Alicia en el país de las maravillas traspasa el umbral que separa la realidad del sueño y se adentra en un territorio sin leyes ni normas donde todo es posible. Triunfo de la imaginación y del ingenio, esta narración recrea un mundo de escenarios y criaturas insólitos, y pone en entredicho todos y cada uno de los postulados lógicos del mundo convencional.
Este volumen presenta, junto a la traducción magistral de Luis Maristany y las láminas clásicas de John Tenniel, una nueva edición de Las aventuras subterráneas de Alicia, la obra seminal que el reverendo Dodgson -Lewis Carroll era su seudónimo- escribió e ilustró a mano para Alice Liddell en 1864. Cierra el tomo Alicia para los pequeños, la adaptación infantil que el propio autor hizo de su propia obra en 1890.
Respondiendo al espíritu enciclopédico y totalizante que caracteriza toda la escritura del marqués de Sade, en sintonía con el siglo al que pertenece, Aline y Valcour no solo pretende ser la novela filosófica, sino que se construye como una auténtica macronovela o compendio narrativo que abarca los principales géneros narrativos y registros de escritura del siglo XVIII: todo ello utilizando como soporte el género epistolar.
En 1868 aceptó el cargo de editora en una revista femenina en la que se encargaba de escribir breves historias, poemas y consejos. Poco después, a petición de sus editores abandonó sus propios proyectos literarios para escribir una historia para «chicas», Mujercitas. En 1869 se publicó la segunda parte: Aquellas mujercitas donde los protagonistas tienen ya una vida adulta. A partir de este momento se iban a solucionar todos los problemas económicos de la familia Alcott, puesto que la novela alcanzó de inmediato un gran éxito.
La lucha interior de un delator acaba convirtiéndose en una patología que afecta a su salud mental y física.
"El corazón humano, en las páginas de Conrad, es el corazón humano de un inmenso número de personas, de todas las edades y latitudes."
Ford Madox Ford
El estudiante ruso Razumov se ve envuelto en un atentado cometido por un compañero revolucionario al que acaba delatando a la policía. Empleando similar dureza contra la perversidad de las autoridades zaristas y la crueldad de los revolucionarios, Conrad reconstruye el drama psicológico del delator, que se agudiza aún más cuando este es enviado a Ginebra para infiltrarse en la organización a la que pertenecía el activista traicionado. Su lucha interior para convivir con el remordimiento acaba convirtiéndose en una patología que afecta a su salud mental y física.
Joseph Conrad (1857-1924) vivió en el mar su juventud. De ascendencia polaca, se dedicó íntegramente a la literatura poco antes de cumplir cuarenta años. Jamás un autor de origen extranjero, si exceptuamos a Nabokov, ha enriquecido tanto la lengua inglesa como Conrad, que legó a la posteridad decenas de novelas y narraciones magistrales.
Entre todos los héroes salvajes y brutales inventados por el creador de Conan, Robert E. Howard, el rey picto Bran Mak Morn guarda un origen más próximo a la historia. Se debe a la ascendencia escocesa-irlandesa de este autor, discípulo y amigo de Lovecraft, y principal impulsor del género de «espada y brujería». Considerado junto a Tolkien uno de los escritores más influyentes de la fantasía heroica moderna, Howard narra en estas aventuras la encarnizada lucha que, capitaneados por su último rey, sostuvieron los pictos britanos a finales del siglo III de la era cristiana contra las legiones de Roma. Cuenta la épica de una raza que avanza inexorablemente hacia su extinción, mientras intenta detener el rastro de muerte que dejan a su paso las águilas romanas.
Mientras Dickens estuvo en Italia, viajando, conociendo y escribiendo, se fueron gestando las famosas narraciones de Navidad. Dickens disfrutaba de la Navidad, de aquellas tres acciones que Chesterton denomina esa trinidad compuesta de comer, beber y rezar . Estas obras desarrollan reflexiones alrededor de la avaricia y de la caridad dentro de las paredes que sirven de refugio al frio invierno. Seguramente los lectores hayan tenido la oportunidad de ver las versiones televisadas de Los cuentos de Navidad. El avaro Scrooge, transforma nuestros espíritus y nos hace sentir la Navidad.