Este nuevo volumen de la biblioteca Kafka invita al lector a conocer el lado mas intimo del padre de la literatura del siglo XX a través de sus diarios, legajos y diarios de viaje, reunidos por primera vez en una edicion de bolsillo, y editados por orden cronologico. Con prologo y notas de Jordi Llovet y traducciones de Andres Sanchez Pascual y Joan Parra Contreras, como en los títulos anteriores de la biblioteca esta edición respeta fielmente los manuscritos originales del escritor checo modificados por Max Brod con diversas segregaciones, supresiones y censuras. «Creo que ha sido el mas perceptivo de los escritores del siglo XX. O sea, el hombre que vio hacia donde evolucionaría la distancia entre estado e individuo, maquina de poder e individuo, singularidad y colectividad, masa y ser ciudadano.
Espionaje e intriga en estado puro, amores y desamores desgarrados, aventura e historia de un siglo hecho pedazos,Dime quién soy es un apasionante relato protagonizado por unos personajes inolvidables cuyas vidas construyen un magnífico retrato de la historia del siglo XX.
Un periodista recibe la propuesta de investigar la vida de su bisabuela, Amelia Garayoa, una mujer de la que sólo sabe que huyó abandonando a su marido y a su hijo poco antes de que estallara la guerra civil española. Para rescatarla del olvido deberá reconstruir su historia desde los cimientos encajando, una a una, todas las piezas del inmenso y extraordinario puzle de su vida.
Marcada por cuatro hombres que la cambiarán para siempre -el empresario Santiago Carranza, el revolucionario francés Pierre Comte, el periodista estadounidense Albert James y el médico militar vinculado al nazismo Max von Schumann-, la historia de Amelia es la de una antiheroína presa de sus propias contradicciones que cometerá errores que no terminará nunca de pagar y que acabará sufriendo, en carne propia, el azote despiadado tanto del nazismo como de la dictadura soviética.
A partir de ahora, la leyenda se hace realidad. El universo creado por Frank Herbert en su aclamada serie Dune, seguida por millones de lectores en todo el mundo, se amplia para descubrirnos, por primera vez, el episodio que le dio origen.Diez mil anos antes del nacimiento de Paul Atreides, del derrocamiento de un imperio, los ultimos humanos libres se rebelaron contra el dominio de las poderosas maquinas que los habian esclavizado. En Dune, la Yihad Butleriana se revela la historia de Serena Butler, la mujer que prendio la llama de esa rebelion. Se destapa la traicion que convertiria en enemigos mortales a la Casa Atreides yla Casa Harkonnen. Se desvelan los origenes de la hermandad Bene Gesserit, de los doctores Suk, de la Orden de los Mentat y la Cofradia Espacial. Y aparece un planeta olvidado, Arrakis, donde acaba de descubrirse la melange, la especia que puede cambiar el destino de miles de planetas...
Erika Ewald es una muchacha vienesa soñadora, con alma de artista, que enseña piano y que lleva una existencia rutinaria, sin secretos ni sorpresas, a no ser por los momentos que pasa con un joven violinista con quien comparte la pasión por la música.
La historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, en el escenario de un pueblecito portuario del Caribe y a lo largo de más de sesenta años, podría parecer un melodrama de amantes contrariados que al final vencen por la gracia del tiempo y la fuerza de sus propios sentimientos, ya que García Márquez se complace en utilizar los más clásicos recursos de los folletines tradiciones. Pero este tiempo -por una vez sucesivo, y no circular-, este escenario y estos personajes son como una mezcla tropical de plantas y arcilla que la mano del maestro moldea y con las que fantasea a su placer, para al final ir a desembocar en los territorios del mito y la leyenda. Los jugos, olores y sabores del trópico alimentan una prosa alucinatoria que en esta ocasión llega al puerto oscilante del final feliz.
«Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro.
Encontró el cadáver cubierto con una manta en el catre de campaña donde había dormido siempre, cerca de un taburete con la cubeta que había servido para vaporizar el veneno.»