Cuando reciben la noticia de que ha muerto el juez Iván Ilich, sus colegas lo primero que piensan es que se ha producido una vacante y en lo que supondrá para ellos en materia de ascensos y traslados. Ya en casa del difunto, con él de cuerpo presente, la viuda está especialmente preocupada por el precio de la parcela del cementerio y por cómo conseguir del Estado un incremento de su pensión. A partir de aquí, la novela vuelve atrás para contarnos la vida de Iván Ilich, que siempre se esforzó en ser «ligera, agradable y decorosa» y dentro de un círculo social «de lo más selecto». Pero un día se da un golpe en el costado cuando señala a un tapicero cómo colocar unas cortinas y cae enfermo. Presa de un dolor insoportable que los médicos vacilan en diagnosticar y tratar, él va comprendiendo poco a poco que la muerte, al contrario de lo que creía, no es algo que únicamente les ocurre a los demás. Y en los extremos de su agonía se pregunta desesperadamente si su vida no habrá sido un error y una menti-ra, mientras un pretendiente pide la mano de su hija y toda la familia se viste de gala para ir al teatro a ver a Sarah Bernhardt. Solo un criado paciente, «alegre, radiante», no le engaña y se vuelca en aliviar su sufrimiento. La muerte de Iván Ilich (1886), para Nabókov«la obra más artística, la más perfecta y la más refinada de Tolstói», es una novela de una precisión y una sequedad impactantes, con toda la determinación de ser un revulsivo para las conciencias, y no es extraño que, pese a su brevedad, se haya convertido en una de las emblemáticas de su autor. Traducción de Joaquín Fernández-Valdés. Esta doble novela del cuerpo que se descompone y del alma que despierta es, sin duda, una de las más impresionantes de la literatura universal.
Por recomendación de su médico, el joven barón Gaston de Nueil abandona el frenesí de París y se instala en una pequeña ciudad de Normandía, Bayeux, donde no tarda en aburrirse de la calma y los chismes de la aristocracia rural. Hasta que descubre la existencia de la vizcondesa Clara de Beauséant, una mujer tan bella como misteriosa que, tras un mal matrimonio y una desafortunada aventura amorosa, vive alejada del mundo en su castillo. Gaston enseguida se siente atraído por ella, pero el rechazo constante de la vizcondesa a todos sus intentos de aproximársele determinarán a Gastón, profundamente enamorado, a iniciar un desesperado juego de seducción.
La nueva Melusina, publicada en 1817, es un cuento donde Goethe nos relata la más singular aventura de amor que imaginarse pueda, una historia fantástica que hunde sus
raíces en las viejas fábulas maravillosas de tradición oral, procedentes del medievo y recogidas en chansons y romans caballerescos, que permearán los siglos posteriores e inspirarán a autores de primer nivel.
La nueva Melusina es una versión sui generis de la leyenda de la misteriosa Melusina (una mujer mitad hada, mitad serpiente), aunque se presenta como una pieza original fruto de la fantasía del autor del Fausto, que se distancia intencionadamente en estructura, forma y, sobre todo, contenido de la Melusina original, aunque conserva el mismo aroma fabuloso y feérico de aquélla, junto con la ácida crítica al deseo desenfrenado de riqueza y ociosa pasividad de los nuevos ricos.
Después de más de veinte años en China («Tengo tan pocas raíces que me arrastra la corriente»), Arthur Clennam vuelve a Londres convencido de haber desperdiciado su juventud y de que ya ha pasado para él el momento del amor. Su madre, una anciana inválida y siniestra, le recibe gélidamente en la habitación de la que lleva doce años sin salir, y en la que, al fondo, en la penumbra, cose una desventurada muchacha. Arthur se interesa en seguida por ella, sospechando que puede guardar la clave de un vergonzoso secreto familiar que su madre le oculta, y descubre que se trata de Amy Dorrit, nacida en la cárcel de deudores de Marshalsea, donde su padre, uno de los más antiguos presos, es toda una institución Hay grandes mudanzas en esta novela de la decepción a la esperanza, de la pobreza a la riqueza pero un clima de restricción y falta de libertad se extiende por toda ella y unifica sus múltiples temas. La pequeña Dorrit (1855-1857), que presentamos íntegra en una nueva traducción de Ismael Attrache y Carmen Francí, es sin duda uno de los mejores Dickens, compendio monumental de su destreza narrativa, de su ingenio cómico y de su talento para crear ambientes y personajes. Pero quizá nunca Dickens había sido tan incisivo o «subversivo», como dijo G. B. Shaw de esta «obra maestra entre las obras maestras» en su sátira de la sociedad victoriana, a la que golpea implacablemente por su presunción y mezquindad, por su educación «en el miedo y el escalofrío», por su infame sistema de clases y por la escandalosa incompetencia de sus instituciones.
Es una opinión casi unánime entre la crítica que "La Quimera" inicia o, al menos, consolida un cambio de rumbo en la manera de novelar de Emilia Pardo Bazán, caracterizado por los análisis psicológicos minuciosos, el interés por el esteticismo, las tendencias espiritualistas, la apertura al mundo del misterio y la irracionalidad, la defensa del Ideal contra la Razón o el estilo poético e impresionista, entre otros aspectos de notable interés. Inspirada en personajes y sucesos del Madrid reciente, "La Quimera" parte de un fondo autofictivo para construir una sátira social y en palabras de su propia autora "estudiar un aspecto del alma contemporánea" por medio del arte literario.
Una experiencia personal del propio Tolstói fue la inspiración para La tormenta de nieve, que vio la luz en 1856 en la revista El contemporáneo. Una ventisca sorprende a un viajero y su cochero en la estepa rusa y les aparta de su camino. Cuando el cochero decide volverse, el viajero se une a una caravana en la que conocerá a una serie de variopintos personajes. Una obra temprana del gran autor ruso que, en su brevedad, aborda temas como la superación de obstáculos, la vanidad o la búsqueda de reconocimiento.