Marianne Moore fue una figura esencial de la poesía norteamericana, clave en las renovaciones que se produjeron en la primera mitad del siglo XX. En esta selección, descubrimos a una de las poetas más libres e innovadoras, alguien que supo encontrar su independencia estética dentro del modernismo estadounidense.
Sus poemas destacan por una precisión exquisita del lenguaje y por la elocuencia de las imágenes que evocan, y son capaces de desvelar en lo cotidiano una nueva realidad; pues, como dijo William Carlos Williams sobre ella: «Esto es lo asombroso de un buen escritor, parece hacer que el mundo venga hacia él para rozar las espinas de su arbusto. De modo que, al mirar un objeto aparentemente pequeño, uno siente el torbellino de grandes acontecimientos».
Dice el mito que Japón nació por voluntad divina de una lanza sumergida en el océano: los terrones de sal que gotearon de su punta al ser extraída formaron la primera isla. Son fragmentos que mantienen su individualidad al mismo tiempo que forman parte de un todo más complejo. El recorrido de este atlas, que va desde la nevada Hokkaido hasta la tropical Okinawa, está hecho de verdad y narración: las islas son verdaderas —historia, naturaleza, geografía, cultura—, su exploración es narrativa.
Las evocadoras ilustraciones de Uragami Kazuhisa impregnan nuestra mirada con el inmenso encanto japonés.
Al mismo tiempo que ejercía su profesión de médico, William Carlos Williams se consolidó como un autor fundamental para entender la poesía norteamericana. Innovador y experimental, trascendió los límites de las corrientes a las que se le vinculó: el modernismo y el imagismo; creando un auténtico «idioma americano».
Un poeta que se atrevió a mirar las cosas mundanas y el día a día de una forma radicalmente nueva, cuyos poemas se centraron en la vida cotidiana de la gente de a pie y defendían un uso poético del lenguaje coloquial. Un poeta como él mismo lo entendía: alguien «cuyas palabras mordisquean el camino a casa».
Las mujeres de las que se habla en este libro llegaron a España en el convulso siglo XX, para cubrir la guerra civil o para recorrer un país posbélico. Fueron mejores que sus compañeros, maridos o amantes, y esta no es una afirmación sólo para agitar conciencias. Ellas tuvieron que superar más adversidades, ya que hicieron frente a la displicencia, el paternalismo y el machismo propios de aquella sociedad. Muchas lucharon para denunciar lo que suponía para el resto del mundo que el fascismo de Franco triunfara, y escribieron tan buenas crónicas y libros como sus pares masculinos. Pero ellas reposan en el rincón de la historia. Ana Cañil recorre en estas páginas los pasos de Nancy Cunard, Simone Téry, Virginia Cowles, Lillian Hellman o Sylvia Plath, entre otras, por nuestro país, una tarea al mismo tiempo hermosa e infructuosa: redescubrir sus caminos, con sus obras en la mano, es una satisfacción, pero apenas hay rastro de ellas, salvo una calle dedicada a Tina Modotti en Gijón. Leyendo este libro se abren nuevas lecturas de la historia y se atisba que aún hay mucho que rescatar del olvido.
Alfonso Carlos Comín, pese a su muerte prematura a los 46 años, dejó una huella indeleble entre los cristianos progresistas y los militantes comunistas, y en general en la izquierda catalana y española. De familia carlista, superó esa herencia a fuerza de vivir su fe religiosa con radicalidad, a partir de una lectura abierta y crítica del mensaje evangélico que rescatase su sentido originario. Un hilo enlaza su fe en un Dios hecho Hombre con la convicción de que sólo se puede vivir esa fe luchando por mejorar la situación vital real de los seres humanos, combatiendo por la justicia, la igualdad y la fraternidad. Esto equivale a combate político, y más concretamente a combate por el socialismo. Este libro reúne por vez primera una antología de textos de Alfonso Comín y aspira a ofrecer, de manera asequible, una visión completa de su pensamiento y su trayectoria, incluyendo, además de sus numerosos libros, cartas personales, poemas y el testimonio de sus años en Andalucía o de su paso por las cárceles franquistas. Su militancia en partidos de izquierdas, desde su juventud hasta el final de sus días, y su batalla para que se aceptara que los cristianos marxistas pudiesen vivir sin disimulos tanto su fe religiosa como su militancia política le llevaron, por un lado, a reivindicar la laicidad de los partidos comunistas y a reclamar su compromiso con las libertades democráticas y, por el otro, a defender el pluralismo ideológico de los creyentes dentro de la Iglesia. Su pasión intelectual se reflejó también en su tarea como editor y como docente.
Entre las principales figuras de la poesía medieval destaca el francés François Villon, autor de dos largos poemas: El legado y el monumental Testamento (de más de 2000 versos) donde deforma los valores caballerescos para dar voz a vagabundos y delincuentes, carne de presidio y de patíbulo, para que ofrezcan una visión burlesca, obscena y al límite de su experiencia, mediante un verso directo, muy expresivo. Nuestra edición incluye también poemas de los predecesores de Villon como Rutebeuf o Charles d’Orléans, que permiten tomar el pulso a la época medieval. Con la excelente traducción de Vicente Monroy este libro nos ayuda a sumergirnos en la siempre cercana y a menudo desconocida poesía medieval.