La catedral del mar.
Barcelona. Siglo XIV. El joven Arnau trabaja como palafrenero, estibador, soldado y cambista. Una vida extenuante, siempre al amparo de la catedral de la mar, que le iba a llevar de la miseria del fugitivo a la nobleza y la riqueza. Pero con esta posición privilegiada también le llega la envidia de sus pares, que urden una sórdida conjura que pone su vida en manos de la Inquisición...
Los herederos de la tierra.
En la Barcelona de finales del siglo XIV, el anciano Arnau Estanyol se convierte en el protector de Hugo Llor, un muchacho huérfano cuya vida quedará ligada para siempre tanto a los Estanyol como a sus poderosos y crueles enemigos.
En el amor y en la guerra.
1442. Arnau Estanyol, nieto del protagonista de La catedral del mar, sirve con fervor al rey de Aragón en la conquista de Nápoles cuando los enemigos eternos de la familia aprovechan su ausencia para irrumpir en su palacio y atacar a su hijastra, la joven Marina, con consecuencias devastadoras para todos.
Quim acaba de llegar al internado de La Liande, uno más en la larga lista de centros que acumula a sus espaldas. Esta es su última oportunidad, un nuevo comienzo. Sin embargo, durante la primera noche un grupo de chicos le incita a colarse en el bosque que rodea el recinto. Todo parece una broma sin importancia hasta que Quim no regresa.
La mañana siguiente amanece como cualquier otra, pero Jonás, Matías y los demás saben que algo no va bien y que no fueron sinceros con él... Quizá deberían haberle contado que el bosque es un lugar prohibido; quizá lo habrían hecho de haber sabido que tras sus ramas habitan peligros inimaginables. Ahora solo les queda adentrarse en él para sacarlo de ahí antes de que sea demasiado tarde.
When two young boys venture into the woods, and only one returns alive, Mears begins to realize that something sinister is at work. In fact, his hometown is under siege from forces of darkness far beyond his imagination. And only he, with a small group of allies, can hope to contain the evil that is growing within the borders of this small New England town.
With this, his second novel, Stephen King established himself as an indisputable master of American horror, able to transform the old conceits of the genre into something fresh and all the more frightening for taking place in a familiar, idyllic locale.
Pocas obras han desatado tanta controversia y fascinación como Salomé, el escandaloso drama con el que Oscar Wilde incendió los escenarios europeos y desafió los valores estéticos y morales de su tiempo. Con una escritura fulgurante, marcada por la sensualidad y una violencia contenida, esta tragedia breve se despliega como un ritual poético y perverso que roza lo sagrado y lo sacrílego al mismo tiempo. La historia, inspirada en los Evangelios pero desbordada por el genio provocador de Wilde, gira en torno al deseo prohibido, la obsesión y el poder de la mirada. Salomé, joven y enigmática, convierte su danza en un arma de seducción y condena, mientras que la belleza y el horror se abrazan en un clímax implacable que aún hoy continúa estremeciendo. Una reflexión aguda sobre la corrupción del deseo, la arbitrariedad del castigo y el arte como forma de transgresión absoluta. En sus páginas late la esencia misma del decadentismo y el espíritu estético de fin de siglo. Más de un siglo después, su lectura sigue siendo tan inquietante como imprescindible.
Marcel Proust escribe con una diferencia de cinco años, de tres si nos atenemos a la fecha del último "salón" publicado (1905) y el primer "pastiche" (1908), estos dos conjuntos de textos presididos por una idea absolutamente distinta. Si los Salones pertenecen al mundo en que se ha movido la primera juventud del autor y en el que ha nacido su primer libro, Los placeres y los días (1896), en El caso Lemoine se trata de una gimnasia del oficio de la escritura, de un ejercicio de análisis de estilos ajenos a traves de un caso de crónica de sucesos: la estafa de un tal Lemoine a la más alta compañía de diamantes del mundo. En los Salones encontramos un Proust alabancero, que reseña, bajo pseudónimo y en Le Figaro, actos sociales de ese mundo aristocrático con el que más tarde saldaría cuentas críticas en distintos volúmenes de A la busca del tiempo perdido, su obra capital (en 'La parte de Guermantes' y 'Sodoma y Gomorra' sobre todo, y tan acerbas como en el viscontiniano "Baile de las Cabezas" de 'El tiempo recobrado').
Saltar la hoguera se inserta ya de forma plena en la senda del intimismo despojado y la contención expresiva que La víspera nos permitía intuir. Consciente más que nunca de que un poema no es lo mismo que la realidad, pero también de que, a cambio de esa certeza, la lectura nos devuelve todo aquello que merece la pena preservarse.