió Platón en La República, la primera gran utopía política de la historia. Escrita en forma de diálogo, esta obra propone una reorganización radical de la ciudad y del alma humana. Platón vincula por primera vez la justicia política con la educación, la ética y el conocimiento, y somete a crítica los fundamentos del orden social de su época: la familia, la propiedad privada, el poder del dinero y la exclusión de las mujeres de la vida pública. De este gesto nacen algunas de las ideas más audaces y duraderas del pensamiento occidental, desde un feminismo pionero hasta la célebre alegoría de la caverna.
Una exploración de las formas en las que el poder ejerce su represión y la posibilidad de convertir nuestra mirada en un acto de resistencia.
¿Qué es lo que nuestra sociedad decide no ver? ¿Qué cuerpos pueden ser golpeados, encerrados o explotados sin que nadie se indigne o intervenga?
Allí donde el poder ejerce sus mecanismos de represión de forma más descarada es donde surge lo intolerable. Esto es: no solo lo que sucede en los campos de refugiados o tras los muros de las prisiones, sino también, como nos recuerda Díaz Álvarez –en la estela de Michel Foucault, Angela Davis, John Berger o Richard Mosse–, la complacencia con la que observamos la crueldad sin sentir repulsión, vergüenza ni responsabilidad.
La cruda y conmovedora historia de un hombre que no sentía el dolor físico.
Aquejado de una rara condición genética, Edward H. Gibson nació sin la capacidad de sentir dolor físico. Su cuerpo no advirtió ni heridas ni accidentes, y fue presentado en la sociedad médica de Nueva York como el primer caso conocido de analgesia total congénita.
Este libro es un emocionante estudio sobre el dolor, su dimensión simbólica y las discrepancias entre la experiencia verdadera y su representación. Abocado a la condición de freak, el protagonista se sublima en un gesto desesperado o irónico: crucificarse en público frente a la multitud. A medio camino entre el ensayo narrativo y la reflexión filosófica, Barba transforma esta anomalía biológica en una alegoría del extrañamiento y la otredad.
Pensar el futuro de la humanidad contra la aristocracia digital.
«El fin de un mundo basado en normas». Así se ha descrito nuestro tiempo. El derecho se debilita y una nueva élite tecnológica proclama que ha llegado la hora de superar la democracia e incluso la condición humana. ¿Es el derrumbe definitivo del proyecto ilustrado o su última oportunidad?
En este libro, Fernández Mallo aborda una originalísima idea, la unión de la Inteligencia Artificial con los ángeles caídos, para sacar a la luz multitud de insospechados resultados, caminos e ideas que cambian la forma de ver las Inteligencias Artificiales. Una vez más, Fernández Mallo nos abre una puerta que estaba sin abrir. Con la dúctil y comprensible combinación de campos del saber a la que nos tiene acostumbrados, explora todo ello desde la física, la antropología, la metafísica y la teología, proponiendo un nuevo marco de pensamiento para la IA. Y es que cuando hablamos de Inteligencia Artificial estamos ya partiendo de un abuso del lenguaje, de una 'metáfora consentida' -la IA ni es inteligente ni es propiamente artificial-, pero lo que sí sabemos con seguridad es que nuestro empeño por crear algo que como humanos nos supere se encuentra ya larvado en el origen del Homo sapiens, en una pulsión libidinal que se halla directamente relacionada con nuestro eterno deseo de crear un dios: pretendemos crear una definitiva IA por el mismo motivo por el que levantamos sistemas religiosos y divinidades a las que pedimos que nos solucionen los problemas. El discurso social atribuido a la IA responde así a un sistema de creencias religiosas, uno más en la larga lista que antropológicamente nos ha conformado como seres humanos.
La vivienda se ha convertido en el principal activo financiero del capitalismo contemporáneo y en la base de un sistema rentista que obtiene sus beneficios no de producir, sino de poseer. En este modelo, la especulación se convierte en el motor que sostiene la economía. Los altos precios de la vivienda hacen que la mayoría de la población ya no pueda acceder a una casa en propiedad. Así surge una nueva generación: la generación inquilina. Una generación que vive de alquiler no por elección, sino por exclusión. Da igual cuánto estudie, cuánto trabaje o cuánto se esfuerce: su bienestar no depende del mérito ni del salario, sino de la capacidad de heredar una vivienda. Este cambio marca el fin del sueño de las clases medias y abre un nuevo escenario social, donde la vivienda en propiedad determina la posición en la jerarquía económica. Pero Generación inquilina también es un libro de esperanza. Propone un horizonte de cambio y un nuevo paradigma de vivienda basado en el derecho a habitar, la justicia social y la democratización del territorio. Esta generación, al vivir en el corazón de las contradicciones del sistema, es también la que puede transformarlo.