Las cifras no mienten: tres de cada cuatro niños criados en hogares con violencia acaban siendo, ellos mismos, víctimas o agresores. Para no enfrentarse a esas probabilidades, Abigaëlle ha decidido retirarse del mundo. Desde los jardines del convento donde vive en reclusión, prefiere observar la vida pasar en lugar de participar en ella.
A quien observa con más atención es a su hermano mayor, Gabriel. Sobre las ruinas de su infancia, él ha construido una brillante carrera como artista: un regalo para el mundo nacido de un alma torturada.
Pero cuando Gabriel se enamora de la luminosa y encantadora Zoé Boisjoli, Abigaïl no puede evitar temer lo peor. Desesperada, se aferra a cualquier señal, por mínima que sea, vigilando atentamente por si la historia está a punto de repetirse. ¿Conseguirá evitar que ocurra lo peor… otra vez?
Cerca del templo Higashi Hongan-ji, entre callejones silenciosos y el rumor del viento sobre los tejados de Kioto, permanece abierto un restaurante sin letrero donde el tiempo parece detenerse. En sus fogones, el chef Nagare Kamogawa y su hija Koishi preparan deliciosos platos que son también fragmentos de vida. Allí, bajo la luz tenue de los faroles y el aroma del caldo recién hecho, se cruzan desconocidos que buscan algo más que un sabor secreto: un gesto que sane, una palabra que reconcilie, una emoción que devuelva sentido a las experiencias vividas. Ahora, una sopa de miso despierta la imagen de una infancia lejana; un onigiri guarda el eco de una despedida; un cerdo salteado al jengibre rescata la dulzura de un amor imposible; unos fideos fríos revelan un vínculo familiar; un pollo frito revive la generosidad de un maestro; y unos macarrones gratinados ofrecen la posibilidad del perdón. En cada receta late una historia, y en cada historia, una nueva vida, porque en la taberna Kamogawa los recuerdos se cocinan a fuego lento hasta transformarse en ternura, y cada encuentro encierra la promesa de un sentimiento recuperado.
«El gozo que van a pregonar estas páginas no es el que se experimenta porque las cosas vayan bien, sino el que no cesa de brotar ‘a pesar de que’ las cosas vayan cuesta arriba (no quiero decir mal). Este es, me parece, el sentido de la bienaventuranza cristiana: no se promete en ella la felicidad a los pobres porque vayan a dejar de serlo, ni a los que tienen hambre porque ya está llegando alguien con el bocadillo. El gozo que allí se promete es aquel en el que las razones para la alegría son más fuertes que las razones para la tristeza, no el gozo que proporcionan la morfina o la siesta.
A esa alegría –os lo juro– no estoy dispuesto a renunciar. Este libro prolonga mi testimonio de fe en la vida con minúsculas y en la gran Vida con mayúscula».
Del mismo modo en que, en el viaje del satélite ruso Sputnik, la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito, en la inmensa metrópolis de Tokio tres personajes se buscan desesperadamente mientras tratan de romper el eterno viaje circular de la soledad. El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire, a quien conoció en la universidad; pero ella, quien se considera la última rebelde, tiene una única obsesión: convertirse en novelista. De pronto, en una boda, Sumire conocerá a Myû, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y juntas emprenderán un viaje por Europa tras el que nada volverá a ser igual.
Carmine, arquitecto, e Ivana, traductora, fueron amantes hace tiempo, y tuvieron una hija que murió siendo un bebé, tras lo cual su relación terminó. Décadas después, Carmine está casado con Ninetta y tienen un niño pequeño, Dodó, pero se pasa el día con Ilaria y la hija adolescente de esta, Angelica. Melancólica y deslumbrante, Familia examina con elegancia y humor la condición humana, el paso del tiempo, la felicidad y las oportunidades perdidas.
Por su parte, en Burguesía, la viuda Ilaria adquiere uno detrás de otros tres gatos siameses para que alivien su soledad, pero todos mueren o desaparecen.
En el último siglo la esperanza de vida del ser humano se ha doblado: ninguna generación anterior ha alcanzado la tercera edad en un número tan grande y en un estado tan activo, y esto, sostiene Erri De Luca, la convierte hoy en una edad experimental. Con el contrapunto de su amiga Inès de la Fressange, célebre icono de la moda, nos invita a descubrir las posibilidades que encierra esa nueva vejez —cada uno debe encontrar la suya, y De Luca menciona muchas— y todas las ventajas de haber ganado «el impulso del tiempo acumulado».